MAGNIN JUAN

GEÓGRAFO Y FILÓSOFO.- Nadó en Hauteville, cantón de Friburgo, en la llamada Suiza alemana, el 14 de Abril de 1701. De familia numerosa compuesta de nueve hermanos, siguió la primaria en la escuela de la Compañía de Jesús de Friburgo y la Filosofía en Parrentruy. “Por aquellos años la influencia del método racional cartesiano de la Universidad de Leiden era aún evidente de manera que se había superado la crisis filosófica resultante del enfrentamiento entre ciencia y fe.

En Octubre de 1720 ingresó a la Compañía de Jesús y realizó el noviciado en Landsberg situado en la Alemania del norte y se especializó en matemáticas y astronomía. El 22 emitió sus votos religiosos y estudió teología en Ingolstadt y sin terminar ni graduarse solicitó que le destinen a trabajar en las misiones. En 1725 arribó a Quito y escribió unas Memorias de viaje que envió a la casa de Friburgo y recién salieron publicadas en el Anuario Friburgueses en 1964 como una curiosidad histórica. En Quito continuó sus estudios en la Universidad de San Gregorio Magno hasta su graduación en 1728.

El 33 viajó a enseñar gramática en el Colegio jesuita de Panamá, allí predicó el ministerio para lo cual tenía facultades especiales y profundizó sus conocimientos sobre mediciones metereológicas y astronómicas.

Como investigador constató dos eclipses de luna, estudió las variaciones de la brújula y escribió dos tomos con dichas observaciones. El 36 trató a los científicos de la Misión Geodésica franceses de paso por Panamá y posiblemente puso en manos de La Condamine el mapa ejecutado años antes por el jesuita alemán Samuel Fritz sobre la Amazonía y el río Marañón.

El 38, el padre Andrés de Zárate, Visitador de la provincia jesuita de Quito, a su paso por Panamá, le delegó la visita a las tres misiones jesuitas del Darién y de los indios Guaimíes

Desde 1739 pasó a las misiones de Mainas. Entró por Canelos y el Pastaza a trabajar en la misión de San Juan Evangelista de los indios Miguaianos cerca del río Itatay, después pasó al Napo, conoció a los indios y no se formó un buen criterio de ellos pues “son de poca confiabilidad, su pasividad con relación al trabajo mental y corporal y su incapacidad de reconocer como tales ciertas circunstancias específicas de la vida, para enfrentarlas en forma preventiva.” “En muy pocas ocasiones las misiones de la selva desarrollaron una convivencia entre cristianos nuevos y misioneros, que recuerde el celo misionario místico de los primeros intentos de los monjes franciscanos en México y de la provincia de Quito, que habían trabajado primordialmente sobre los indígenas de los ríos Putumayo, Napo y Caquetá en la formación de un clero indígena, sobre la base de la filosofía de Cristo del erasmismo, que pudiera combinar la pobreza, la caridad y ciertas formas de la sociedad indígena para convertirla en una alternativa americana de vida cristiana según la Utopía de Tomás Moro (1516) pero el experimento de los franciscanos fue considerado fallido por el espíritu burocrático y conservador de la contra reforma del Concilio de Trento de 1563 y para colmos, sufrió gravísimo quebranto, tras la rebelión aborigen de 1721. Desde entonces los franciscanos se empezaron a establecer en el sur, sobre las riberas del río Ucayali, concentrados en la misión de Santa Rosa de Ocopa.

La Compañía de Jesús, como nuevo instrumento pedagógico exigía para sus misiones la conversión de los indios en cumplimiento de “las reglas de nuestra Orden”, ejemplo de las abstractas exigencias de formación de la ideología contra reformista, a diferencia del espíritu anterior que era el de una Orden de frailes mendicantes, de manera que desde el siglo XVII los franciscanos empezaron a perder sustento frente a los jesuitas, más “modernos” por más cultos y por supuesto, menos mansos de corazón.

En 1740 estaba de Párroco en Borja, capital de misión y centro de la administración civil de la provincia de Mainas, levantó un Mapa y escribió la “Breve descripción de la provincia de Quito en la América Meridional y de sus misiones de Sucumbíos de religiosos de San Francisco y de Mainas de los Padres de la Compañía de Jesús a las orillas del gran río Marañón, compuesta para el Mapa que se hizo el año 1740 por el padre Juan Magnín de dicha Compañía, misionero en dichas misiones” en 179 párrafos.

De este primer trabajo existe una nueva versión, corregida y aumentada por el propio autor con una segunda parte sobre el estado moral de las misiones en diez capítulos. Magnin como su antecesor el padre Samuel Fritz eran a medias entre misioneros y exploradores científicos pues en ambos imperaban aires de renovación, es decir, comenzaba a notarse los primeros signos de la ilustración europea en América.

En 1743 recibió y se mantuvo en permanente contacto con los geodésicos franceses, especialmente con Charles de La Condamine a quien ofreció el material cartográfico de la Compañía sobre las misiones en el Amazonas, así como su propio Plano, y hasta lo acompañó a realizar mediciones para revisar y corregir algunos datos errados en los planos de los jesuitas.

Ekkehart Heeding en su obra sobre la ilustración en la Audiencia de Quito anota que la cartografía se había venido desarrollando en la hoya amazónica desde principios del siglo XVIII, pues todos los misioneros jesuitas exponían sus conocimientos en croquis, de manera que para entonces se conocían cuatro textos y varios mapas de la hoya amazónica, ejecutados por jesuitas alemanes, a saber: Heinrich Richter con una descripción de las zonas que riega el río Ucayale (1685) Samuel Fritz autor del mayor y más general de todos (1707) Johann Baptist Julián autor de unas Letras Anuas de las misiones, Heinrich Franken autor de unas memorias históricas de las misiones ^ del Marañón, los dos posteriores son de Karl Brentano (1751) autor del Mapa de la provincia quitensis, Franz Xaver Weigel (1768) una descripción de la región misionera de Mainas.

El 1 de Julio de 1743 realizó con La Condamine el paso del pongo de Manseriche que forma unos rápidos rocosos peligrosísimos hasta de siete metros de altura.

Al finalizar sus trabajos y mediciones La Condamine emprendió su travesía final en 1745 hacia la población fronteriza de la Laguna, a donde le acompañó el padre Magnin, a quien obsequió su valioso cuadrante en prueba de amistad y en señal de agradecimiento, sabiendo que era de los pocos que podía usarlo y sacarle provecho científico. Magnín, en cambio, le permitió llevar su Mapa y Descripción. El mapa fue traducido al francés cuando La Condamine arribó a Cayena por Mr. Artur, médico del Rey y consejero del Consejo Supremo de dicha colonia. En cuanto al mapa del padre Fritz cabe anotar que La Condamine lo depositó en la Biblioteca Nacional de París. En La Laguna encontraron a Pedro Vicente Maldonado “amigo íntimo de ambos viajeros, como pocos, desde antaño, quien los esperaba desde hacía seis semanas.” extensa, lo cual había sido refutado por Milliet.

Magnin intentó conciliar a Milliet y a Descartes mediante la elaboración de otro sistema, reformando el de Descartes, a través de una serie de contestaciones a las proposiciones de Milliet y desglosando cada respuesta en numerosos argumentos en pro y en contra de los planteamientos de uno o de otro, para finalmente tomar partido por Descartes, a quien sin embargo en más de una ocasión señala sus limitaciones o los aspectos o tesis que no comparte, lo que constituye el capítulo más extenso de su obra, que ofrece una clara ruptura entre la escolástica y la modernidad, al asignar la forma de tratamiento de corte tradicional a Milliet y la moderna a Descartes.

Magnin llevó a la práctica un nuevo modo de filosofar distinto del predominante por entonces y más propio de una lógica deductiva que el anticuado peripatetismo, según Carlos Paladines Escudero, autor que lo ha estudiado exhaustivamente.

Posiblemente asumió esta forma moderna de filosofar de la Alemania del norte, donde el pensamiento de Descartes había triunfado ampliamente hacia la mitad del siglo XViii.

Este trabajo fue enviado por su autor a su amigo La Condamine en 1747, para que fuere presentado en la Real Academia de las Ciencias de París con una dedicatoria alambicada y barroca pero habiéndole encomendado al Canónigo de la Catedral de Pará, Lorenzo de Grotflis, de viaje a Europa, naufragó su navío frente a las costas de Bayona en Galicia y se perdió dicho manuscrito, noticia que le fue comunicada por su amigo Pedro Vicente Maldonado meses más tarde.

En 1745 sufrió un serio quebranto de salud, fue trasladado a Quito y decidió sacar otra copia de su Milliet, a la que hizo varias correcciones y aumentos. El 46 leyó la cátedra de Sagrados Cánones en la Universidad de San Gregorio Magno, materia que estaba lejos de sus altas preocupaciones filosóficas, científicas y misioneras. El 47 consiguió terminar en la Universidad Gregoriana de Quito su Milliet corregido y aumentado que hizo llegar a la sede de la Compañía de Jesús en Madrid; pero el libro permaneció en el olvido y recién se llegó a editar en 1985 en Quito mas bien como una rareza bibliográfica aunque se conoce que circularonotras copias pues sus contemporáneos conocieron y mencionaron el Milliet en sus cátedras como sucedió con los padres Juan Bautista Aguirre y Juan de Hospital, luego con Miguel Antonio Rodríguez, quienes solían referirse al padre Magnin con veneración, lo cual habla muy claramente de su influencia sobre los profesores de la Universidad de San Gregorio Magno de Quito. I la copia de La Condamine finalmente arribó a París, siendo premiado Magnin con la distinción de miembro de la Academia de Ciencias en sesión del m6 de Diciembre de 1749, pero recién el 30 de Abril del 52 recibió en Quito las Letras Patentes por el secretario Jean de Fouchy, como miembro correspondiente dada las distancias insalvables de entonces.

Su posición filosófica era muy delicada pues se hallaba en medio camino entre las ciencias experimentales y la cosmovisión religiosa, dificultad que intentó sortear estableciendo diferencias entre el pensamiento de Descartes y las opiniones condenadas por la Iglesia, fijando diferencias no de fondo sino tan solo de forma. Por eso se ha dicho que su Tratado de Física o Descartes reformado, plantea las relaciones y el debate entre ciencia y filosofía tanto en su nivel teórico como en el práctico, contiene también la descripción de los diferentes productos que se daban en las provincias de Mainas, sus usos y costumbres, especialmente en el campo de la medicina, sus mediciones, etc. Igualmente es importante anotar su acción como reformador de la enseñanza, preconizando el abandono de los caducos sistemas tradicionales por otros nuevos y modernos, lo cual se aprecia en sus obras y en los textos anónimos de los primeros cursos que dictaron en la Universidad de San Gregorio Magno los profesores jesuitas de Quito. Magnin no fue el primero en enseñar a Descartes en San Gregorio Magno pero si el que dio mayor revuelo a su doctrina.

En el curso de Artes del padre Sebastián Luís Abad, S. J. de 1681, su autor se esfuerza por deslindar dentro de los estrechos límites de la escolástica y la religión, lo filosófico de lo científico, lo racional de lo revelado. Paladines opina que más abiertamente se expusieron las nuevas ideas en el texto del padre Tomás Nieto Polo, S. J. profesor entre 1712 y el 15 y aun con mayor desenvoltura realizó sus cursos el padre Esteban Ferriol entre 1718 y el 22, el mayor conocedor de estas nuevas ideas y doctrinas.

Después se sucedieron otros profesores en San Gregorio como el padre Marco de la Vega, S. J. (174548) que revisó los diferentes sistemas sobre la constitución de los cuerpos naturales desde la antigüedad hasta su tiempo, incluyendo a Descartes. El padre Joaquín Alvarez, S. J. (1747-50) omitió las explicaciones tradicionales sobre los principios intrínsecos de los compuestos naturales para tratar directamente los sistemas atomistas a través de los más connotados exponentes: Gassendy, Maigman y Tosca. El padre Pedro Galindo, S. J. (1750-53) estructuró su Física sobre el sistema tradicional y no estudió los tratados sobre el mundo, el cielo y los meteoros, que sus antecesores habían debatido. Al concluir el padre Juan de Hospital, S. J. en 1761 su curso de Filosofía, uno de sus alumnos llamado Manuel Carvajal, sostuvo bajo la aprobación de su maestro “que debe preferirse a los sistemas el Copérnico, por ser el más acorde con las observaciones astronómicas y las leyes de la física…”

De Magnín se ha dicho que “gracias a su iniciativa durante algunos años, ciencias como la geografía, la astronomía y las matemáticas llegaron a establecer un vínculo entre la Provincia de Quito y la Academia de Ciencias más importante de la Europa de entonces, la de París”.

En 1751 fue mencionado conjuntamente con el padre jesuita Samuel Fritz en “El Journal du voyage” que publicó ese año en Paris su amigo La Condamine.

Magnín falleció en Quito el 20 de Julio de 1752, a los cincuenta y un años de edad. No conosco sus rasgos físicos.

En el Archivo Histórico de Madrid se conservan algunos textos suyos describiendo sus viajes y experiencias misioneras: “Origen, progresos,

mutaciones de las nuevas reducciones de Napo” 1740 – 42, “Descubrimiento del Nucaray junto al Pastaza” de 1742, “Relación de las cosas notables de la ciudad de San Francisco de Borja desde el año de 1740 hasta el de 1743.

Fue Cronista, Geógrafo y Filósofo, enseñó en Panamá y en Quito, misionó en Mainas, sus conocimientos científicos le hicieron un sujeto moderno para su época y en filosofía practicó el eclecticismo para no chocar con los parámetros impuestos por la Iglesia a las ciencias físicas de la época.