CORNELIO CRESPO ORDOÑEZ


Al amparo del mecenismo de los maestros del «Gay Saber», en el decir provenzal, una juventud de altos valores intelectuales afina, con desenfado y gallardía, su vocación en el bien decir y mejor pensar en las altitudes de la ilustración.
En esa pléyade de jóvenes contaba Roberto Crespo Ordóñez, que frisaba los 24 años de edad. Era el año 1912, época en la cual debía efectuarse en Lima el Tercer Congreso Universitario de América. El Ecuador invitado para tal evento, resolvió que sean las tres Universidades del país, que designe cada una de ellas su delegado. La de Quito nombró a Homero Viteri Larronte, la de Guayaquil a José Vicente Trujillo y la de Cuenca a Roberto Crespo Ordóñez.
El magno evento se realizó en la ciudad de Lima, con la concurrencia del Presidente del Perú, Augusto Leguía, y con la asistencia de las delegaciones de todas las Universidades de América.
La delegación del Ecuador encomienda a Roberto Crespo Ordóñez para que dirija la salutación en la Asamblea inaugural, a nombre de las Universidades del Ecuador, sesión que tuvo lugar en la Universidad de San Marcos de la capital peruana. Con acentos patrióticos, expresa en su discurso, la fraternidad de los pueblos de América, recordaba a Bolívar en sus grandes ideales, e hizo propicia la oportunidad para referirse al conflicto bélico que estaba por estallar entre Chile y Argentina, como al diferendo que se mantiene entre E. uador y el Perú, pues que son pueblos de una misma historia y semejanza, lo que traducía el anhelo de la juventud universitaria allí reunida, intervención que mereció cálidos aplausos de la Asamblea.
En aquella oportunidad el Perú, y especialmente Lima, se apresta para rendir homenaje a Ricardo Palma, que no obstante su avanzada edad, mantenía el centro de la literatura continental. Correspondió asistir al homenaje a la delegación ecuatoriana, la que por medio de Roberto Crespo Ordóñez le cupo también el honor de presentar el saludo de homenaje al esclarecido escritor. Cumplida la misión encomendada, la delegación ecuatoriana regresaba a la patria.
Transcurrió poco tiempo cuando Guayaquil celebraba el primer centenario de su Independencia. Cuenca debía concurrir representada por una delegación, la cual fue presidida por Remigio Crespo Toral y, entre otras distinguidas personalidades, asistió Roberto Crespo Ordóñez. Luego de que Crespo Toral saluda a Guayaquil en brillante oración patriótica, interviene en el acto de la sesión Roberto Crespo Ordóñez, en emocionados versos.
La Cámara de Comercio le designó su Presidente, dando mayor prestancia a tan prestigiosa institución. En aquella época concurre al Congreso Nacional en calidad de Senador Funcional por la Industria de la Sierra. No por eso se prodiga, antes prefiere dedicar su estro literario en actos de elevada significación. Sus emociones son espontáneas, dedicadas al patriotismo o en homenaje de las grandes personalidades que, con muchas de ellas, tuvo ocasión de conocerse personalmente. Victor Manuel Albornoz en su biografía de Roberto Crespo Ordóñez expresa: «Su trato urbano y cortés, su carácter reposado y bondadoso inspiran simpatía que se traduce en amistad cordial. En donde se encuentra al caballero, fino en sus modales, discreto, reacio a contradecir a los demás, pero firme en las ideas propias. Diestro conversador: afluyen en sus labios con la sal del ingenio, las anécdotas históricas traídas con oportunidad, los hechos que merecen contarse y en los cuales, por uno u otro motivo, intervienen los detalles íntimos de personajes que, en cierto modo. disfrazan sus sentimientos y no se los conoce como son; o habla de asuntos serios o de comentarios sobre países que él ha visitado, por donde ha pasado su planta de viajero inquiridor».
Personalidad múltiple en sus quehaceres, conocedor del ambiente y de los problemas económicos del país y de su ciudad, poseedor de vasta cultura, es nombrado Gerente del Banco del -Azuay en reemplazo de su egregio padre Don Roberto Crespo Toral, primer Gerente y uno de los promotores de la prestigiosa institución y que hubo de separarse por motivos de salud. En ese lapso comprase el terreno para edificar el actual edificio que construyó el notable arquitecto Don Luis Donoso y Barba, verdadero palacio que cada vez se admira su belleza. Desde otro ángulo es el poeta, el prosador, el literato e historiador. Ciudadano prestigioso, el caballero amante del progreso y la cultura de su ciudad.
Por aquella época el Ecuador es invitado a concurrir a la Asamblea del Instituto Nacional de Historia y Geografía que debe realizarse en la ciudad de México. El Gobierno Nacional solicita a Roberto Crespo Ordóñez para que represente al Ecuador. Durante el magno congreso y cuando debía terminar sus sesiones, Don Roberto Crespo hace la petición para que la próxima reunión de la Asamblea se realice en la ciudad de Cuenca. La petición fue aceptada por unanimidad, conocedora de las especiales calidades intelectuales de que goza nuestra ciudad. Se fija la fecha de enero de 1957, por ser el año que Cuenca conmemora el cuarto centenario de haber sido fundada por don Andrés Hurtado de Mendoza, evento que tiene resonante significación.
De regreso al Ecuador, el señor Crespo Ordóñez afronta el gran compromiso de grandes responsabilidades en el aspecto del certámen, como de las atenciones sociales y alojamiento de alrededor de cien concurrentes.
Personas caracterizadas de la ciudad no faltaron en expresarle que estimaban que Cuenca no estaba preparada para tan trascendental y complejo compromiso. Don Roberto sabe que puede ser capaz de afrontar sus obligaciones para que, por ese motivo, luzca su bien ganado prestigio la ciudad intelectual y de grandes virtudes sociales. El señor Crespo Ordóñez solicita a un grupo de prestigiosas personalidades de la ciudad que elabore la agenda que deba cumplirse, tanto en el certámen histórico geográfico, cuanto en las atenciones sociales. La Historia, la Pre. historia, la Antropología deberán ser estudiadas a través de nuevos métodos de investigación y presentar el temario en la Asamblea por reunirse; temas, muchos de los cuales, aunque relacionados por su origen y tradición, se ignoran todavía.
La ONU de New York, la UNESCO de París, la FAO de Roma y el IPGH de México son los grandes colaboradores que dependen del Instituto Panamericano de Geografía e Historia y, consecuentemente, con la trascendental Asamblea a reunirse en Cuenca-Ecuador.
Llegan los delegados. El número rebasa los cien, procedentes de los países latinoamericanos y observadores de Estados Unidos y Europa. La Comisión de Historia preside el Dr. Silvio Zavala, de México. Los directores, Ernesto de la Torre, de México; Roberto N. Burr, de los Estados Unidos; Cristóbal Mendoza, de Venezuela; José Honorio Rodríguez, del Brasil; y el General Ángel Isaac Chiriboga por el Ecuador. Preside la Asamblea el Ministro de Educación del Ecuador Doctor José Baquerizo Maldonado.
Se inicia la Asamblea con la participación de todas las delegaciones, autoridades del Gobierno Nacional y las autoridades de Cuenca, así como distinguidas personalidades de la ciudad que tienen relación con este quehacer cultural. Roberto Crespo Ordóñez actúa como Presidente de la Comisión Organizadora y Vicepresidente de Honor. Saluda a los concurrentes en brillante discurso el Doctor Luis Cordero Crespo Alcalde, de Cuenca, quien con elocuencia da la bienvenida a las delegaciones. A continuación, Don Roberto Crespo Ordóñez expresa el beneplácito de la ciudad al acoger a las delegaciones y que Cuenca se siente honrada con su presencia, deseando que tan altas representaciones tengan el mejor de los éxitos.
De acuerdo con la Agenda, las sesiones se inician el sábado 17 de enero al 28 del mismo mes de 1959. Se presenta, adicio. nalmente toda una bibliografía de historia y geografía de autores cuencanos y nacionales; los estudios de Paul Rivel y de los trascendentales descubrimientos realizados por el sabio alemán Doctor Max Uhle, de la ciudad de Tomebamba, con la presentación de planos y fotografías de las fabulosas construcciones que muestran la visión del gran palacio que solía «holgar» Huaynacápac, y de la gran ciudad misma, que abarca algunos kilómetros cuadrados. Recuerdo haber visto, cuando yo era un adolescente e íbamos atraídos, como por un misterio, a ver las ruinas de la fabulosa ciudad. Encontré en el lugar al Dr. Uhle, quien nos enseñó las enormes construcciones de grandes murallones y graderías, y más aposentos. Nos llamó la atención y nos indicó el Dr. Uhle el gran acueducto que atravesaba por el asiento del palacio, construido en piedra, con la pátina azulina interior, producida por los siglos. Este gran acueducto venía desde las aguas del «Capulí», agua afamada por su pureza. Una parte del acueducto se hallaba descubierto en la calle actual de El Vecino, lugar del trayecto hacia Pumapungo, nombre aborigen de la ciudad incásica.
El Doctor Carlos Manuel Larrea disertó, en el lugar mismo de los vestigios de la imperial ciudad y palacio, con la documentación presentada por el Dr. Max Uhle, lo que mereció un emocionado aplauso de los concurrentes. En aquel momento -cabe decirlo- tomó la palabra el Doctor Deusta de la delegación peruana, quien manifestó que ante tal fabuloso hallazgo no se puede admitir que «sobre sus ruinas se haya construido una casa de vivienda familiar», dejó constancia de su sorpresa y pidió a nombre de la delegación peruana que conste en actas su protesta por el hecho cometido.
En tanto el certamen decurría, se alternaba con elegantes actos sociales, debidamente programados por el Presidente de la Organización, ofreciendo a las delegaciones recepciones sociales, conciertos como el que ofreció la notable pianista cuencana Alicia Cordero Aguilar, eventos literarios o excursiones a bellos lugares comarcanos. Cabe mencionar, como algo sobresaliente, el cocktail folklórico que se ofreció a las delegaciones en los jardines Cullca, en las inmediaciones de la Planta desde donde se divisa la bella campiña que enmarca Cuenca. La fiesta allí realizada constituyó un emocionante evento, en donde se alternaba la refinada atención social cuencana con la reminiscencia de las fiestas cañaris en danzas y música aborígen que enaltece nuestra tradición indigena al son de quipas y bocinas que actuaban apuestos jóvenes y bellas muchachas con atuendos regionales en la liturgia del pasado.
La bella representación folklórica expresa, en sí mismo, un hito histórico de la cultura cañari, los orígenes de nuestra civilización vernácula. Las delegaciones tuvieron la oportunidad de admirar nuestra trascendental cultura racial.
En tanto el certamen decurría, las delegaciones visitaban los bellos parajes comarcanos de Cuenca, como la asienta Burgay del señor Max Konanz, quien fue poseedor de una notable colección arqueológica. Se ofreció en el lugar un ágape que fue una hermosa fiesta campestre.
La inminente visita de los delegados para la Asamblea llegaba a su término. Autoridades civiles y el Alcalde de la ciudad acompañaron a Don Roberto Crespo Ordóñez para dar la despedida a los ilustres visitantes.
En Junio de 1933 se celebraba el vigésimo quinto aniversario de la llegada del Ferrocarril a la capital de la República. En esa oportunidad Don Roberto Crespo Ordóñez tenía a su cargo la Intervención Fiscal de la Empresa, de lo que se denominaba GUAYAQUIL & QUITO RAILWAY CO., funciones que las desempeñaba en la capital de la República. En ese tiempo se presenta la demanda de embargo de la Empresa por parte de los tenedores de acciones de Inglaterra y Estados Unidos. En tan grave emergencia, el Presidente de la República Doctor Isidro Ayora llevó a conocimiento del Interventor Fiscal, Don Roberto Crespo Ordóñez, para que presente un informe sobre los derechos del Ecuador en la empresa y sus puntos de vista sobre el embargo propuesto por acreedores extranjeros. El Interventor Fiscal inició un estudio a fondo sobre el problema en los archivos de la empresa. Acopió los documentos pertinentes y presentó el Informe al Presidente de la República, dando así publicidad a su libro «Historia de Ferrocarril del Sur», estudio trascendental que mereció el aplauso del Presidente.
Don Roberto Crespo Ordóñez, luego de un arduo estudio, llegó a la conclusión que el Ecuador no sólo era el primer accionista de la empresa sino el acreedor principal, con título legítimo. El Directorio de New York se vio obligado a reconocer la tesis jurídica del Interventor Fiscal señor Crespo Ordóñez, obteniéndose, en consecuencia, la nacionalización de la Empresa del Ferrocarril del Sur y rescatándose así para el Ecuador aquella propiedad. El Gobierno Nacional puso en conocimiento del Congreso de la República al haber llegado a tan valioso término.
Como dice Nicolás Jiménez, ilustre hombre de letras, «La obra de Crespo Ordóñez es una monografía histórica, algo completo y definitivo, informe en el cual la verdad resplandece y se ha llegado a tan patriótico veredicto de acuerdo con la verdad y la justicia».
En el campo de exaltar los valores de los grandes de la Patria y fuera de ella, dedicó con amor y veneración a los genios de la Libertad: Bolívar y Sucre. Entre las personalidades descollantes del Ecuador escoge varias y les dedica bellas biografías de alta significación. Ellos son: González Suárez, Jacinto Jijón y Caamaño, Alfredo Baquerizo Moreno y Víctor Emilio Estrada. En cuanto a personalidades del Azuay, consagrados abundantes conocimientos que enaltecen a aquellos egregios valores.
La arquitectura es sobria en sus discursos, prevalece el bien decir y el recto pensar sin los arranques oratorios y declamatorios que al decir de Verlain, «se debe cortar el cuello a la elocuencia vana y declamatoria y dar paso a la eficiencia de la persuasión». Como dice de él, Victor Albornoz, al hablar de la vasta obra literaria de Don Roberto Crespo Ordóñez: «Generalmente se inclina al elogio,por bondad, por insita caballerosidad. En las personalidades cuyas semejanzas trata, ve la parte positiva realizada por ellos. La parte negativa, propia de los hombres, prefiere callarlos, no mojar la pluma en ácido arsénico. Lo noble es buscar el lado bueno del individuo. Jamás hiere a nadie en sus apreciaciones, la verdad ante todo, sin que signifique ocultamiento de deméritos, ni signifique prescindir de sus bien cimentadas convicciones».
En 1.957 se cumplía el cuarto centenario de la fundación de Cuenca y con ese motivo hace una remembranza de la CUENCA DE ESPAÑA, en donde prevaleció el tributo del Amor y la Admiración para la Cuenca europea; rememora con añoranza la visita que hiciera a aquella Cuenca del Júcar y el Huécar, en la que meció la cuna de Don Andrés Hurtado de Mendoza por lo que en recuerdo de su ciudad nativa, imparte las órdenes de llamar CUENCA a la bella ciudad de América. En aquella memorable visita que hiciera Don Roberto Crespo Ordóñez, recibió como prenda de hidalguía castellana, las llaves del sepulcro del insigne conquense Don Andrés Hurtado de Mendoza, llaves que se encuentran en poder del Museo «Crespo Toral».
Con mayor propiedad citaré las palabras del ya mencionado ilustre escritor don Victor Manuel Albornoz, al referirse a la personalidad de Don Roberto Crespo Ordoñez: «Es el poeta, el prosador, el literato, el patriota, el ciudadano prestigioso, el economista, el hombre de las grandes empresas, el industrial, el caballero amante del progreso y la cultura».
«Su trato urbano y cortés, su carácter reposado y bondadoso que inspira confianza para la amistad, el señor fino en sus maneras, firme en sus ideas propias. Discreto y amenisimo conversador, afluye la sal del ingenio. Transmite las impresiones de sus frecuentes visitas a los países que hubo de visitar y episodios en los cuales fueron parte de su persona. Su renombre intelectual da origen para que sea designado Miembro Titular de la Instituciones Culturales del Austro y Presidente del Centro de Estudios Históricos y Geográficos de Cuenca.
Diputado por el Azuay a la Asamblea Constituyente de 1.928-1.929, en la cual se dicta la Décima Carta Constitucional de la República. Gobernador del Azuay durante el Gobierno de Don Carlos Arosemena Tola.
En las postrimerías de sus últimos años, el gobierno del Ecuador le designa Delegado para la Séptima Asamblea del Instituto Panamericano de Geografía e Historia que debe reunirse en Buenos Aires, a la cual, lamentablemente, no pudo concurrir por el mal estado de su salud. En ese mismo tiempo, el Rector de la Universidad de Carbondale Chicago-Illinois, Doctor William Morris, le invita insistentemente a que dicte en los Estados Unidos de Norte América, una serie de conferencias sobre temas históricos convenientemente seleccionados.
El 26 de Mayo de 1.946, a Roberto Crespo Ordóñez se le designa Mantenedor de la Fiesta de la Lira, evento que ha venido realizándose desde el año de 1919, en el último sábado de mayo, mucho de semejanza en los Juegos Florales de la Patria de Mistral, ahora en Cuenca del Ecuador, bajo la égida de Crespo Toral. Honorato Vásquez y un grupo de participantes que presidían el certamen de la poesía. El Mantenedor cumplió su cometido con la presencia de una nutrida concurrencia de altos valores intelectuales y en una elegante fiesta social en la que se hizo escuchar un cálido mensaje de amor a Cuenca, a su tradición arielista de connotaciones trascendentales.

Alfredo Baquerizo Moreno se expresa: «Ignoraba -grave pecado éste aunque no por culpa mía ignoraba su admirable habilidad en la prosa, sobre todo, en el discurso en el que nos ha demostrado usted el desenfado y la gallardía de un verdadero señor y dueño de ideas y palabras y, lo que es más, de un ritmo elegante, sin exageraciones oratorias. Oi en Cuenca en 1.916, el oportuno y caballeresco decir del señor su padre, Don Roberto Crespo Toral, improvisación y gentileza en una noche inolvidable de agasajos y atenciones. Hoy en el silencio y soledad de mi escritorio, vienen, llegan las páginas elocuentes de sus discursos. Cuánto le agradezco por haber obsequiado tanta cosa buena, sana y enaltecedora. El discurso, o mejor la elocuencia, pone alas en el espíritu y en el corazón; y, esas alas, las tiene usted amigo mío».
Admirable el tránsito recorrido por Roberto Crespo Ordóñez, buen sembrador y cultivador de florecidas virtudes de inteligencia y alma privilegiadas. Tuvo además el carisma de su personalidad extravertida en nobleza y elegancia de compartir en la vida social. Acaso singular este don, que no siempre se encuentra en los patriarcas del talento y la ilustración. Roberto Crespo Ordóñez nació y vivió con alas para volar en las altitudes de la inteligencia y el espíritu.
Roberto Crespo Ordóñez nació y vivió con alas para volar en las altitudes de la inteligencia y el espíritu.
Cuenca, Diciembre 1988