Aguilar José Antonio.

Sucedióle el Gral. Tomás Wright, cuyos antecedentes nos son ya conocidos: este inglés era muy popular, y a poco menester se extendió la idea de nueva conspiración. De repente fue descubierta la intentona: fue sometido a prisión el jóven José Antonio Aguilar, empleado en la casa del Sr. Luzarraga, y ayudante del Gral. Wright, en dicha empresa, patriótica. García Moreno estaba en Guayaquil, e interrogó en persona, a Aguilar. “He sido conspirador”, respondió el jóven, “porque Ud. es un tirano”. No fue posible arrancarle el nombre de ninguno de los otros conjurados. Entonces García Moreno le mandó azotar en su presencia; y cuando ya le habían dado 200 azotes, ordenó se suspendiera la ejecución y se le diera a la víctima una coopa de vino, para el recobro de las fuerzas. Aguilar tomó el vino, se incorporó y pudo hablar. “Dígame Ud. interrogó García Moreno, si el Gral. Wright está comprometido”. “Nada sé”. respondió el jóven. El déspota ordenó que se le azotara todavía; y así lo ejecutaron, hasta que la víctima perdió el conocimiento. Conmovido, indignado refería el Gral. Wright a sus amigos de Lima, a donde pudo salir prófugo, este horrible incidente de su vida. “Si Aguilar me delata, muero Yo, decía porque también yo estaba preso”. Aguilar fue enviado a las prisiones de Quito: luego veremos el fin de este infortunado, pero heroico patriota. Siguió de conspirador infatigable. En 1864 cosa de 30 eran los presos: entre ellos se hallaban los señores Ignacio y Ramón Izurieta cuñados del Gral. Maldonado, D. Pedro Pino Moscoso y otras personas de Latacunga; los enviados de Guayaquil y Manabí, tales como los Lamotas, Aguilar, el martirizado en Guayaquil y Manabí, D. Manuel Albán, de Manabí; y también sindicados en Quito, en su mayor parte, militares en servicio, como los comandantes Pedro Jaramillo, Lope Echanique, Juan Antonio Gallegos, Juan Navas, los capitanes Manuel Vásquez, Mariano Suárez, Juan Gómez Cox, Manuel Castro, Domingo Oliveros y otros. A unos se les colgó de la barra de grillos, a otros se les impuso azotes. Jaramillo había sido ayudante de Gobierno; de improviso fue apresado; y como antes había sido empleado al servicio de Urbina, se le puso en capilla, y ya se le sacaba para ser fusilado; por dicha, a influjo del Cuerpo Diplomático, fue conmutada la pena en expulsión al Brasil, vía Napo.

Sufrieron además esta pena, Lamota, Aguilar, Suárez y algún otro: pusiéronles presos, con grillos y esposas, y no le consistieron llevar el vestido necesario. En Papallacta, el jefe de la escolta les quitó los grilletes, para que pudieran salvar los pantanos. En el caserío de Santa Rosa, tuvieron oportunidad de sublevarse, se sublevaron, en efecto, aprehendieron a todos sus guardianes y proclamaron Jefe Supremo a Jaramillo, quien redujo a prisión al Gobernador de Oriente y a los jesuítas que se apellidaban misioneros. La profesión de éstos era hacer su Agosto, con el oro que hallaban los salvajes. En Junio de 1865 dos buques componían la flotilla conservadora, el Talca y el Smyrk. Enbarcáronse 250 hombres, entre sacados de los pabellones Guayas y Babahoyo, y de un regimiento. Mandábalos los Cneles. Juan Manuel Uraga, José Martínez de Aparicio y Francisco J. Martínez; los comandantes José María Quiroz, Manuel Sixto Arevelo, Marcelino Maridueña, José Gutiérrez , Baldomero Haz, Santiago Pasos, Guillermo Pareja, José Murgueitio, Juan León Arcia; los capitanes Darío Capelo, Antonio José de Sucre, Francisco Macini, Pedro Moncada, Estanislao Andrango, Modesto Alvarez, José Mercedes Brito, Joaquín Pástor, Francisco Parreño y otros tenientes, subtenientes, y alféreces. El comandante en jefe era García Moreno. Partieron el Domingo 25 de Junio, a las 7 p.m., navegaron toda la noche, por el Guayas; y el 26 a las 7 a.m. llegaron a divisar a los buques Guayas y Bernardino, fondeados tranquilamente en Jambelí. A bordo del Bernardino se hallaban el Gral. Robles, y a bordo del Guayas, el comandante Marcos y cosa de 40 hombres. Parece que el Bernardino no había sino tripulación. Marcos divisó primero el Talca, y vio que traía Bandera Inglesa; días antes habíanle visto pasar: ¿cómo hubieran presumido que llegaría en contra de ellos? Cuando ya estuvo próximo, arrió el pabellón Inglés.