Larrea Benigno


Si hemos de juzgar por la única muestra que de él tenemos, se parecía en todo a don Juan su tío; y hacia versos por travesura, dando suelta a su humor burlón y picaresco en fáciles y sencillas cuartetas. Allá va la citada muestra, porque no tenemos otra. Encierra un pensamiento nada delicado, y la damos a riesgo de excitar el enfado y la censura de los lectores escrupulosos: 
Yo soy pescador de amor, 
tiro mi anzuelo a la mar;
el peje que cae, como, 
y el que no, le dejo andar.
yo no soy conquistador
de pechos inaccesibles,
yo soy pescador de amor.
yo nunca procuro anclar
La nave de mi deseo,
y si al paso un peje veo,
Tiro mi anzuelo a la mar.
No me ando con pies de plomo 
Si se brinda la ocasión, 
Y si no hay contradicción,
El peje que cae, como.
En mí es ajeno al porfiar
Contra el ajeno querer:
como al que puedo coger, 
Al que no, le dejo andar.