MARTÍNEZ QUEIROLO JOSÉ

DRAMATURGO.- Nació en Guayaquil el 22 de Marzo de 1931 y fue el tercero de una familia compuesta de seis hermanos que crecieron en la vieja casa familiar de Diez de Agosto entre García Avilés y Rumichaca, propiedad de la abuela paterna Manuela Salazar Pérez de Martínez, oriunda de la isla Puná.

Fueron sus padres legítimos el Lic. Miguel Martínez Salazar, egresado de Medicina que siempre estaba ausente porque ejercía su profesión en los pueblos del litoral. El 14 sirvió en la campaña de Esmeralda, el 41 le tocó la invasión peruana en Balao, se refugió en Guayaquil, después trabajó en Boliche y en otras localidades hasta su muerte ocurrida en los años 60 y Blanca Queirolo Atella, guayaquileños.

Recibió las primeras letras de las Señoritas Salcedo en la calle Colón, la primaria en el Liceo América del Profesor Carlos Estarellas Avilés y como el 38 su madre pasó a trabajar en los recién inaugurados Almacenes Queirolo de Quito, alquilaron una casita en la Junín No. 70 del barrio de la Tola y asistió en la escuela San Juan Bosco de los salesianos. “Me impresionó la ciudad y desde entonces prometí volver cuantas veces pudiera” pues al poco tiempo regresamos mis hermanos y yo a vivir con mi abuela, en su casa de madera, rentera, alquilada a lavanderas, costureras, etc. Gente pobre que a veces no tenían para pagar la mensualidad.

“Era un niño sensible, de temperamento tranquilo. Me decían Pipo que significa Pepito en italiano, por mi abuelo Giusepe (Pepe) Queirolo. Mis tíos me corregían con severidad supliendo la falta de mi padre y hasta me encargaron los cobros de la planta baja, donde escuché las más peregrinas historias para no pagar. Yo les creía y muchas veces lloraba con ellos, a sabiendas que tenía que cobrarles porque de lo contrario mi abuela tampoco tendría para mantener a sus nietos. Era una pobreza encadenada.

Ella nos hacia leer en los almuerzo el capítulo del día tomado del libro El Año Cristiano y como rezaba el rosario por las noches, pasaba por perfecta católica. Yo le hacia de sacristán y cuando me equivocaba con el sahumerio y ahogaba a los presentes con más incienso del acostumbrado, me daba cocachos. Mi tristeza era permanente pues no me dejaban bajar a jugar con los demás niños del vecindario porque según decía, eran muchachos de la calle”.

“Para la estación invernal nos trasladábamos a la hacienda Santa Ana cercana a Vinces de mi tío abuelo Bolívar Salazar Pérez. Sus peones cuando venían a Guayaquil tenían la costumbre de alojarse en nuestra casa trayendo de regalo canastas con frutas de la estación”.

“Estudiaba en el Instituto Nacional del Profesor José Mendoza Cucalón ubicado frente a la casa de los Lascano y por eso presencié el enamoramiento de mi tío Marco con Maruja Lascano”.

Cuando tenia nueve años llegó un circo al vecindario, quedó cautivado y le resultó fascinante el poderse comunicar con algo tan divertido. “Me apasionó tanto que hasta inauguré mi propio circo y a mis primos y hermanos los puse a trabajar de payasitos o domadores de leones con los pobres gatos del barrio.” Era un niño solitario con grandes deseos de hacer amigos y al encontrar en el tablado una forma de vida, abandonó de a poco su natural timidez.

Por entonces lo llevaron al cine, vio “Lo que el viento se llevó” y el hechizo fue instantáneo, un amor paralelo al del circo. Armó salas de cine debajo de la cama usando un foco y un reflector para proyectar las cintas viejas que compraba en el mercado central, o intentaba inventar un aparato con dotes de vitrola. “Me hice fanático y hasta quise escribir guiones para películas”.

La teatralidad la llevaba en su sangre por cortesía de su madre, “Ella era muy teatrera hasta cuando estaba brava pues se miraba en el espejo para ver la cara que ponía y tenía un carisma que hacía que fuera popular donde quiera que iba”.

De diez años inauguró una hojita manuscrita con dibujos y caricaturas, reproduciendo y comentando todo lo que oía de sus mayores y hasta los chismes familiares y del barrio. El periódico era reclamado por los parientes de Guayaquil y Quito y “mis familiares me tomaron miedo porque no había cosa que yo no supiera y que no sacara.” De esta forma empezó a desarrollar su inventiva y pronto se dio cuenta que lo mismo podía dibujar que tomar fotos, escribir historias o parir versos.

Su hermana mayor era recitadora y por su expresión lírica y dotes para la Concurso de Poesía sobre el Libertador y me dieron una linda Colección de Libros, en cambio mis compañeros se burlaron descaradamente de mí. Mis profesores fueron Jorge Pérez Concha, Jorge Zavala Baquerizo, Enma Esperanza Ortiz, etc. Durante las vacaciones, mi tío Octavio Arbaiza Márquez de la Plata me empleó de inventariador de la Empresa Eléctrica. Entre el 48 y el 50 aprendí piano en el Conservatorio Nacional de Música con Blanca Muirriagui pero salí cuando mi familia tuvo que vender el instrumento en un apuro económico y quedé sin tener donde practicar”.

“Graduado de Bachiller en 1950 fui de los primeros que rindieron examen de ingreso en la Ciudadela Universitaria. Quise ser Arquitecto pero no aprobé, entonces usaba barba y seguí tres años de periodismo, tuve de compañeras a Dora Durango, a Jacinta Coello y de profesores a Humberto Salvador, a Justino Cornejo, a Abel Romeo Castillo, volví a la Empresa Eléctrica como mensajero aunque pronto fui ascendido a Dibujante – Calculista con S/. 1.500 mensuales de sueldo”.

Se desesperaba por conversar con la gente pero su timidez se lo impedía, pronto descubriría que la única forma de comunicarse con los demás era escribiendo pues ahí no sentía vergüenza y que su mejor premio era la cercanía del público.

La trágica muerte de su hermana Azucena quien también era escritora

  • – se echó por la ventana de una clínica porque la habían llenado de remedios, estaba hinchada y no pudo soportarlo
  • – le puso en contacto con la dureza de la muerte.

“El 53 entré a la Facultad de Ingeniería. En los bajos funcionaba la Facultad de Filosofía y Letras, conversaba con sus alumnos, les enseñaba mis relatos y no se reían. Hizo teatro con Gerard y Raymond Raad Dibo, Ana Julia Rugel, Ramón Arias, etc. La FEUE de Guayaquil editó una colección de “Diez cuentos universitarios”, selección de Walter Bellolio con cuentos de Pepe Solís, Alsino Ramírez Estrada, Eugenia Viten, Pedro Sorroza Encalada y dos míos que fueron “Cita en el alba” y “5 A. M.” El prologo corrió a cargo de Sergio Román Armendáriz”. El 54 su cuento “El Muerto” obtuvo el Primer Premio en el Festival Universitario de las Letras de la Asociación Escuela de Derecho, U. de Guayaquil. Se incorporó en los grupos literarios “Horizonte” y “Orbita” donde encontró a otros destacados relatistas (Alsino Ramírez, Walter Bellolio, Hugo

Salazar y David Ledesma) El 55 cumplió el servicio militar en la escuela de artillería Mariscal Sucre de Quito. Allí escribió dos obras de teatro: Los que volvieron y La vida en el cuartel. Ese año partició con “Goteras” en una concurso de obras de teatro realizado en Quito y a pesar que obtuvo el voto favorable del Dr. Ricardo Descalzi del Castillo, los dos miembros restantes declararon desierto el Certámen, aduciendo que “Goteras” era copia de una obra extranjera, lo que jamás pudieron probar.

El 56 se gradúa de Subteniente de Reserva en Artillería e Ingeniería Militar. En el cuartel representó dos obras de teatro “Prisioneros de Guerra” y “Los que volvieron”, sketch cómico; ascendió a Avaluador del Plan Regulador Municipal y logró el Laurel de Oro y Brillantes en los Juegos Florales del programa radial “Vida Porteña”. En Junio del 58, con sus cuentos “El Agujero” e “Historia del niño que quería ser negro” ganó los dos primeros Premios en el Concurso de relatos Jacinto de Evia convocado por la revista “La Calle” de Quito que dirigía Alejandro Carrión Aguirre, quien escribió una crítica muy laudatoria, siendo el espaldarazo nacional que necesitaba. El Jurado estuvo ^ compuesto por Camón, Humberto

Vacas Gómez y Pedro Jorge Vera.

La revista Vistazo publicó su relato “La lluvia muere en silencio” y en Agosto participó como actor en la inauguración de la Escuela Experimental de teatro “Agora” que estrenó en el cine de la Casa de la Cultura tres obras de la dramaturgia internacional y tomó a cargo el Boletín Informativo de la Escuela titulado “Máscara” Fue una época de oro para el teatro universitario de Guayaquil merced al influjo de dos grandes maestros Manuel J. Real y Ezequiel González Mas.

El 59 egresó de Ingeniería sabiendo que su vocación eran las Bellas Letras. La Universidad de Guayaquil editó un volúmen “La lluvia muere en silencio” en 123 pags. dibujos propios y prólogo del Prof. Ezequiel González Mas, con trece de sus cuentos (La lluvia muere en silencio, Cita en el alba, El Monstruo, Se alquila la radio, Se Alquila, Negro, La Bestia, Rabia, El Agujero, Historia del niño que quería ser negro, Los Pérez, Los Ciegos) el título fue tomado del primero de ellos. González mas relievó la canción ternísima de su alma púdica y veraz, la vena nostálgica de sus sentimientos en el cuento “Se Alquila” donde la casa deshabitada,

Faltas justificadas”. Y en el Quinto Festival, Universitario de las Letras el Segundo Premio con el Cuento “Antes de la Luna.

El 60 escribí el monólogo “Réquiem por la lluvia”, inspirado en mis antiguos inquilinos y por simpatía hacía los pobres pues necesitaba emocionar con algo propio. Gustó muchísimo, la estrené en la Universidad de Guayaquil, después fue presentada en Quito en una elección de reina. El protagonista Roldán el hablador irrumpe en el escenario para contar que acaba de matar a su mujer la lavandera, pero no solamente él es culpable sino también la sociedad. Al principio el público no sabia qué pensar, pero luego se iba adentrando en el discurso y terminaba aplaudiendo”.

El 62 falleció su madre, la CCE editó “Teatro Ecuatoriano” con 3 piezas en un acto en 143 págs. El tomo contiene “La casa del qué dirán” de Martínez Queirolo. “Las Ranas y el Mar” de Carlos Benavides Vega a) Alvaro San Félix y “El Mar trajo una flor” de Eugenia Viten.

Entre el 62 y el 64 trabajó para Canal Cuatro redactando comerciales y con Ralph del Campo escribía los libretos para el Noticiero, todo por S/. 1.800 mensuales. Entonces no había videos, solo eslides y con Antonio Santos, Alisva Rodríguez y Rosario Ochoa hizo las telenovelas “La Mujer y el pecado” sobre una obra de José Guerra Castillo para radio, que tuvo que adaptar a la televisión. “Mas allá del rencor” y dos más cuyos títulos no recuerda, con el pseudónimo de Juan Van Goth.

“Cuando escribí Goteras, mi primera obra que en principio solo fue un cuento, pude comprender que el teatro era la solución para trasmitir el mensaje social que siempre había llevado dentro. Luego vino Réquiem por la lluvia, una de las más difundidas, hicieron un acto en la Facultad de Filosofía y como a mí nadie me paraba bola, me fui a la casa, cogí una botella y regresé a la Facultad para entrar precisamente como el personaje del monólogo. Casi me sacan porque creyeron que en realidad era un borracho el que había entrado, pero enseguida se dieron cuenta, me aplaudieron y fue la primera ocasión en que salí retratado en los periódicos como actor pero también como autor.”

A fines del 62 ganó el Primer Premio del Festival Nacional de Teatro con “La Casa del Qué dirán”.

Nacional celebrado en el Sucre de Quito presentó entre otras obras nacionales “La Casa del qué dirán” dirigida por el francés Jacques Thieriot quien también dirigió en Abril “El Baratillo de la Sinceridad” en la Alianza Francesa de Guayaquil, ambas de pipo.

En esa década de los años sesenta por su negativa a visitar los Estados Unidos le creyeron comunista y durante un viaje a Quito fue llevado al local de la Embajada donde un funcionario ecuatoriano le hizo retratar, posiblemente para tenerlo fichado por peligroso, exageraciones que se dieron durante la Junta Militar de Gobierno (1963-66) Años después, cuando arribó a nuestro país el poeta ruso Eugene Eztuchenko, fue invitado formalmente a visitar la Unión Soviética y ante el asombro de los presentes se negó a ir, también por sus ridículos temores, causando sorpresa tal actitud. I por su cortedad se quedó sin viajar a ambas partes y es que era tan sensible, casi un timorato, que nunca solía tomar grandes decisiones.

Triunfaba como relatista, compraba cámaras Kodak por su afición al Cine especializándose en argumentos domésticos, pero como debía revelar los negativos en los Estados Unidos, pronto se desanimó porque era muy caro.

El 64 ganó en el Concurso patrocinado por la revista “Cuadernos” de París con el cuento “Historia de la gran guerra”, farsa sobre la primera Reforma Agraria, llena de humor negro y tintas cargadas de ridículos pasajes, que en su versión teatral es “Cuestión de Vida o Muerte” y que recién se pudo llevar a las tablas en el Teatro del Núcleo el 28 de Enero del 76, con el Grupo “Los Guayacanes” entonces dirigido por Isabel Saad de Tacle.

Luego formó el Grupo “Agora” con los hermanos Raad, Ramón Arias, Ana Julia Rugel, Miguel Angel Albornóz, etc. “Hacíamos entremeses y teatro clásico – Cervantes, Lope de Vega, en el aula de la Facultad de Filosofía.

En Febrero del 65, con motivo del IV Centenario de Shakespeare, estrenó con el grupo “Agora” dirigido por Ramón Arias y formado por alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras sus obras “Goteras” de índole surrealista pues aprovecha del sonido de la lluvia para contar una historia trágica y sin final aparente, “Los Habladores” adaptación del entremés del mismo nombre de Miguel de Cervantes y“Montesco y su señora” donde recreó esperpénticamente el matrimonio de sus padres, quienes vivían discutiendo y peleando. El argumento es simple, Romeo y Julieta no mueren pero viven para ver la muerte de un amor que auguran eterno.

El Grupo norteamericano de teatro Pichincha Playhouse escenificó dos obras suyas traducidas al inglés. El mismo 65 Fabio Paccioni difundió varias de sus obras en los escenarios nacionales. El 66 fue designado Secretario del Patronato Municipal de Bellas Artes y en Octubre se presentaron obras suyas en diferentes teatros de la ciudad bajo la dirección de Felipe Navarro. El 67 entró a trabajar como Guionista en el Canal Dos de TV. El 68 actuó en “El Arbol de Tamarindo” de Eduardo Solá.

Ese año asistió al Curso de Teatro que dictaban en la Casa de la Cultura Paco Villar y Luis Martínez Moreno, entrenándose en el papel de galán joven de la obra “El Oso” de Chejov que nunca se llegó a representar y cuando Villar se retiró le reemplazó varios meses madame Valverde – André Champmoynet de Valverde.

Entre el 65 y el 66 formó parte del grupo “La Ventana Iluminada” con Andre Valverde de Abad y aunque leyeron obras de Eugene O’ Neil y otras del teatro francés y ensayaban casi todas las noches en casa de madame Valverde, ubicada en la Avenida. Olmedo y Eloy Alfaro, no pudieron presentarse. Entre el 66 y el 73, por su amistad con Isabel Alvarez de Domenech a) Isabel Martínez, formó el grupo “Los Guayacanes” con Ottón Chávez Pazmiño, Jenny Estrada Ruiz, Carlos Eduardo Jaramillo, Rosa Amelia Alvarado Roca, Jorge Reyes, Mercedes Tous de Reyes, Roberto Serrano Rolando, Jackeline Castel de Serrano, etc. Había un gran ambiente y pusieron en las tablas algunas de sus obras. Después del 73 formó un grupo “Dos Carátulas” con Marina Salavarezza que presentó “La Torre de Marfil”.

El 67 volvió a trabajar en Televisión para el Canal 2 de Ecuavisa que realizaba el programa “Nuestro Ecuador” con el Director cubano Serafín Montero filmando documentales de pueblos y costumbres. También escribió “La Conquista no ha terminado todavía” obra para teatro y en el “Odeón” de Bogotá estrenó el 5 de Mayo del 66 “Las Faltas Justificadas” con el taller de Hernando Kosher, obra que también se representó en Guayaquil el 30 de Junio, en el teatro del Núcleodel Guayas, con el grupo de Felipe Navarro.

Ese año 67 realizó una gira con Ernesto Álbán, a quien había conocido y admirado en el teatro Parisiana en sus famosas estampas quiteñas y viajaron con su Compañía por todo el país. Quito, Ámbato, el Puyo, Cuenca y muchos pueblecitos de la costa y sierra vieron entonces las obras cómicas “El Padre Pitillo” y “Mi suegra es una fiera”. Sus hermanos adquirieron una casa en Bolivia No 1018 que habitó y en los altos mantuvo una pequeña Sala de Teatro.

El 20 de Junio de 1968 presentó en el teatro Agora de la Ciudadela Universitaria “En alta mar”, adaptación de la obra del mismo titulo de Slawomir Mrosek, que volvió a representarse el 10 de Octubre durante el Primer Festival Latinoamericano de Teatro Universitario realizado en Manizales, Colombia y el grupo “Los Guayacanes” dirigido por Otton Chávez Pazmiño a) Miguel Sarracín, representó en el teatro del Núcleo del Guayas el 22 de Junio del 69, “Que en Paz Descanse” (Q.E.P.D.) con motivo del IV Festival Nacional de Teatro organizado por el Patronato Municipal de Bellas Ártes de Guayaquil.

El 69 compartió con Carlos Béjar Portilla y Jorge Torres Castillo el Primer Premio del Concurso de Cuento convocado por el Patronato Municipal de Bellas Ártes y le fue conferida la Medalla al Mérito Literario de la Municipalidad por su incansable labor como autor, actor y director desde los años cincuenta, cada quien por diferentes caminos.

Se dijo que había sido el mayor dramaturgo nacional con Francisco Tobar y García, cuyo estilo barroco por lo construido e intelectualizado, agitado y profundo, se asemeja sin embargo al de Martínez Queirolo, tan directo y por lo mismo sencillo, en la búsqueda de la verdad y la justicia a la que ambos llegan. El 75 apareció su Volúmen II de Teatro en la Universidad de Guayaquil con “Los unos versus los otros”, “Los que se quedan” obra autobiográfica sobre sus frustrados viajes al exterior, que recién se representó bajo la dirección de Javier Ponce en el teatro de la Escuela Politécnica del Litoral, “Los Vampiros” sobre los empresarios capitalistas, “La Torre de Marfil”, “La Esgrima”, “La Herencia”, “El Socio Capitalista” y “Dilo con amor”. Una segunda edición de ambos tomos apareció el 2003.

Obtuvo el Premio Único en el Concurso de Relatos organizado por el Patronato Municipal de Bellas Ártes de Guayaquil y dirigió el Centro Cultural Álbert Camus en la escenificación de la adaptación de “El Enfermo Imaginario” de Moliere. El 71 sus obras aparecen en el primer volumen de “Teatro selecto contemporáneo hispanoamericano” de la Editorial Escelicer de Madrid. El 73 comenzó a enviar colaboraciones a “Espreso”.

El 76 aparecieron sus “Cuentos y Relatos” en 187 págs. dentro del tomo 12 de la Colección Letras del Ecuador, nuevo volumen con los cuentos la Lluvia muere en silencio, Día de fiesta, Ántes de una, Historia de la Gran Guerra, La píldora, Miss Yagual, No está en el Diario, Los que se quedan, Mi vecino, La Dama meona, pieza que obtuvo el Premio Nacional de Teatro ese año, La última sotana y Luche.

Entre el 77 y el 92 laboró en la Escuela Superior Politécnica del Litoral hasta obtener su jubilación. Entró como Director de la Imprenta y luego hizo de todo, desde director del Boletín informativo y de la Revísta Tecnológica, hasta de corrector de pruebas.

Por esos años dirigió al Grupo de Teatro del Colegio Guayaquil. El 83 recibió un público reconocimiento en el primer Concurso de Obras de teatro nacional realizado por el Centro Municipal de Cultura de Guayaquil, por “La Conquista no ha terminado todavía”.

El 84 aparecieron ampliamente reseñadas sus obras en “Bibliografía del Teatro Ecuatoriano” 1900 – 1952, de Gerardo Luzuriaga.

En la Universidad Católica de Guayaquil dictó por algunos años varios Seminarios de Creación Dramática hasta que el padre José Ignacio Varas en gesto patético, e irrespetando su genialidad, le cambió los horarios y tuvo que renunciar. De allí en adelante prestó servicios en el Banco Continental llevado por su amiga Ána Julia Rugel de Hollis y en Filanbanco por Adriana Carrera, formando grupos de teatro.

El 90 aparecieron sus Volúmenes de “Teatro” 3 y 4 en la Espol. El 3 contiene “La Dama meona”, “Los Náufragos” y “Ha llegado un exorcista” en 194 págs. El 4 “La conquista no ha terminado todavía y “Puerto lejos del Mar” en 214 págs. Ha anunciado los volúmenes 5 con adaptaciones a los clásicos, 6 de adaptaciones de Moliere, 7 con teatro para niños, 8 con adaptaciones de autores ecuatorianos, 9 con adaptaciones de autores mundiales contemporáneos.

Ese años, en un salón de la ESPOL, el Vicepresidente de la República, Ing. Luís Parodi Valverde, nos reunió a numerosos intelectuales de Guayaquil para que participemos en un programa de recompra de la Deuda Externa con fondos donados desde el exterior para fines benéficos o de cultura. Pipo fue el único que intervino indicando que para un intelectual medio era difícil sino imposible conseguir donantes millonarios en el exterior.

El Ingeniero Parodi tuvo la simpleza de manifestar que no era difícil, que él había logrado sumas apreciables en los Estados Unidos a favor de la ESPOL claro está, que siendo vicepresidente de la República, todo se le facilitaba a través de llamadas telefónicas, mas el tal Programa fue desastroso para el país debido a la viveza criolla que se enriqueció con este tipo de soluciones.

El 2002 estuvo muy enfermo a consecuencia de un cáncer al colon y fue internado en el pabellón gratuito de SOLCA donde le operaron y cubrieron de mangueras. Allí descubrió que no le temía a la muerte pero si al dolor, que los hospitales oncológicos son como supermercados de cáncer y que en las salas pagadas se pasa mejor pero de todas maneras se muere la gente y tras un largo y doloroso tratamiento se curó aunque nunca se sabe a ciencia cierta hasta que punto, pues se trata de una enfermedad que casi siempre vuelve bajo otras formas.

El 2003 fue propuesto para el Premio Nacional de cultura Eugenio Espejo en actividades literarias, que le fue concedido por el Presidente Gustavo Noboa Bejarano con el general beneplácito del país. El otro candidato fue Miguel Donoso Pareja. Al recibir el Premio Pipo declaró que era un Premio irónico porque siempre había dicho que el teatro no es literatura.

Vivía para enseñar teatro a sus estudiantes en la ESPOL a quienes exigía que se aprendan de memoria los libretos porque el teatro es para los buenos actores que saben llorar con un solo ojo si la escena lo amerita y no se venden al facilismo ni comercializan ^ el arte.

Alto, fornido, canela claro, pelo negro y crespo que se hizo cano, miope – usaba lentes de marco de carey – incansable por su irrenunciable vocación, había formado varias generaciones de actores y no existía en el país grupo colegial alguno que no hubiere escenificado obras de este autor, el más popular desde los años 1960, que fue su mejor época. Sus farsas son simples y transmiten mensajes de solidaridad, siendo por lo mismo muy diferentes al teatro complejo por barroco y surrealista de Jorge Icaza y de Francisco Tobar y García, los otros dos grandes actores, autores y directores ecuatorianos del siglo XX, ya fallecidos.

Pipo se encontraba lúcido y dispuesto a trabajar, su humor sardónico no había decaído, ni tampoco la sana intención social de todo lo suyo, que sobresale por las tintas cargadas y el humor negro que tantos aplausos le ha atraído, por eso opinaba que el teatro es la madre de todas las artes, es el arte de la vida y hacemos teatro desde que nacemos.

Solidario, conciente de su valer aunque con la modestia propia de las almas grandes, vivía tranquilo y

estar en silla de ruedas, fue sometido a un tratamiento y los médicos pensaron operarlo. El martes 7 de Octubre sus amigos le vieron reír, de buen ánimo, con ganas de luchar, recordando anécdotas de su vida dedicada a divertir a los demás pero falleció el día siguiente, miércoles 8 de Octubre, a las doce del día, a consecuencia de tres infartos consecutivos, dejando un valioso legado literario compuesto de más de cincuenta obras. En sus últimos tiempos, sabiendo que el desenlace esta próximo, revisó sus archivos, los puso en orden, anotó muchas anécdotas de su vida para una posible biografía. Dejó dos obras para teatro inconclusas y numerosas adaptaciones de obras del teatro universal para nuestra idiosincrasia criolla, trabajitos menores que sin embargo tienen el mérito de su esfuerzo creativo. Fue un ser bondadoso que parecía por su modestia un ser mínimo y casi desprotegido por fuera, aunque su corazón era de oro. Educadísimo, jamás se le escuchó una interjección o un grito destemplado. Tal su bonhomía.

El velatorio se realizó en el teatro que lleva su nombre en el edificio del Núcleo del Guayas de la Casa de la Cultura y sus restos recibieron sepultura en el Cementerio General. Tenia setenta y siete años de edaad.

Con Paco Tobar y Eduardo Solá forma parte de la trilogía mayor de dramaturgos nacionales del siglo XX, siendo Pipo más light, Paco más corrosivo y Eduardo más cosmopolita, seguidos de cerca por Demetrio Aguilera Malta y Jorge Ycaza, dramaturgos en ratos de ocio.