Franco Herrera Guillermo


Autor en Lima del folleto “para la historia” (1862)
El Gral. Guillermo Franco permanecía desterrado en Tumbez, en abril, y desde allí ofreció sus servicios al gobierno del Perú, para combatir con las fuerzas Españolas. Acudieron del puerto Peruano de Tumbez, el Gral. Guillermo franco, los Coroneles. José Matías León, Juan Manuel Campuzano, Pinto y otros emigrados. El 8 de septiembre llegó de Paita el Gral. Urbina, y acto continuo se hizo cargo del mando supremo. Ministro General fue nombrado el Dr. Manuel Rodríguez Parra, Cuencano, hombre de talento, quien también había padecido en el destierro. Varias proclamas dieron Urbina, todas vehementes, llenas de verdad y promesas. Sabedor el gobierno del Perú de que Urbina estaba en el Ecuador, envió a macará una decisión de 1.500 hombres, al mando del Gral. Castillo, para que se pusiera a órdenes de Urbina. Por aprovecharse de dicho auxilio, Urbina dividió sus fuerzas: partió con 200 hombres a Loja, para aproximarse al lugar donde se hallaba el ejército auxiliar, y en Machala dejó el resto de la tropa, bajo la dirección del Gral. Franco.  
Es el tercer hombre del momento, Comandante general de la Provincia de Guayaquil, aspiraba también al mando supremo del Ecuador  y esperaba un momento favorable para adueñarse del poder. El 21 de agosto de 1859 celebró un armisticio con el almirante de la escuadra peruana solo por su propia cuenta, mereciendo la desaprobación de robles en ese momento en Quito, el 30 de agosto esta en Guaranda, sabe que Franco no tardará en sublevarse. ¿Qué ha sucedido?
El 12 de agosto el almirante de la flora peruana ha dado a las autoridades tres días para hacer evacuar la ciudad, porque va a bombardearla. Pero ha intervenido los representantes extranjeros y el 21 se ha convenido un armisticio: se alejaran la escuadra y las tropas de franco y el pueblo elegirá una autoridad provincial para la provincia del Guayas. Así se ha hecho, y el 16 de agosto ha sido designado Gobernador don Teodoro Maldonado. Franco solicita de García Moreno una entrevista, y este le convence al fin. El armisticio se celebra el 21 de agosto. Se estipula también entre García Moreno y Franco, unir los gobiernos de Quito y Guayaquil sobre las siguientes bases: reconocimiento popular en Guayaquil del Gobierno provisorio de Quito, renuncia de García Moreno de su calidad de miembro de tal gobierno; nombramiento del señor Manuel Espantoso en su lugar; y para Franco el cargo de Gral. En jefe del ejército.
En ese momento 24 de agosto, García Moreno viene a los arrepentimientos en una carta a su esposa fechada el 24 de agosto dice: “Te escribo esta carta para darte la excelente noticia de haberse separado Franco de Robles y Urbina y haber hecho el convenio que en copia te adjunto”. 1860 “Parten las tropas de Guaranda, y después de rápida marcha, llegan a Ventanas, cerca de Babahoyo el 7 de Agosto. Sorpresa de las gentes de Franco. Dos horas de combate. La caballería de Flores dirigida por el mismo, apoderase a lazo de los cañones de Franco y pasa a cuchillo a los artilleros. Franco, herido, se salva en un barco jefatura Suprema. Sr. General Guillermo Franco. Septiembre 17 de 1859- septiembre 24 de 1860.   

Al ejecutar el Gral. Guillermo Franco, en Quito, el decreto de que hablamos, fuese para él un devoto y le dijo: “Ud. no conoce a este pueblo”. Franco contesto “Este  pueblo no me conoce a mi”. Y nada sucedió de los jesuitas.
Mas militares revolucionarios los coroneles Francisco y Juan Valverde, los comandantes Guillermo Franco, Manuel Merino, Ramón Valdez y Felipe Puga.
El general Guillermo Franco, soldado valerosísimo, pero desprovisto por completo de instrucción administrativa, celebró poco después como Comandante general de Guayaquil, expedición con Castilla; Robles la desaprobó terminantemente y Franco se sublevó a la cabeza de la guarnición que andaba, proclamándose también jefe Supremo. Robles Renuncia en el acto la Presidencia, por consejo del autor de todos sus desaciertos Dn. Francisco Pablo Icaza; llega a Guayaquil y pide pasaporte para Chile. 
El Cnel. Melitón Vera defendía la población de Machala, con tropas del Gobierno el Gral. Franco partió a combatirlas, con 100 hombres, entre los cuales iban los comandantes Ramón Cornejo, N. Aguilar, N. Sánchez y el capitán Plaza. El Coronel Vera había pasado de Machala al Pasaje. Como a las 9 a.m., Franco y sus tropas oyeron tiros de cañón y fusiles; pero no supieron de donde provenían era del asalto a Jambelí. El Gral. Urbina se había embarcado, con el resto de la tropa, en el río Santa Rosa, en chatas y canoas con dirección a Jambelí; y en el río oyó el estruendo: pudo llegar a jelí, donde se encontró con el Washington, que acababa de llegar derrotado.
El Perú, por medio de su ilustrado Ministro el Sr. Melgar, pidió explicaciones al Ecuador, por las cartas de García Moreno a Tranité, ya que la convención nada dijo, después de haberlas recibido, en junta de una acusación, hecha por el Gral. Franco en Lima. En una circular, excitada a las Naciones a mantenerse sobre aviso, y a volver la espalda al Ecuador. “Deseo que García Moreno se eleve a la altura de poder tratar con él”, concluía. Tal era la indignación que, en el exterior, estas cartas predijeron, que los secuaces de García Moreno, como el cónsul en Lima, el Sr. J.J. Ponce, dieron en sostener que eran apócrifas.    
Se dijo que la valija en que iban a Quito las cartas a Trinité, enviadas a la convención por el Gral. Franco, fue registrado en Ambato, y fueron sustraídas dichas cartas, a pesar de que el sobrescrito era para un Ministro diplomático extranjero. 
En 1865 casi toda la fuerza liberal, excepto algunas partidas que vagaban por la actual provincia del oro, se hallaba reunido a bordo de la flotilla fondeada en Jambelí. Santa Rosa estaba Guatnecida por las tropas del gobierno, mandada por los coroneles celestino Lara y Pacífico Aguirre. Ignorando Urbina la llegada de García Mireno a Guayaquil y deseoso de no dejar enemigo a retaguardia, se resolvió a dividir sus tropas, trasbordó parte de ellas al Washington, y partió en él a Zamurilla. El Washington estaba mandado por el Comandante Juan Heredia y su segundo al Comandante Francisco Modesto Game. El menor número de tropas fue dejado en los demás buquecitos. En Zarumilla Saltó a tierra, y siguió al Papayal, donde se encontró con el Cnel. María Irigoyen, quien, con 30 hombres, marchaba a incorporarse. “En Gualtaco, se agregaron los patriotas Gaspar Alamiro Plaza, adolescente, Julián Indaburu Bodero, Juan Francisco Mariscal y Enrique Larroque. Horas después; se incorporaron los tenientes coroneles ramón Cornejo, Pedro Jaramillo, Lautaro Lamota, Julio Lavayen y N. Saona, los sargentos mayores N. Sánchez, N. Aguilar y cosa de 90, entre jefes, oficiales y soldados venidos de Tumbez. Allí dividió sus tropas en cuatro columnas: una dirigida por el Cnel. José maría Cornejo, el Cnel. José Sotomayor y Nadal y el Comandante Antonio Suarez; otra, por el Cnel. Pedro Jaramillo, el teniente Cnel. N. Sánchez y el capitán G. Alamiro Plaza; otra por el comandante Lautaro Lamota y el Comandante Luis Medina; y otra, por el Cnel. Saona y el Sargento Mayor N. Aguilar muchos jefes y oficiales, como los Cnel. Juan Antonio Robinsón, Pedro Campuzano, Ramón Cornejo, los Comandantes Gregorio Rodríguez, Pablo Chica Cortázar, Julio Lavayen G. Pedro Ruiz, José Villao, el Dr. Francisco Rivera Cortázar, y varios capitanes, tenientes y subtenientes, quedaron sin colocación, por escasez de tropa, y marcharon armados de fusiles. También se organizo un piquete de caballería, a órdenes directas del Gral. Guillermo Franco; jefes subalternos de esta, fueron los afamados por su valor, comandante Juan Manuel Campuzano y capitán. José Zuñiga. El 24 de junio llegaron a las afueras de Santa Rosa. El Gral. Urbina mandó de parlamentario al teniente Cnel. Julio Lavayen, quien fue recibido a balazos. Entonces Urbina dispuso el ataque. Las tropas conservadores contaban con 300 soldados, las liberales no llegaban a 200. Antes de alistarse las dos tropas, pues entre ellas había una colina dispararon casualmente un tiro, que mato al joven Capitán Vicente franco, Edecán del Gral. Urbina la tropa liberal embistió entonces furiosa, por dos sitios. Duros el combate una hora, y la victoria vino a lisonjeara los liberales.se distinguieron entre ellos los jefes Lamota, Cortes, Cornejo y Jaramillo, y los tres últimos salieron heridos. Cirujano de los liberales era el benemérito Dr. Carlos Auz, a pesar de sus relevantes condiciones como médico y de su corazón generoso y compasivo.   
Al mismo tiempo despacho al comandante Casilari, que era jefe de día, para que fuese a prender al comandante General Wright; cuyas puertas, aunque a deshoras, le serían franqueadas en vista de las funciones que desempeñaba. El Comandante Guillermo Franco con una fuerte escolta debía apoyarle. Casilarí no desempeño su misión cumplidamente, se hizo en verdad abrir las puertas a la voz de “el jefe de día”, pero en vez de subir solo a notificar al general su arresto, los soldados de Franco hicieron fuego a la guardia que estaba a las órdenes del oficial Santanders, quien con mucho valor, sostuvo un combate reñido, en que murieron seis soldados de la guardia; saliendo ligeramente herido el comandante franco. Elizalde oyendo los tiros y conociendo que no debía alarmar a la población y a las otras tropas del gobierno, mandó retirar a Franco. Caía en esa noche una fuertísima lluvia. Había quedado en Guayaquil muy poca tropa a las órdenes del comandante Guillermo Franco y Guillermo Bodero, resentidos ambos con Elizalde porque durante el gobierno de Roca no obtuvieron colocación activa en el ejército. Confiando seguramente con la aquiescencia del supremo Novoa, trataron de hostilizar al General que vivía tranquilo en su casa. Para librarse de las asechanzas de sus enemigos, tomó este el partido de embarcarse para el Puerto de Paita. De allí se traslado a la provincia de Manabí, donde reunió algunas milicias y con ellas, y el regimiento veterano del coronel Martínez, que de antemano había sido enviado por el Vice-Presidente según se ha dicho, se dirigió a Guayaquil y avanzó hasta la hacienda de la florida, en el río Daule, a una seis o siete leguas de la ciudad.    
Los desterrados no obtenían piedad todavía, solo de uno en uno, y eso solamente alguno, a medida que el Sr. Carrión iba perdiendo el miedo a García  Moreno. Las costas del Perú, de Centroamérica, de Colombia en el Pacífico rebozaban de emigrados: entre ellos había hombres notables: Pedro Moncayo, Pedro Carbo; Manuel Gómez de la Torre, Miguel Riofrío, Antonio Yerovi, Carlos Auz, José Gabriel Moncayo, el obispo Tola, etc. Los Generales Urbina Robles Franco, Ríos, Wright y muchos Coroneles y otros militares de grado inferior. Como Carrión y Bustamante aparecían liberales, y en su pasado no tenían mancilla, D. Pedro Moncayo escribió desde el destierro al segundo, interesándose para que se decrete amnistía.
El General Guillermo Franco por medio de sus parciales se invistió del poder supremo el 17 de septiembre de 1859 e influyo para que en la asamblea popular del día 13 de octubre se nombrase de jefe Supremo Suplente a Don Manuel Espantoso, por excusa de Don José María Carbo, quien por el mes de noviembre vino a ser designado Gobernador, y entonces, este llamó como Secretario de su Despacho al Dr. Vicente Piedrahita. Más tarde el Dr. Piedrahita fue Secretario General don Francisco Marcos. Decorosamente rehuyó don Pedro Carbo acompañar a Franco a sus actuaciones de Gobernante por mas que se le brindaba con la Secretaria General de la Administración.
En Noviembre de 1859 el primer paso de Castilla fue dar cumplimiento al encargo de Flores: he aquí por lo que consiguió de Franco nombrase Gobernador al señor Espantoso y Secretario a Vicente de Pidrahita fue manifestar al General Franco que el medio de combatir la anarquía en la Patria era llamar, aunque sea a un puesto subalterno, al General Juan José Flores. Franco se indignó y dijo: “Si Flores llegara a venir a cualquier de los puertos que están dentro de mi jurisdicción, lo haré fusilar antes de dos horas”. Recibió este nuevo golpe Flores; pero esto no le desanimó, como veremos adelante. Espantoso se retiró de la Gobernación algunos días después, y por la imprenta apareció que se había llevado del tesoro 26.000 pesos, por lo que la Nación le debía desde 1845. Castilla había señalado el 14 de Noviembre de 1859 para tener una conferencia con franco, a Borde del Buque “Amazonas”. Tuvieron la acordaron nombrar comisiones para que sentaran las bases sobre que descansaría un arreglo de paz. Los comisiones para que sentaran las bases sobre que descansaría un arreglo de paz. Los comisionados por Franco fueron los generales Guillermo Bodero y José María Villamil; los comisionados por Castilla, el General Antonio Pezet y el señor Manuel Morales nombro el triunvirato de Quito comisionado en Guayaquil al Sr. José Vivero para que acordarse con Franco la reunión de cabildos provisionales, con el objeto de que eligiesen Gobierno supremo: Vivero contesto: “me repugna servir de interprete a un Gobierno que ha abierto las puertas de mi Patria a enemigos extranjeros, e intervenir a asuntos en que no ha tomado parte el partido liberal”. En vista de esta contestación, los triunviros nombraron comisionado al Sr. José María Caamaño, quien alcanzó de Franco y Espantoso la convocatoria de una convención Nacional. Franco promulgó un decreto el 9 de Diciembre, en que convocaba una convención para el 16 de enero del año siguiente: pero los Gobernantes de Quito no gustaron del decreto, y entonces partieron a Guayaquil dos de dichos Gobernantes, los Señores Gómez de la Torre y Avilés. Antes de esto había pedido auxilio al Gobierno de Nueva Granada, quien, como era natural, lo negó sin rodeos. En 1859 todavía en el camino los delegados, Franco prescindió de ellos, obligo al Sr. Caamaño para que, como Encargado de negocios del Gobierno de Quito, concurriese a la elección del Gobierno General, que debía entenderse con castilla, se realizó esta, el Gobierno elegido fue el de Franco, y Castilla lo aceptó y procedió a tratar con él. Franco había visto que ya no era posible el establecimiento de un Gobierno único en la Patria, sin acudir al empleo de las armas. Se tuvo por comisionado por todo el Ecuador para entrar en arreglos con Castilla, y aceptó otra vez a Don Juan Celestino Cavero como a Ministro Residente, a Cavero rechazado con justicia por el Gobierno de Robles, seis días después fue nombrado por el Gobierno del Perú, Ministro Plenipotenciario en el Ecuador, el Sr. Manuel Morales, a causa de la mala salud de Cavero. 
El Dr. Manuel Morales, a nombre del Perú, o mejor dicho, de Castilla; el Dr. Nicolás Estrada, a nombre del Ecuador, o mejor dicho de Franco, celebraron el tratado de Mapasingue, en los momentos en que los combates de Yagui y Según protestaban contra la autorización de que suponía Franco investido, en 1860 Franco había destacado 800 hombres al mando del comandante José Matías León para que fuesen a someter al Gobierno de Quito aquella división salió de Guayaquil el 4 de enero de 1860, fuerte con elementos de guerra suministrado por Castilla y llegó a San José, aldea próxima a Guaranda, cuando la vanguardia del ejército enemigo se hallaba acuartelada en este último lugar. A una orden de franco, las tropas acantonadas en san José retrocedieron y se situaron en San Miguel de Chimbo y Santiago, y luego en las tres colinas próximas, Piscurcu, yaqui y la Chima; las de Piscurcu eran comandadas por el Cnel. Fabre, las de Yagui por el Cnel. José M. Cornejo, y las de chima, por el Cnel. Vernaza. García Moreno salió de Guaranda de 25 de enero, en la persecución del enemigo, y habiendo descubierto las tres posiciones antedichas, mandó al Cnel. Bernardo Dávalos, para que atacara a Piscurcu, y al Cnel. Daniel Salvador, a la hacienda Yagui. 
En 1860 Franco escribió a Moncayo a Lima, brindándole el nombramiento de secretario general de su Gobierno: Moncayo no era flores, y por consiguiente no aceptó. Acudió entonces a don Pedro Carbo, quien acababa de  desembarcar en Guayaquil: le propuso que partiera a Quito y que exigiera al Gobierno provisional el sometimiento a la autoridad exclusiva de Franco, sin ofrecer compensación de ningún género. ¿Puede uno imaginarse mayor petulancia, mejor prueba de que el Mariscal Ramón Castilla había embaucado al jefe Supremo de la costa? La mansedumbre de Carbo llegó al punto de aparecer como verdadero hombre evangélico: no se indigno, sino que propuso que iría, no ya en desempeño de la comisión inútil de Franco, y solicito de Carbo aceptase el nombramiento de Secretario General, nombramiento que, a su vez, no gustó a Carbo, y por esto fue hostilizado, hasta el extremo de verse en la necesidad de asilarse en un consulado extranjero.

El 17 de septiembre de 1859 fue proclamado jefe supremo de Guayaquil por una Junta de Notables. El 20, tres días después, apareció “La Regeneración”, periódico oficial de su gobierno, de tamaño, de cuatro planas a columnas, editado en la imprenta de murillo, por Manuel de J. Menéndez y luego en la imprenta del gobierno, fue su editor Ignacio Casimiro Roca y Molestina, pero solo aparecieron 22 números, hasta el 24 de abril/60.
Entre los periódicos que defendieron su jefatura suprema en Guayaquil estaban “La Paz” que circuló de Diciembre del 59 a Marzo del 60 y “El iris de los Andes” que se editaba en la armada peruana, así como “El Centinela” que publicó dos cartas de García Moreno a Franco, y apareció entre el 4 de febrero del 60 hasta el 23 de abril siguiente.   
Pasó en 1860 al Perú, en calidad de exiliado. Vivió en el Callao reconciliado con Urbina y con Robles, participo en las expediciones de 1863 y 65 y murió en 1873 en el Callao, donde descansa su cuerpo de bronce, que tanto se agitó y sufrió tanto en el teatro de la vida y en el sangriento drama de nuestra política.
Entre 1860 y 65 vivió en Tumbez, ese año pasó al Callao para luchar contra los españoles que habían declarado la guerra al Perú y chile, estuvo en la defensa de la Torre de la Merced y fue condecorado por el congreso peruano. 
En 1860 había pasado al callao con el General Raimundo Rios, que se dedicó al comercio y murió, en medio de su familia, en Lima.