176. Las Revoluciones De 1859

A fines de 1858 el Congreso Nacional reunido en Quito aprobó la concesión de facultades extraordinarias para que el General Francisco Robles García traslade la capital de la República a Guayaquil y haga frente al bloqueo peruano en aguas del golfo. En Quito permaneció el Vicepresidente Jerónimo Carrión y Palacios a cargo de la administración; pero hombre de escaso ánimo y bondad ingénita, no logró imponer el orden entre los políticos pues su especialidad eran las riñas de gallo.

Los Regidores municipales doctores Mariano Mestanza y Pablo Herrera imprimieron una hoja volante en la que protestaron por el traslado e insultaron al régimen con amenazas y adjetivos denigrantes. Juan Borja Lazarzaburo Gobernador del Pichincha, ordenó sus prisiones pero lograron fugar y se escondieron, no así el impresor Valencia, que pagó por todos y fue fusilado por la escolta (1) El senador Pedro Moncayo, de la oposición al régimen, protestó y el Gobernador lo envió detenido a Guayaquil y de allí salió deportado al Perú. García Moreno, que también era senador, huyó de Quito el 29 de noviembre, con destino a nuestro puerto, sin conocer que aquí tenía tan mal ambiente por su tenaz oposición al traslado de la capital que el Gobernador del Guayas General José Sánchez Rubio, el 31, pidió en Junta de Guerra que «lo fusilen en el Malecón como traidor a la Patria». Sin embargo nada le hicieron cuando llegó porque tuvo el buen cuidado de guardar cauteloso silencio hospedado en casa de su madre y allí pasó la Navidad en familia, por esa época escribió a Quito y Cuenca, tratando infructuosamente de alzar a varios amigos en contra del Presidente Robles, pero nadie le hizo caso, pues estaba desacreditado.

(1) Se cuenta que el infeliz Valencia al enterarse en medio camino que lo iban a fusilar, empezó a gritar y a pedir misericordia pues era padre de una numerosa familia que quedaría pobre y desamparada, pero de todas maneras lo mataron al pie de un árbol. La escena fue patética y constituye un episodio más de la barbarie que se vivía en aquellos tiempos.

 

BLOQUEO Y SITUACION INTERNACIONAL

Con la llegada de la estación lluviosa de 1859 la situación de Guayaquil se tornó cada vez más alarmante, pues el bloqueo peruano se cerraba paulatinamente sobre la ciudad impidiendo la entrada de comestibles. Las calles se tornaron intransitables, los mosquitos cernían a los sufridos pobladores con el zumbido de sus alas y las picadas de sus aguijones; no había agua potable qué beber porque la que traían de Daule era confiscada en los buques de la armada peruana y la población tuvo que recurrir a los pozos de Ciudavieja en las faldas del cerro Santa Ana, donde enormes colas de vecinos peleaban hasta la última gota de un líquido que en otras épocas solo se hubiera utilizado para menesteres de limpieza.

Las personas pudientes habían emigrado a sus haciendas y el 21 de Febrero el General Tomás Cipriano de Mosquera, Presidente de Nueva Granada, propuso en secreto al General Seoane, Ministro peruano, la desmembración de nuestro territorio por partes iguales, correspondiendo Guayas, Manabí, Loja y Cuenca a Perú. Esmeraldas, Pichincha, Chimborazo y León a Colombia y el Oriente sería cortado a la altura del río Napo. El Mariscal Castilla aceptó la propuesta y envió al Cauca al doctor Juan Francisco Selaya, que en Popayán suscribió el 16 de septiembre de ese año un convenio reservado y secreto de «Exponsión ecuatoriana», en donde se decidió terminarnos para formar parte de los territorios de nuestros vecinos. Felizmente Mosquera dio pie atrás a los pocos meses y dejó sin efecto el tratado, salvándose Ecuador por un pelo de desaparecer del mapa de Sudamérica.

SUBLEVACION DE MALDONADO

Ajenos a este convenio los políticos nacionales continuaban agitando al país con absurdas rencillas y odiosidades. En Guayaquil gobernaba Robles con la ayuda de numerosos militares: José Sánchez Rubio, José María Urbina, José María Villamil, Guillermo Franco Herrera, Pedro Campuzano, Guillermo Bodero, Manuel Tomás Maldonado, Francisco Darquea y Francisco Javier Salazar y el pueblo que le apoyaba por su jovialidad, franqueza y simpatía; sin embargo, entre Maldonado, Darquea y Salazar tramaron un complot que debería llevarse a efecto el 15 de marzo y que no ocurrió porque el doctor Camilo Casares, médico de una división de ejército y también comprometido, reveló el plan a Moncayo, que permanecía detenido en espera de su exilio forzado a Lima y que al saber la nueva se opuso a ello por temor a que la flota peruana aprovechara la oportunidad e invadiera Guayaquil ¡Actitud que fue respetada!

Mas, en la noche del 4 de abril, un ministro del régimen informó a Maldonado que al día siguiente sería apresado y saldría a Panamá, porque se había descubierto la conspiración. Maldonado creyó el engaño y a las pocas horas comisionó a Darquea para que suba a la casa de Urbina, donde estaba el presidente Robles jugando rocambor y los  lleve detenidos. Así ocurrió y al momento de bajar las escaleras se encontró con el General Franco que estaba esperando:

—¿Qué hay compadre?— le pregunta a Robles.

—Me llevan preso ….

—¿Y quién ha tenido ese atrevimiento?

—Yo, contestó Darquea, de orden del General Maldonado.

—¿Cómo? ¡Al Presidente de la República? Yo castigaré esa insolencia… y le descargó un trabucazo que lo mató al instante; porque ha de saberse que Franco era hombre que siempre gustaba andar armado con dos tabucos (2)

Francisco Darquea era hermano entero de Secundino Darquea y ambos hijo legítimos de Pedro Alcántara Darquea y Endara y de Leonor Iturralde y Grande Suárez.

Al conocer la nueva Maldonado se retiró a las faldas del cerro Santa Ana donde fortificó sus filas. El 5 de abril de 1859 Guayaquil amaneció resguardada y los bandos se preparaban a combatir, pero numerosos ciudadanos interpusieron sus buenos oficios y lograron que Maldonado y los suyos salieran con destino a Quito, no sin antes prometer que no harían armas contra el gobierno. Robles superó una crisis muy grave, pero en el corazón de su subalterno Franco comenzó a germinar un leve deseo de figuración, que meses después le llevaría a cometer el imperdonable delito de asumir la Jefatura Suprema, deponiendo a su compadre del alma que por ahora había salvado.

REVOLUCION EN QUITO

Ajenos a esos acontecimientos García Moreno y Moncayo se encontraron en Lima y como ambos estaban exilados y habían sido Senadores oposicionistas a Robles, tenían mucho en común. García Moreno salió a los pocos días a Quito, donde el Comandante de Policía Rafael Salvador, había depuesto al Vice Presidente Jerónimo  Carrión y una Junta de Notables eligió un Triunvirato revolucionario formado por García Moreno, José María Avilés y Manuel Gómez de la Torre y como suplentes a Rafael Carvajal y Pacífico Chiriboga. El depuesto Carrión huyó a Cuenca donde se hizo fuerte entre sus amigos y familiares. Urbina salió de Guayaquil y luego de algunos combates en Guaranda derrotó a García Moreno en Tumbuco, siguiendo a Quito y luego a Ibarra, dando alcance a los triunviros prófugos que se entregaron para salvar sus vidas.

Urbina fue magnánimo y los perdonó con la condición que rehicieran los malos pasos y enmendaran el error. García Moreno fugó a Manabí y salió al Perú. Mientras tanto, en el resto de la nación, la situación era grave. En Cuenca el Comandante Daniel Salvador sublevó un batallón y proclamó Presidente a Carrión que tuvo la debilidad de deponer a Robles, asumir el mando y designar al doctor Antonio Borrero para Secretario suyo. Robles se enteró de esta comedia cuencana y el 11 de Mayo felicitó al Gobernador y al Comandante General del Azuay, José Miguel Valdivieso y General Raimundo Ríos, porque al día siguiente de la proclama los habían batido por las armas, destituyendo al flamante Presidente Carrión de las altas funciones con que arbitrariamente se invistió y no temo caer en equivocaciones, si manifiesto que esta presidencia ha sido una de la más corta que registra nuestra historia, porque duró menos de un día.

EL BLOQUEO Y SUS PRINCIPALES DETALLES

Guayaquil venía manteniéndose a duras penas desde el 58, fecha en que se inició el boqueo del Golfo. El Almirante peruano Mariátegui apretaba el cerco impidiendo la entrada de provisiones. Guayaquil estaba abandonada; los pocos vecinos que aún la habitaban pasaban hambre y sed. La harina para preparar el pan de la tropa tenía que llegar por detrás, en canoas que cruzaban el estero Salado y se la peleaban en los cuarteles. No había leche para los niños. El 20 de julio de 1859 y sólo merced a una concesión que Mariátegui hizo al Cónsul español Heriberto García de Quevedo, se logró obtener algunas vituallas y los exportadores mandaron cacao al exterior para que no se continuara pudriendo en las bodegas. García Moreno entrevistó en Lima al Mariscal Castilla, acompañado por Moncayo; en esa ocasión abiertamente le planteó al mandatario peruano la necesidad de una alianza con el Triunvirato de Quito, Castilla aceptó y una vez fuera, Moncayo increpó a García Moreno.

—Siento que Ud. haya dado este giro a la cuestión actual. Nosotros no necesitamos de la alianza con Castilla y aunque la necesitáramos, no debemos solicitarla del enemigo de la Patria ….. No cuente Ud. conmigo

— ¡Usted tiene miedo!— responde García Moreno.

—Si, miedo de manchar mi obscuro nombre con una traición, fue la respuesta de Moncayo.

Desde el incidente de esa noche en la antigua y colonial calle de los Desamparados, ambos amigos se apartaron para siempre. García Moreno dominará su Patria por largos años pasando a la historia por sus abusos y errores y por qué no decirlo, por las obras públicas de sus gobiernos y Moncayo, calificado como «El Hombre de una sola idea» siguiendo la senda del idealista, respetado por todos los que conociendo sus virtudes apreciaban su valor, fue el hombre solitario en su indeclinable lucha por los principios republicanos.           

ANDANZAS DE ROBLES POR LA SIERRA

Durante los meses de junio, julio y agosto permaneció Robles pacificando las zonas central y norte de la Sierra levantadas por los triunviros de Quito que con dinero y promesas mantenían un ejército de mercenarios pastusos, hasta que el 4 de septiembre y a raíz del asesinato del Coronel Felipe Viteri, logró establecer la paz.

En Guayaquil había quedado de Jefe el General Guillermo Franco, que solicitó la intervención de los Cónsules de Francia y España acreditados en el puerto, Emilio Trinite y Heriberto García de Quevedo, ante el Almirante Mariátegui, jefe de Ja Flota peruana, con quien suscribió un armisticio el 21 de Agosto de 1859, que Robles lo desaprobó y en respuesta Franco se proclamó Jefe Supremo el día 17 de Septiembre de 1859, designando Secretario General al doctor Francisco Marcos y Crespo y Ministro de Relaciones Exteriores al doctor Nicolás Estrada y Cirio.

Esto ya colmó la paciencia de Robles, que estimaba a su compadre en alto grado y cansado de tanta ingratitud pidió un salvoconducto en Guayaquil y se embarcó al Perú. Otro tanto hizo Urbina. Mucho se ha discutido esta conducta de Franco, quien quedó de único jefe en la Costa y el Triunvirato en la Sierra.

Y como era costumbre en estos casos, Franco convocó a una Junta de notables a la que asistieron numerosos ciudadanos que lo aclamaron por unanimidad. Unos por enemistad con Urbina, a este grupo pertenecían los Carbo, Piedrahita, Noboa y Vernaza. Otros por buscar una salida económica para mejorar el comercio y la exportación, por entonces muy decaída. Tampoco faltaron los políticos sinceros como Villamil y Sánchez Rubio y los jóvenes que ambicionaban ingresar a la política por méritos propios en ese nuevo ambiente.

Franco, en cambio, no supo responder a sus partidarios, pues siendo hombre de cuartel y muy valiente por cierto, estaba lejos de tener la sagacidad y tacto político imprescindibles en todo gobernante. Uno de sus primeros actos de mando fue proponer el Ministerio General a Pedro Carbo Noboa que acababa de llegar de Europa y como éste rechazó la oferta, le persiguió obstinadamente hasta que lo obligó a buscar refugio en un consulado. Sin embargo Franco era un patriota de verdad y creía que podría sortear los peligros y dificultades del momento ¡Cuan equivocado estaba!…