RUMAZO COBO LUPE

ESCRITORA.- Nació en la clínica del Dr. Arellano en Quito el 14 de Octubre de 1933 y fue bautizada como Lupe. Hija legítima de Alfonso Rumazo González ilustre periodista y escritor y de la concertista Inés Cobo Donoso, cuyas biografías pueden verse en este Diccionario.
A la temprana muerte de su hermanita quedó de hija única, creció en la casa de la Ambato y Venezuela hasta la edad de tres años en que por causa de la nefasta dictadura civil del Ing. Federico Páez fue llevada a Colombia, donde su padre ocupó la dirección del diario “El Relator” de Cali y su madre dio clases particulares de piano.
Aprendió a leer y a escribir antes de los cinco años con la profesora Emelia Rivera, quien la acostumbró a acompañar una disquisición a toda lectura y escritura para formar juicios propios. También fue discípula de María Perlaza, quien había sido alumna de la célebre pedagoga María Montesori en Italia, que le enseñó a vivir en la tensión y el ritmo como los griegos y a ser cortés en todos los actos de la vida. Su padre le decía “Hágase fuerte porque el exilio es duro” y aprendió a tener entereza de carácter. También practicó varios años de piano en el Conservatorio de Música y en 1945 pasaron a Montevideo, iniciando la secundaria en el Liceo Francés, aprendió ese idioma, conoció a la gran poetisa Juana de Ibarbourou y leyó a los Clásicos. “La Cultura siempre es ejercicio de un cierto señorío.” Finalmente retornaron a Cali y en 1950 se graduó de Bachiller en el Liceo Benalcázar con el Premio Marco Fidel Suárez consistente en una Medalla de Plata, por un trabajo monográfico sobre Miguel de Unamuno.
Entre 1950 y el 53 vivió en los Estados Unidos con su madre y estudió en la Universidad de Tulane en New Orleans. Este último año logró el Bachelors of Arts “conciente de que todo era poco y pequeño cuando de perfeccionamiento se trata y que no existen cuestas muy altas que no se puedan ascender”. Más tarde vendrían los sucesos vitales definitorios como ella misma los ha juzgado: su matrimonio, el sentido del exilio, las muertes de su madre y esposo, el final de su padre nonagenario, su salida de la carrera diplomática.
En 1954 los Rumazo volvieron a reunirse, esta vez en Caracas, donde su padre dictaba varias cátedras en la Universidad Central. Lupe se empleó de traductora en el staff de abogados “Brismade, Buttier, Bimion, Rice and Cook”, fue discípula del gran filósofo español Juan David García Bacca y comenzó un ensayo largo sobre América analizando las entidades anglosajona y latinoamericana pues sintió la necesidad de expresarse y escribir, en esto siguió a Octavio Paz, quien lograría el Premio Nobel de Literatura en 1990. Dicho trabajo de aproximadamente 200 pags. permanece parcialmente inédito. También enviaba colaboraciones a “El Universal” donde su padre era editorialista. Fue una etapa feliz, alquilaban un departamento en la esquina de la Marón en Altamira, leían, charlaban, iban a espectáculos culturales.
En 1956 contrajo matrimonio con el notable violinista Gerardo Alzamora Vela, Director del Conservatorio de Música de Quito, a quien había conocido en Colombia y se establecieron en la capital ecuatoriana, en una quinta ubicada en el pasaje Urrutia. El 57 viajó a Caracas para el nacimiento de su primogénito Diego. El 58 nació Constanza en Quito. Por entonces su angustia existencial la llevó a iniciar un tomo de ensayos, después cambiaría su pensamiento a un vitalismo iconoclasta que deslinda las personalidades sociales de las fidedignas.
En 1960 fue contratado su esposo como Violín concertino de la Orquesta Sinfónica de Caracas y pasaron a esa capital, entonces Lupe trabajó de Ayudante de Gerencia del City Bank durante cinco años.
En 1962 apareció “En el Lagar” en 205 pags, con una presentación de Gonzalo Zaldumbide, prólogo de Mariano Picón Salas y se ubicó como la más sólida ensayista ecuatoriana, pues además constituyó un esfuerzo serio para reforzar su identidad frente a la de ese inmenso americano que era su padre. “En el Lagar,” con claro estilo y profundidad de concepto, llevó a cabo una crítica literaria de cuanto más significativo se ha producido, estudiando las repercusiones de las obras del pasado en el presente contemporáneo, revelandose contraria al realismo y al formalismo puros pues lo suyo es “muy cerebral, sin perder la intuición propia de su condición femenina de mujer meditativa con un espíritu de análisis de la totalidad del instante, no menos infinito por más breve.”
En 1964 dio a la luz “Sílabas de la Tierra” en 196 págs. Una segunda edición apareció el 66. Son siete cuentos largos que no tienen final pues están en la vida y con la vida van en busca de una imprevista transformación. La autora escribe con el propósito de particularizar esencias, partiendo de la condicionalidad ineludible de las existencias, sintetizando en una esencialidad los retazos de un existir, como si estos dieran sentido, color y dimensión a una vida, según feliz expresión de la escritora venezolana Helena Sassone y contienen un “meticuloso análisis de los personajes, situaciones y sólida construcción”, Su autora, dotada de una sorprendente madurez de conocimientos, técnica y lenguaje – según César Dávila Andrade – escribe con probidad intelectual de la calidad más rara, con un equilibrio que se adivina a la vez espiritual y moral. Una revelación. Un milagro. Lo suyo habla de la lucha en contra de las tendencias de deshumanización que prevalecen en la sociedad contemporánea, la soledad y el enajenamiento, pero su mayor contribución no es el uso de temas innovadores, sino más bien su habilidad de escribir con las técnicas literarias de vanguardia.
“Silabas de la tierra” es el título de un verso de Pablo Neruda. Lupe lo incorporó como un símbolo de influencia conciente de su permanencia en el Uruguay, pues el sur del continente americano “me llevó a deslindes muy intensos. No todo era homogéneo ni se vivía a la América de la misma manera. El hombre que miraba hada Europa en el sur y hacia los Estados Unidos en el norte. El estudio del pensamiento americano registraría esas oscilaciones, ya no solo de razón geográfica o de aculturizaciones sino de inestable identidad.” En Montevideo Juana de Ibarbourou le había hablado de las lenguas de diamante, del encadilado deslumbramiento de los hallazgos de la alfarería de sus horas todas, de su elevar en alto el lábaro de la vida pues morir o renacer era su ejercicio, inculcándole a dar vidas la vida y que la literatura tuviera esa entonación para relatar los problemas de mayor subjetividad social y humana. En cambio, en la Universidad de Tulane vio otras realidades, otras formas dé ser y sentir.
A diferencia de otras escritoras preocupadas en demostrar un problema especifico, prefiere los estudios psicológicos en que los personajes revelan sus más íntimos pensamientos. Varios de sus cuentos llaman la atención por la experimentación con el tiempo, los monólogos interiores, el fluir de la conciencia y el contrapunto, entendiendo la realidad en términos de multiplicidad y simultaneidad. Concepto básico que se encuentra en gran parte de la ficción contemporánea.
Entre 1965 y el 66 vivieron todos en Madrid en un departamento de la prolongación de la calle General Mola y recorrieron diversos países. Fue el año sabático de su padre en la U. Central de Caracas. Lupe dictó una conferencia sobre literatura femenina hispanoamericana a petición de la poetisa Carmen Conde, iniciando el desarrollo de una teoría sobre el método del intra realismo en la crítica literaria, que expuso en el XIII Congreso Internacional de Literatura celebrado el 67 en Caracas y que originaría su libro “Yunques y Crisoles Americanos” en 235 pags., y una apreciación crítica de Benjamín Carrión.
Michael Handelsman ha mencionado que Lupe Rumazo ha cultivado una gran variedad de temas literarios que va desde el moralismo de Faulkner hasta el estructuralismo de Sarduy. En cuanto a su concepto sobre las letras hispanoamericanas, ella rechaza tanto la forma criollista como la estructuralista que prevalece entre numerosos escritores contemporáneos. Los localista no producen literatura prominente por su perspectiva demasiado limitada y los estructuralista están apartados de los aspectos humanos que son esenciales para la expresión literaria. Ni realismo ni formalismo puro. Lo primero excluye el libre juego de lo creativo, lo segundo trata de volar sobre las cosas como desaido de ellas. Más bien un compromiso verdadero con la realidad libertada de las circunstancias a fin de que tiende a la universalidad. A eso ha llamado a grandes rasgos el Intra realismo. Tampoco acepta la literatura comprometida que protesta los grandes problemas sociales de Hispanoamérica mientras que olvida los elementos trascendentales de la existencia humana. La Literatura joven, que sería la hispanoamericana, quédase con frecuencia en el planteamiento de los problemas. También ha rechazado los últimos experimentos estructuralistas porque tienden a imitar los modelos extranjeros mientras que ignoran las realidades primordiales de Hispanoamérica. En América existe la margen buena de la experimentación vital, que desborda por creadora cualesquiera esquemas, estructurales o no, existe también la experimentación buscada. Su modelo literario ideal es el Intra realismo por metido dentro de la realidad.
En Julio de 1967 asoló Caracas un violentísimo terremoto. Vivían en el edificio “Dabade” que tuvieron que desocupar. El Embajador Antonio Parra Velasco les tuvo algunos días en la sede, luego residieron con el Arq. Claudio Cremer, mientras los técnicos del gobierno examinaban el Dabade para establecer si podía seguir habitado, finalmente alquilaron una quinta en la California Norte.
Colaboraba asiduamente en diversas publicaciones venezolanas como el índice Literario de El Universal y el Papel Literario de El Nacional. En 1968 falleció su suegra en Quito. Con tal motivo viajaron al Ecuador, alquilaron en el pasaje Urrutia y como al poco tiempo fue clausurada la Universidad Central de Caracas, sus padres la siguieron.
El 69 apareció “Teoría del Intrarealismo” en Cuadernos Hispanoamericanos, como separata. En el Concurso de Cuentos convocado por “El Nacional” quedó finalista entre trescientos concursantes con “La Marcha de los batracios”, que la ubicó de modo brillante en la línea más actual del relato hispanoamericano según Hernán Rodríguez Castelo, por su construcción concéntrica, sólida y brillante habilidad, estilo de riqueza especial, de madura artesanía y dominio. En síntesis, una novela de solamente dos páginas, reveladora de una situación existencial con hondura, agudeza e ironía, republicada en el tomo 46 de Clásicos Ariel en 1970.
En 1973 al reabrirse la U. Central de Caracas, regresaron a Venezuela. Al año siguiente salió a la luz su “Rol Beligerante” en 312 págs. Ernesto Sábato escribió la contraportada. La obra es un estudio serio sobre el estructuralismo literario originado en las opiniones del crítico Ángel Rama. Para Lupe, la transculturización europea se transforma en América Latina en aculturización. El libro también contiene un estudio de gran complejidad y penetración “Del Sadismo” y el cuento “La Marcha de los batracios.”
El 19 de Noviembre del 74 falleció su madre del corazón. Habían sido compañeras inseparables y grandes amigas. El golpe fue duro y le abrió amplia brecha sentimental, una revolución interior y depresión. Cuestionó entonces, por primera vez, a la vida y a la muerte y derivó hacia la novela con noción de texto, pues “Carta Larga sin Final” contiene en 308 pags, impresas el 78 en la Editorial Edime de Madrid, como todo lo suyo, relato, música y ensayo. Es un hermoso y extraño libro – iniciado al siguiente día de la muerte de su madre y dedicado a ella – libro de evocación apasionada a la madre muerta. Combinación de ensayo y géneros de ficción de una clase como yo no he visto antes, feliz expresión del crítico Northrop Frye, aunque no han faltado quienes la consideran un largo, elevado y abstracto ensayo por no contener acción y ser sus personajes conocidos, pero ella ha sabido refutarles, insistiendo en el carácter de novela, nueva sí y hasta extraña, pero novela al fin, de carácter polifónico, con noción de texto concebida en forma musical con antifonario y auto prólogo. Sábato la calificó de lo más profundo, original, impetuoso y lúcido sobre los problemas de la literatura latinoamericana.
La novela combate a la muerte y la vence, comienza en el frio absoluto y termina en el frio creador. Constituye la reconstrucción del mundo de la autora después del caos y la pérdida, devuelve la voz a la madre, la revive en un proceso creativo, intercambia con ella su rol y todo ello con un dominio absoluto del lenguaje, pero no fue comprendida en el Ecuador donde casi no ha circulado debido a nuestra pobreza intelectual y frente a una autora mucho más inteligente, lúcida y culta que todos nosotros, en palabras del crítico Leonardo Valencia, nos quedamos en babia. Por algo ella fue la discípula preferida del ilustre sabio y filósofo Juan David García Bacca cuya biografía puede encontrarse también en este Diccionario.
En 1979 asistió al XIX Congreso Internacional de Literatura Iberoamericana con “Ensayos Metafísicos en Cantaclaro”. El 81 al II Congreso de Escritores de Lengua Española con “Una Propuesta de un nuevo sistema crítico de Escritores literarios según el libro inédito Parménides y Mallarmé de García Bacca.”
A principio de los ochenta se hizo ostensible una enfermedad degenerativa del sistema nervioso de su esposo y viajaron a la Clínica de los doctores Mayo en Rochester, pero de todas maneras falleció tras lenta desintegración de la salud en 1982. Fueron meses muy tristes pues él tenía plena conciencia de la gravedad de su dolencia y cercano final. Desde entonces Lupe empezó a escribir la nueva novela introspectiva “Peste Blanca, Peste Negra” aparecida en el 88 en 323 págs. “Expresión de identidades que se transforman en pestes en cuanto penetran en otras entidades, bien para anularlas o para defenderse de esa anulación. Invasión y resistencia, dos formas de penetrar como peste de una identidad entre otras identidades para afirmarse imponiendo o resistiendo. Intensa increpación a las absurdas catalogaciones de ciertas antropologías que suprimen la identidad de esencia por la identidad de existencia. El hombre en sus diversas pieles es una unicidad.”
En 1983 había concurrido a la II Reunión de Consulta para la Historia de las Ideas en América Latina con la ponencia “El Premio Simón Bolívar, cesión dialéctica”. El 88 fue designada Agregada Cultural de la Embajada del Ecuador en Caracas y pocas veces se ha hecho en nuestra Cancillería una elección tan justa y oportuna.
En 1989 descubrió el original del Tratado de la Belleza de Juan Montalvo manuscrito en un cuaderno escolar empastado de cien hojas en los fondos de la Biblioteca Nacional de Caracas, editándolo con un hermoso prologo. El 90 trabajó el folleto en homenaje a Eloy Alfaro en el centenario de su visita a Venezuela en 89 págs. El 91 recibió la Orden al Mérito en el Trabajo que concede el gobierno de Venezuela. El 92 la Andrés Bello de primera clase de Venezuela y contribuyó a la colocación de un busto dé Montalvo.
Ese año editó “Vivir en el exilio, tallar en las nubes” en 260 pags, selección de textos críticos con prólogo de su maestro García Bacca quien manifestó que los quince ensayos había que leerlos espacio –temporalmente – para entenderlos, pues no se escucha una sinfonía de prisa y corriendo. La obra tiene un Preludio y controversias. El exilio ya no mora y se destruye la creación literaria, por eso sería un tallar en nubes como lo dijo José Martí, pero en nubes que no se van porque son no difundibles, de suerte que la frontera americana o de cualquier lugar sería derribada por las palabras. Son sus artículos largos como diálogos con varios escritores y hombres americanos, con los encuentros y desencuentros de esas ideas.
El 93 colaboró en el homenaje de la Embajada ecuatoriana a Alfredo Pareja Diezcanseco. Actualmente se encuentra atareada escribiendo otra novela para completar su trilogía, “La Escalera de Piedra” que esta llamada a superar lo meramente autobiográfico.
Con Heidegger piensa que como todo ser humano, ha sido arrojada en el mundo, lo cual la volvió rebelde y beligerante, así como a la afirmación negativa y por lo tanto reveladora al impulso de rastrear por dentro.
El 2013 ingresó a la Academia Ecuatoriana de la Lengua. Entonces recordó que si bien su determinación por escribir ha sido siempre total y en cada libro ha entregado la mayor autenticidad, no se ha guiado por una hoja de ruta ni por un pensamiento previo pues eso hubiera sido contrario a sus convicciones. Sus libros se van formando como lo enseñaba Mallarme. Cree en la felicidad y en la probabilidad.
Ha viajado mucho, sus tres hijos son ingenieros y están casados en Caracas, uno de sus nietos es un excepcional intelectual y poeta astracto en lengua francesa. Se siente feliz, realizada y aunque ya no cuenta con la compañía de su padre, en la Quinta Chimborazo de Altamira, presiden los libros, cuadros y recuerdos.
Con Alicia Yánez Cossío es la más alta nota femenina de la novelística ecuatoriana. Rumazo en la Abstracción e Introspección y Yánez en el Realismo Mágico. En 1994 fue propuesta para el Premio Gabriela Mistral, mientras en su Patria el Premio Espejo le ha sido esquivo aunque ha sido nominado en cuatro ocasiones pero dado que el ministerio de cultura es botín político en el Ecuador, la falta de una crítica seria y madura la ha vendido postengada y como no sirve en Quito que es donde se palanquea en el Ecuador la mayor parte de las preventas, sinempre es postergada; aunque es de esperar que pronto le llegará pues es una escritora de mirada y rol universales.