518. Dávila Andrade, Sus Producciones Herméticas

Habiendo concluido la primera etapa de su producción intelectual, que fue sensible y romántica con rezagos modernistas y plena de exuberancias verbales dio un vuelco total hacia la búsqueda del silencio y del vacío cada vez más radical, al tiempo que su situación personal era tan deteriorada que lindaba con la indigencia. Entonces dio a la luz su primera ópera prima titulada «Oda al Arquitecto», diferente a todo cuanto había hecho con anterioridad por sus connotaciones panteístas, de reiteraciones letánicas, acordes con el tema religioso de la composición y en los estribillos.

Fragmento. // Oh antiguo Arquitecto de las gaseosas manos (las constelaciones) / los candelabros alzan su lengua hasta tu nombre / y mi alma adelgazada te besa entre las cosas… //

A fines de 1.947 apareció su primer cuadernillo de versos con otra célebre composición «Espacio me has vencido» en 62 págs. y portada con un dibujo suyo. El título cósmico correspondía a tan consagratorias poesías, de las más hermosas escritas en el país, insistimos en esto, donde quedaron definitivamente atrás su placidez e ingenuidad campesinas, la ternura y el tono nostálgico de sus primeros poemas, para dar paso a ráfagas de hondura», según felices expresiones críticas de Hernán Rodríguez Castelo. Fragmento. // Espacio me has vencido. Ya sufro tu distancia / Tu cercanía pesa sobre mi corazón. / Me abres el vago cofre de los astros perdidos / I hallo en ellos el nombre de todo lo que amé. / Espacio, me has vencido. Tus torrentes oscuros / brillan al ser abiertos por la profundidad, / y mientras se difieran tus capas ilusorias / conozco que estás hecho de futuro sin fin. // Amo tu infinita soledad simultánea / tu presencia invisible que huye su propio límite, / Tu memoria en esfera de gaseosa constancia, / tu vacío colmado por la ausencia de Dios. //

Los organizadores de la Fiesta de la Lira le solicitaron un poema para premiarlo con el título de Maestro, por eso les envió su composición «Invocación Humana» Fragmento. // Hazme un nido apasionado en tu garganta, / en los oscuros polos de tus ojos / donde gira el zodiaco. / Oigo tu andar que siempre está llegando / de algún modo / en los leves descuidos de las hojas / en el rumor primaveral del valle / y en el tremante albedrío de los pájaros. //

A fines del 49 con una invitación internacional y ayudado por su pariente doble el Dr. Andrés F. Córdova, viajó al Congreso en homenaje a Giovani Papini en Madrid. Al pasar por Caracas fue bien atendido por los intelectuales de esa capital.

En 1.950 contrajo matrimonio en Quito con la profesora normalista Isabel Córdova Vacas, prima hermana del editorialista de El Comercio, Humberto Vacas Gómez, en cuya casa se habían conocido. Ella era quince años mayor a él, de estado civil viuda, carácter fuerte y dominante, tenía unos cuatro realitos ahorrados con mucho esfuerzo y trabajo y un hijo –  Raúl Campuzano Córdova – que llegaría a Ingeniero y aún vive en Caracas y que le tocó sobrellevar las borracheras de su padrastro y por eso no le guarda buena memoria.

«Isabelita», como la llamaba su esposo, no era bella, pero tenía su gracia a los cuarenta y siete años de edad. Era su gran admiradora y desde tiempo atrás coleccionaba todo lo suyo, estaba consciente de su genialidad, de suerte que decidió unirse a un dipsómano, tarea durísima para cualquier mujer. I es que la mujer ama por sobre todo la inteligencia en el hombre Él, posiblemente creyó encontrar la imagen perfecta de la madre ausente y como decía que no le gustaban las mocosas, se casó muy contento, aunque su pariente y escritor Jorge Dávila Vásquez ha señalado que el poeta tuvo al sexo como algo gris, sucio, entristecedor y negativo, en cambio amaba el amor. El matrimonio lo libró de su condición de bohemio, pero no le sustrajo a su adicción por la bebida porque siguió emborrachándose, aunque con menor frecuencia. Entonces ella lo convenció y viajaron a residir en Caracas donde había petróleo y se vivía una bonanza económica maravillosa.

En 1.951 Benjamín Carrión lo incluyó en su «Nuevo Relato Ecuatoriano». El 52 bajo el título de «Abandonados en la tierra» salieron impresas varias piezas de cálida y sórdida humanidad.

El 52 el poeta se peleó con su esposa y pasó a Guayaquil. Se hospedó en la casa que su amigo Hugo Salazar Tamariz alquilaba en Las Peñas. “Mi mujer le atendía, le servía el desayuno que no lo tomaba. Había que ponerle una botella caminera de trago en la cabecera de su cama para que pudiera quedar dormido, aunque jamás se tomó ni una gota de ahí, pero con saber que estaba allí el trago, se sentía tranquilo. Era un hombre muy difícil cuando estaba embriagado. Un hombre que primero tenía un despecho profundo por todo lo que fuera política, sea de izquierda o derecha, le gustaban las cantinas que tuvieran cierta sordidez, un poco a lo Poe. De lo que yo hacía o intentaba hacer se burlaba y me decía la poesía no es para eso. Nos ignoraba, pero era un hombre que llenó nuestra existencia porque fue el que comenzó a hacer un nuevo tipo de poesía.

Un día se ausentó a Cuenca y vivió un año en la casa que alquilaba su madre en Padre Aguirre y Lamar. Buscó empleo sin lograrlo, ofreció recitales en el Núcleo del Azuay, disfrutó intensamente la bohemia. Una noche con varios amigos decidió continuar la jarana en la vecina hacienda de Marcelo Ortíz Tamariz. Al pasar por el sector llamado «El Gallinazo» donde desembocan las alcantarillas de Cuenca, cayó a dichas aguas y se ensució de excrementos. Sacado en vilo por Joaquín Zamora Barrezueta, quien era fornido y lo elevó tomandole por el cuello, fue llevado con leves empujoncitos a enjuagar a un río cercano y como estaba crecido escapó de las manos y cayó al agua. Carlos Veintimilla Jaime se arrojó valientemente y le rescató tan maltrecho que fue menester darle respiración, quedó resfriado y perdió los lentes. Todo un desastre.