MERCHAN AGUILAR JORGE

MARTIR DE LA MEDICINA.- Nadó en Cuenca el 16 de Mayo de 1931 y fueron sus padres Virgilio Merchán Cobos, eficiente colaborador en la Dirección

El trabajo sanitario de medicina preventiva y curativa lo realizaban en coordinación con los maestros de las respectivas escuelas y de los párrocos. Habían sido invitados por el Prof. Humberto Ochoa Morales quien les iba a presentar al Párroco Miguel Guanela, viejo sacerdote en la zona, pero desde el comienzo todos fueron tropiezos. El jeep no pudo llegar directamente al poblado por el mal estado del camino. El chofer Barrera se quedó cuidando, los demás avanzaron a pie y encontraron al profesor Ochoa con quien llegaron a la plaza central del vülonario, cuando he aquí que empezaron a escucharse toques de quipas, bocinas, silbidos, rechiflas y gritos que indicaban, al parecer, la convocatoria a alguna reunión especial; pero cuando los gritos se fueron acercando, prefirieron entrar a la casa parroquial y de allí pasar al interior de la iglesia y a la sacristía.

Entonces los campesinos hicieron su ingreso a la plaza y empezó la búsqueda de los protestantes y comunistas, pues así llamaban a los miembros de la brigada médica y, como no les encontraron a descubierto, penetraron a la iglesia, a la sacristía y los sacaron a empellones a la plaza, donde comenzó el linchamiento. “Merchán pretendía llegar a la carretera y Vinueza corría por el otro sendero, seguramente con el propósito de dividir a la multitud exaltada, sin poder hacerlo, ya que sobre ellos se lanzaron los indios ávidos de sangre, a aprehenderlos con inusitada furia. Al Dr. Merchán lo arrojaron a un profundo abismo creyéndolo ya muerto; sin embargo, se arrastró en las enmarañadas breñas todavía con la esperanza de escapar de la muerte, hasta que la embriagada turba capitaneada por Martín Gómez, que duramente increpaba al resto de salvajes diciendo: Qué esperan para matar de una vez a este comunista..? Dando el ejemplo, Gómez le asestó un cruel garrotazo que derribó al Dr. Merchán, quien había logrado ponerse de pie. El mismo Gómez le impacto en la cabeza con una pesada piedra. Víctor Pérez continuó en su diabólica cometida y le asestó con un palo, en cuyo extremo había adaptado una maza erizada de púas. En esa sanguinaria labor colaboraron también David Guapisaca, Valentín Yanza, Georgeano Quito y sus hijos”. “Ensangrentado, enlodado y desfigurado su rostro, lo incineraron pero como el combustible estaba húmedo porque el día anterior había llovido, el fuego no consumió totalmente el cuerpo de esta víctima inmolada en su holocausto”.

Vinueza había logrado dominar a sus atacantes e intentó ponerse a salvo huyendo velozmente porque era un buen deportista, pero otro grupo de maleantes le salió al encuentro y lo obligó a patadas y garrotazos a retroceder, donde le asesinaron. La señorita Bodero se lanzó desde el segundo piso de la casa parroquial y se fracturó las muñecas, fue azotada con gestos obscenos y dejada como muerta en la plaza, mientras se producían los linchamientos ya relatados. Reaccionó a los pocos minutos y pudo fugar, salvándose milagrosamente de la muerte por la ayuda de dos señores de apellido Cordero, quienes la guiaron por difíciles caminos hasta dejarla a buen recaudo. Una vez curada, quedó con tales paroxismos de terror, que no quería salir a la calle en mucho tiempo. Al Prof. Ochoa le hirieron de gravedad pero en la confusión escapó hasta la choza de un indígena, de donde lo sacaron y tiraron a un barranco de doce metros de profundidad. El chofer Barrera fue ayudado por varios miembros de la familia Campoverde que lograron dominar a los indígenas y convencerlos que retiraran los obstáculos del carretero para impedir la salida del vehículo, con la mentira de que regresarían enseguida con el Arzobispo, quien testificaría que no se trataba de comunistas.

Por coincidencia ese día llegaron a San Cristóbal varios miembros del Centro de Reconversión del Austro, que empezaron a buscar los cadáveres, encontrando al Profesor como muerto, todo cubierto de calcha y recostado sobre un montón de piedras, ya listecito para ser quemado, salvándole en forma casi milagrosa.

Pocas horas después se hicieron presentes los policías y varios miembros de la Misión Andina quienes hallaron desolada la población pues no había gente en sus casas, pero en las alturas cercanas se veía gran cantidad de indígenas que continuaban embriagados y lanzaron broncos gritos amenazadores, pifias y silbidos.

El hallazgo de los cadáveres fue algo macabro. El Dr. Merchán fue encontrado en Llacashun y no muy lejos Vinueza tendido en un reguero de sangre, con la cabeza deformada y múltiples traumatismos en todo el cuerpo. La enfermera y el profesor fueron alojados en la Clínica del Seguro Social tras ser recogidos en las inmediaciones de Tahual y El Descanso.

Después se supo que la vil y salvaje acción había sido preparada con una semana de anticipación al calor de la chicha y el trago. Las fuerzas vivas de Cuenca se pronunciaron enseguida. El Dr. Merchán pasó a engrosar el número de mártires de la medicina ecuatoriana, médicos que han encontrado la muerte en defensa o ejercicio de su profesión.

La tragedia amenazó convertirse en polémica político-religiosa, se hablaba del horrible festín canibalesco de San Cristóbal y como no se trataba de un caso aislado, ameritó una investigación a fondo. Eran los días en que la CÍA. había iniciado en el país una campaña para obligar al gobierno a romper relaciones con Cuba y demás países de la órbita soviética (1) y seguíase gritando consignas anticomunistas en calles y plazas del país, exacerbando a las masas humildes y analfabetas que creían que comunistas, protestantes y diablos era todo uno. El Párroco fue sacado del lugar, era un sacerdote de la antigua escuela decimonónica del austro ecuatoriano, posiblemente inocente de los insucesos registrados en su parroquia. Un año antes el Arzobispo de Cuenca había hecho circular una Oración compuesta a Santa Ana donde decía “Aleja de nosotros los errores todos, y especialmente el comunismo y el protestanismo. Mantén siempre dulce y apacible nuestro cielo, cristianos nuestros hogares, noble a nuestra juventud, inocentes a los niños, modestas a las mujeres y austero a nuestro pueblo…”

En 1965 tres años más tarde, los indígenas embriagados destruyeron el rótulo de la escuela “Jorge Merchán Aguilar” del caserío Caguana-Pamba porque seguían creyéndole comunista, sin saber que fue un médico modesto que trabajaba alejado de toda consigna partidista.

En 1967 el Consejo Provincial del Azuay solicitó su nombre para una calle de Cuenca. Poco después la Misión Andina le erigió un monumento en el Centro de Formación de Líderes en Guaslín, Provincia del Chimborazo, para dar testimonio de su sacrificio en el cumplimiento del deber. Hoy, su nombre, es recordado por las nuevas generaciones como víctima de un holocausto inútil, criminal.