ROMERO Y CORDERO REMIGIO

POETA COROMADO.- Nació en la hacienda Surampalti, en Déleg, Provincia de Cañar, productora de cebada, trigo y capulíes el 13 de Junio de 1895 y fue bautizado en el Sagrario de Cuenca el día 15. El mayor de una familia de ocho hermanos donde todos serían poetas. Su padre el Dr. Remigio Romero y León (1871-1942) sobrino del Obispo de Cuenca Miguel León Garrido, era abogado y escritor, Vicerrector y Catedrático de Derecho Internacional Público y Privado de la Universidad de Cuenca por más de treinta años, autor de numerosas obras literarias, jurídicas y biográficas. Su madre Aurelia Cordero Dávila, muy menor a él, hija del Presidente Luís Cordero Crespo en su primer matrimonio, heredó la hacienda Surampalti, regada por el río Bayandel en el Azuay, poetisa intimista y delicada que cantó al dolor de las cosas corrientes. “Tenía esta maravillosa mujer el don de ser triste y era un espíritu exquisitamente sensitivo hasta más allá de los límites, testigo de la muerte de la flor pálidamente deshojada por el viento, lloraba por la irremediable tristeza del perfume despedazado, fue apasionada de la música, vivió afectada de una constante depresión y al final sufrió la dolencia cardiaca que terminó por llevarla al sepulcro”, autora de poesías melancólicas que tituló “Mensajes a la hermana Tormento”. Ambos cuencanos.
Mensaje Primero, // Hermana Tormento, / la guadañadora / ha cruzado el viento / de ocaso a la aurora, / un can macilento, / le ladró al pasar / por el alizar; / y la horrible mujer con guadaña, / Oh mi Hermana, mi Hermana Tormento, / desgarró la famélica entraña, / del can macilento, / Luego, largas miradas de búhos en busca de presa, / con las alas golpearon las nieblas y tinieblas hondas; / el crepúsculo alzó la cabeza, / irritando de miedo, las frondas; / como haces de nervios vibraron angustias / suicidóse una mar de horas mustias; / las aguas dormidas, / se escondieron en si doloridas; / parpadearon estrellas lejanas; / sobre las solanas, / pasó toda la gracia del yermo; / y mi alma – tan triste, tan mía – / y mi cuerpo – tan laxo y enfermo – / recogieron como arpas eolías, la gran melodía. // del viento… / La Guadañadora, / Hermana Tormento, / tiene el don de volverme sonora, / cada vez que me llama en el viento… / Hermana Tormento, / cierra las vidrieras que da a las barrancas, / derrama en el aire y en el pavimento / esencias de rosas que hayan sido blancas… / vísteme de negro, tiéndeme en el lecho, / júntame las manos encima del pecho.. / Prende cuatro cirios en mi derredor; / a la cabeza ponme el Santo Cristo, / haz que el camposanto tenga el hoyo listo, / y ensáyame, Hermana, cómo he de morir / sin horror, sin horror, sin horror, / porque ya se me apaga el vivir… / I por si regresa la Guadañadora, / dile que no es hora… / Pero, oh Dios, Tormento, / oyes en el viento / un extraño son./ y este latir lento / de mi corazón. // Oh mi Hermana, Oh mi Hermana, evita / y detén la oleada del viento… / es que viene, que viene, a la cita… / y no ensayo morirme, Tormento… // Mensaje Segundo.- // Yo creo en Dios lo sabes, blanca Hermana Tormento / el vino y el pan ázimo que da la Eucaristía / han sido el alimento / durante todo el día… / Si vieras cuando pasa sobre mi calofrío / la sombre de la muerte / el horror del vacío, / las rachas de la suerte… / Ay Hermana Tormento, Ay Hermana, / mi dolor sin igual se arrodilla, / bajo el sol de la tarde cercana… / La aldea sencilla / levantada en la paz de la orilla, / la campana que da al campanario / el sollozo diario; / y el buen cura de aldea, el buen cura / que lleva, con todo el cariño del mundo, / pan sin levadura / para el moribundo… / blanca Hermana Tormento, / son el cuadro de toda esta hora / en que espero, sin sombra de aliento, / el beso sangriento / que ha de darme la Guadañadora. // Creo en Dios, tu lo sabes, Tormento, / y dile al buen cura / que, cuando me traiga mañana / pan sin levadura, / para el viaje final, traiga, Hermana, / los ojos serenos, la casulla de oro, / las palabras que den menos miedo, / porque… ya no puedo – / porque vez que lloro. // Los ojos serenos han de serenarme, / la casulla de oro debe consolarme, Y las dulces palabras que diga, / hermana y amiga, / en el trance fatal de esa hora, / harán que bendiga / a la Hermana Tormento, y a la Guadañadora. // /
Tuvo nodriza, creció en la casa cuencana de patio grande y corredores anchos propiedad de sus padres en la calle Antigua cerca de San Roque y pasando los batanes coloniales. En la hacienda aprendió quichua, hizo vida libre y de felices lecturas. Desde pequeño gozó de la admiración de sus oyentes, recitando composiciones propias y ajenas con felicísima memoria y enorme facilidad pues hasta parecía que conversaba haciendo poesías..
Su madre le mimaba, le enseñó el silabario y ambos pasaban momentos inolvidables. Fragmento // Huertano y ribereño, con morada en la vega, / con maizal que yo mismo sembraba en la colina, / y el corazón colmado de una paz serraniega. // Entonces era niño, pero ya la divina / inspiración llegaba, del fondo de las cosas, / en alas harto débiles, como la golondrina.. / Mi madre y yo, cortando por la rivera rosas / y el oro que florecen las matas de retama, / éramos, rumbo al río, dos vidas melodiosas / Debajo del saucedo, que verde da su llama / el paso deteníamos; y puestos a su abrigo, / era nuestra la alfombra natural de la grama../ Hablábamos de temas que le incumben al trigo./ que atañen al anublo, que afectan a la lluvia, / al verdor del limón y a la caone del higo.. // diría muchos años después, recordando ese mundo tan íntimo y particular.
Su abuelo, el ex presidente de la República Dr. Luís Cordero Crespo, le impulsaba a continuar por esas sendas líricas y siguió la primaria en el Colegio de los Hermanos Cristianos descollando como niño genio, realizó la secundaria en el antiguo Colegio Nacional de San Luís llamado desde l.910 Benigno Malo. Allí tuvo por compañeros a Luís Chacón Rumbea, Carlos Palacios Sáenz y Alonso Neira Rodríguez, aprendió el francés, italiano, portugués, raíces latinas y se hizo famoso por sus décimas. Bachiller en 1912, quiso ser médico pero su madre le rogó que prefiriera las leyes, por eso ingresó con desgano a la Universidad de Cuenca, siguió esa carrera con estudios libres y se graduó de Abogado en 1916. I a la par que culminaba esa etapa de su vida tuvo dos hijos en una señora Guzmán, tradujo al español “El Cementerio Marino” de Paúl Valery, trabajo posiblemente perdido y “el poema Mireia” del francés Federico Mistral, versión inédita en poder de sus hijas en Quito.
El 17 era considerado el joven más bello y elegante del Azuay pues acostumbraba salir a la calle con sombrero de paja, ternos de casimir inglés y lustrosos zapatos con polainas. Medía 1.77 mtrs. Era delgado, apuesto y varonil, de faz blanca rosada, pelo ligeramente ensortijado color del trigo, ojos celestes claros, ese año compuso un Canto en la coronación de Remigio Crespo Toral y mantuvo amores con una mujer del pueblo llano apellidada Ordóñez en quien tuvo un hijo que no reconoció.
El 18 figuró con Alfonso y Manuel Moreno Mora, y Carlos Cueva Tamariz, en la revista “Anatalia” que desde su segundo número se llamó “Páginas Literarias” donde aparecieron cinco sonetos suyos designados como “Otoño, solamente otoño”. Fragmento. // Desde la aldehuela blanca / la de las tierras resecas, / al fondo de la barranca, se caen las hojas secas…//, luego el “Poema de los perros”. Fragmento.- // Son los perros anónimos, profundos. / tienen los ojos que enturbió la suerte…/ después hay tres Sonetos llamados “Nocturnos”, uno de ellos termina así: // Reza y canta… I mañana, si Malena, / Algo muerto, sin vida, frío, rígido.. / Los rebaños, las flores y nosotros../ poemas sobre asuntos triviales pero bellísimos en su forma, que se salvaron del olvido por constar en su “Romería de las CaraveIas”
De esta época es la anécdota siguiente. Se iba a coronar en Cuenca a Lola I como la reina de la ciudad y fue escogido el joven poeta Remigio Tamariz Crespo. Nuestro Remigio, resentido por la preterición, fue a Baños y coronó a la Lola, de esa localidad. El poema de su coronación envió a Remigio Crespo Toral para que juzgara cual de las dos composiciones era la mejor, si la de él o la de Tamariz ¿Dígame Ud. si es más hondo y sentido mi homenaje? así eran de candorosos y sencillos los cuencanos de entonces.
En 1919 ganó la Violeta de Oro en la primera Fiesta de la Lira con “Égloga Triste”, rara composición bucólica y campesina, evocadora y romántica, de paisajes y almas, que proclamaba el retorno al espíritu y modos de la poesía del grupo cuencano del siglo XIX. Poema sentimental de augusta sencillez sobre el paisaje claro de la serranía, que canta los amores castos y puros de un señorito – él mismo – con una dulce campesina de nombre Crisantema, quien había de dejar en el recuerdo del joven poeta la languidez nostálgica de los amores truncos.
Fragmento: // Es la moza mejor de estos lugares.. / El cura de almas que estas cura / lo dice, al verla, entre arreboles rojos, / bajar del presbiterio, endomingada, / con la luz de los cirios en los ojos…// amores que sin embargo no pudieron ser // Porque yo soy Señor, y los señores / no se casan con las novias de los pueblos…/ ni saben de los rústicos amores.// La Égloga fue recibida con delirantes muestras de júbilo y muchas ciudades de la sierra se disputaron el honor de ser cantadas por poeta tan bien dotado.
I el poema continua así: // Amor de aquella edad buena y florida, / cuando, en la paz del campo, era mi vida / la misma soledad hecha silencio; / mezcla de sol, de trigo, de mañana, / de flor de hierbabuena, / en la vejez de la ciudad lejana / me estoy muriendo de cariño y pena.. // Surampalti lejano, aguas salvajes / del Bayandel, cambiadas en paisajes, / Ñamurelti que velas la llanura // I tu, casa paterna, entre brozas, / con ventanas que dan a la espesura, / con senderos que acaban en las chozas. //
El año 20 figuró en la primera Antología de la Poesía Cuencana. Su ritmo preferido era el endecasílabo y el soneto su arte predilecto. Se le presentaba como poeta magnífico y artista perfecto de conciencia artística, de exigente escrúpulo estético y de vocación unívoca; y comenzó a enviar colaboraciones a las revistas literarias guayaquileñas. Sonetos broncíneos, fulgurantes, exactos, sentimentales y sonoros, imbuidos hasta cierto punto en modos modernistas, que concitaban la admiración del país pues en pocas ocasiones se había notado tal facilidad lírica.
Ese año se presentó en las puertas del Diario “El Guante” de Guayaquil sin más bagaje que un periódico editado en Cuenca y titulado “El Tren” y mostró artículos suyos escritos con el pseudónimo de “Américo Silva”. Los Directores Heleodoro y Francisco de Paula Avilés Minuche de inmediato se dieron perfecta cuenta que estaban frente a un intelectual y un poeta y le acogieron cariñosamente, desde entonces hizo una activa vida literaria en el puerto, porque cuando escribía en prosa ponía delicadezas de estilista. En Mayo salió su obra más famosa, el soneto “Elegía de las Rosas” en la revista Variedades. Igualmente en Cuenca aparecieron hermosas poesías suyas, el 21 su “Parábola del árbol” en Páginas Literarias.
El 22 “Nocturno XIII” en Austral, el “Elogio de Góngora” en Philelia y “En la Ruta de Ashaverus” en América Latina. El 23 “Otra Canción de Otoño en Primavera” en América Latina.
De entre lo mejor de lo suyo se recuerda el soneto “Elegía de las Rosas” que dice así //¿Que pasará de noche? No hay mañana / que no tenga el jardín rosas difuntas. / Sobre estas cosas, cariñosa hermana. / ¿Porque a Nuestro Señor no le preguntas? // Pasemos esta noche en la ventana, / los ojos fijos y las manos juntas, /para saber, mañana de mañana, /¿Porque hay en el jardín rosas difuntas? // I velamos… las doce, luego la una… / y nada. A flor de soledad la luna, / en paz lo muerto y en quietud lo vivo… // Más al prendernos Dios la luz del día, / la última rosa blanca en agonía, / y las otras ya muertas… Sin motivo… // y aquel otro a medias filosófico y a medias autobiográfico, de su época de madurez, titulado “El era un hombre raro” // El era un hombre raro… Su faz tenía grietas / como – tras el hervor negro del cataclismo – / la faz de los planetas / que dejan balanceando su medio en el abismo. // Sin duda, era el más alto de todos los poetas… / Tuvo el don de si mismo.. / y conversaba a gritos con visiones secretas… / I explicaba a la noche no sé qué catecismo. // Un día le encontraron debajo de una encina, / completamente muerto, a la hora vespertina…/ Sus ojos entreabiertos brillaban como un faro. // Jamás durmió este insomne de las palabras bellas…/ I como se pasaba siempre de claro en claro, / él fue quien puso nombre a todas las estrellas. //
Al finalizar 1923 viajó a Quito con un íntimo recogimiento de nostalgia al decir de Hugo Alemán en “Presencia del Pasado” y vinculado a los escritores jóvenes en plenitud de realización artística acentuó su forma de vida bohemia que tanto mal le haría. Iba investido del cargo de secretario privado del Dr. Gonzalo S. Córdova, candidato oficialista a la presidencia de la República, pero como la mayor parte de los escritores eran opuestos a esa candidatura por considerarla oficial y continuista y escribían en el periódico “Humanidad,” pronto estuvo entre dos fuegos. La noche del 31 de Diciembre su habitación se vio invadida de escritores. Muy cerca de las doce el abigarrado grupo desembocó en la plaza del Teatro donde nutridas escoltas de policías y pelotones de soldados vigilaban el orden en las calles pletóricas de gente. Era el período pre electoral y se temían las manifestaciones. El grupo empezó a gritar y de pronto se encontraron cercados y en trance de ser conducidos a la cárcel, pero cuando el jefe militar se enteró que entre los bulliciosos se encontraba un elemento adicto al futuro presidente, creyó que todo era broma y los dejó pasar a la sala de baile del teatro Popular, donde los jóvenes bailaron con mujeres obsesionantes merced al piadoso enigma del disfraz; sin embargo al día siguiente se conoció lo del grito y perdió el favor del candidato oficial.
El 24 pasó ocupado en afanes líricos y políticos, escribió “Elegía del terremoto” que mereció el criterio favorable de su amigo Cesar E. Arroyo. Tuvo que cambiarse de la casa de huéspedes donde habitaba y fue inquilino de una dama dipsómana que hizo buena amistad con Augusto Arias, a quien solía decir cuando este visitaba a su amigo Remigio ¡Caballero Arias salud!.
El 25 contrajo matrimonio con la guayaquileña María del Rosario Plaza Cordero (1) y tuvo tres hijos, de los cuales Remigio el mayor falleció casi enseguida y quedaron las dos restantes llamadas Mireya y Colla. Trabajaba en “El Guante” y en otras empresas, frecuentaba salones por su bohemia pues ya estaba acostumbrado a beber licores fuertes. El 26 viajaron a Quito y finalmente se separaron y terminaron divorciados. Ella casaría de nuevo en Chile donde se estableció con las niñas, que no volvieron a ver a su padre sino veinte años más tarde, lo que amargó enormemente la vida del poeta.
El 27 apareció en la revista “Savia” de Guayaquil, su poema “Sonetario de María” que había compartido honores con “Nati” de Gonzalo Cordero Dávila y con “Salterio de Agonía” de César Dávila Córdova en el Certamen celebrado en Cuenca meses atrás. Este Sonetario causó tan buena impresión que ocasionó la reacción de su amigo el poeta Hugo Mayo, adalid de los inconformistas que solo creían en la vanguardia, quien públicamente le invitó en el poema dadaísta “Oda Gaseosa”, a formar en las filas revolucionarias de la nueva cruzada de belleza, pero Romero y Cordero, dado lo “independiente de su carácter, original y único por su genio, no aceptó”.
“Libre por naturaleza, Remigio Romero y Cordero quería autonomía y su irrealidad se reveló siempre contra los cánones obsoletos” por eso no marcharía jamás de acuerdo con las corrientes estéticas y fue hasta el final una rara mezcla ecléctica de clásico, romántico y parnasiano, con ligeros atisbos modernistas. Hernán Rodríguez Castelo ha opinado que su libertad mal entendida y una facilidad para la versificación que se ha hecho proverbial – improvisaba en verso – siempre le mantuvo al margen de las corrientes nuevas y vivas de la Literatura del siglo XX.
Por eso días sus amigos cariñosamente le decían Remi. Ese año fundó el Movimiento Federalista con Carlos Palacios Sáenz, Efraín Álvarez Lara y Pedro Bellolio Pilart, redactaron un proyecto de Constitución Federalista y para la semana santa publicaron un Manifiesto. La dictadura de Isidro Ayora los apresó. Romero y Cordero y Palacios Sáenz fueron desterrados en barco a Lima pero a fines de año volvieron a Guayaquil usando un generoso salvoconducto de nuestro Plenipotenciario en el Perú, Augusto Aguirre Aparicio.
Poco después pasó a Quito de Subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores con el Canciller Antonio J. Quevedo. El 28 redactó “Canto a Ambato” poemas, el 29 “Otavalo” poemas. Cada una de sus Composición era recibida con inusitada muestras de admiración, los diarios las republicaban, la crítica le era totalmente propicia. Ese año llevó a vivir a su lado a su hermana María y numerosos hijos, que acababan de quedar huérfanos de padre, protegiéndoles mientras normalizaban su situación.
El 30 alquilaba un departamento en la casa de los León Larrea del barrio de la Merced, le agradaba las tertulias de chocolate con rosquillas en familia pero también participaba de la bohemia con poetas noctámbulos y mucho alcohol.
El General Ángel Isaac Chiriboga le instó a escribir la historia del ejército ecuatoriano; extenso y valioso ensayo histórico sobre la República, que apareció en la “Revista del Ejército.” Existe una segunda edición de 1995.
El 31 le publicaron en el Volumen II de la Editorial Bolívar de los hermanos Alfonso y José Rumazo González una recopilación amplia de su producción bajo el título de uno de sus poemas: “La Romería de las Caravelas” en 247 págs. con 28 composiciones divididas en Paisajes de Epopeya; el friso de las Églogas; los Nocturnos; Alma, vida y corazón de campos y ciudades; y Sonetario Polícromo; con prólogo del crítico Gonzalo Zaldumbide, una Viñeta de Víctor Mideros y un Intermezzo, igualmente consagratorio, de Remigio Crespo Toral. Existe una segunda edición en la Revista del Colegio Benigno Malo (1939) con inclusión de otras producciones.
En el Prólogo se indica que el libro contiene sonetos exactos, que es rico en rimas y está lleno en imágenes y en aciertos. Ante tantos y tan felices hallazgos, lo que hemos ganado en variedad y en abundancia, seguramente compensa lo que hemos tal vez perdido al esperar fijarlo en una sola vena. La obra recorre todos los senderos, el romanticismo, el parnasianismo, el modernismo y alcanza al verso libre.
// Nocturno 1.- Fragmento.- // Reza, Malena, reza… Reza o canta… / Me da miedo la noche de los páramos… / Debe pasar la muerte por el patio, / Cuando ladran los perros… Oyes? Ladran… // En la última ventana se ha posado / un lucero… ¿Qué anuncian los luceros, / mientras invoca al miedo de la Muerte / la noche de los páramos, Malena…? // Reza o canta… Una salve, un padrenuestro…/ Mis versos, otros versos, lo que fuera.. / Oyes, Malena, cómo ladran…? Oyes…? // Es la muerte que pasa… I, de mañana / se verá que algo ha muerto / algo, Malena: los rebaños, las flores o nosotros… //
La Romería de las Carabelas, fragmento // Era un día cualquiera del mar Atlante…/ Un día como todos: con espumas, / con ausencia de tierra en lo distante, / con algas, con albatros y con brumas… // Era una hora vulgar para la prosa, / en velamen, las jarcias, las estelas…/ I… sin embargo, sucedió en esa hora / la romería de las carabelas… // De Palos de Moguer, la Raza grávida / se hurtó al estero del verdoso fango, / y las viejas campanas de la Rábida / aturdieron la ruta de Cipango… // Mientras hasta Thulé la solitaria / de Atlántida temblaron los vestigios, /alciones de la bruma leyendaria / sirenas de las aguas de los siglos… // El 68 fue reeditada esta enorme composición vertebrada sobre la gran aventura de las Caravelas y la Raza que señala el destino de América, correspondiendo al Núcleo del Azuay de la CCE. tan loable labor.
El 32 su amigo Alejandro Maldonado le llevó de Secretario de la Gobernación a Latacunga y cuando este salió del cargo siguió con el sucesor Gustavo Iturralde Parreño. El 33 editó otro grueso volumen de poesías “Condóricamente” en 203 págs. en el volumen V de la misma Editorial Bolívar de los hermanos Rumazo González, quienes promovieron su coronación como Poeta Nacional en la cima del Yavirac – el Panecillo – con la pompa y boato de los antiguos tiempos, por mano de la bella Isabel León Aguirre, después casada con Lisímaco Guzmán Aguirre – no eran parientes – que vistió de Virgen del Sol.
El 11 de Junio hubo una Velada de Gala en el Teatro Sucre con su Apoteosis consistente en cinco cuadros con motivos indígenas. Cinco coreografías acompañaron las oraciones pronunciadas por otras tantas sacerdotisas representantes de las antiguas parcialidades del país. La escenificación y coreografía corrió a cargo del profesor de Danza Raymond Mauge. Tenía solamente treinta y ocho años de edad, era el poeta más famoso del país, todo parecía sonreírle, pero ya estaba comenzando a alcoholizarse.
Entonces le fue ofrecida la Jefatura de Redacción de “El Diario de la Tarde” de Quito que no aceptó. En Diciembre saludó el arribo del candidato presidencial José María Velasco Ibarra diciéndole por la prensa “Llega Ud. a tiempo y llega pleno de energía” y cuando triunfó era uno de sus mayores contertulios en Palacio, pero terminaron distanciados por un asunto de faldas y pasó a la oposición en “El Día” con una columna que firmó “Alí Bajá.”
El 34 contrajo segundas nupcias con Luz María Peñaherrera Albán y tuvieron cuatro hijos. Con Alfonso Rumazo González fundó el diario “El Pueblo”. En las vacaciones escolares llevaba a su familia en tren, conversándoles acerca del paisaje durante el trayecto. Entre el 35 y el 36 ejerció el rectorado del Colegio Pedro Fermín Ceballos. De regreso a Quito habitó con los suyos en la plazuela Victoria del barrio de San Diego. Desayunaba a las diez de la mañana casi siempre café puro pues era de poco comer y solo se servía algún alimento cuando tenía hambre. Cariñoso con todos, le agradaba el arroz de cebada que tomaba con ají en sopas. Cuando regresaba a la casa siempre traía colaciones en los bolsillos, se sentaba a escribir, prefería la cerveza, le atraía la vida sencilla y reía cuando sus hijas revoloteaban cerca. Su visión del mundo era muy propia, se contentaba con casi nada, sencillamente. En las sobremesas leía, recitaba siempre con alegría. Ya no era tan famoso. ¡El gusto literario había cambiado! por eso se ha dicho que empezó a llenarse de conflictos, pues su excelsa calidad de poeta luchaba entre el tráfago diario del hombre común que aspira a la dicha, a la satisfacción y a la seguridad de la vida y la implacable pasión creadora que era al mismo tiempo su salvación y su tortura. Parábola de la angustia que reflejaba su vida dentro del caos informe del ambiente, tratando de dar vida a los prodigios de su ideal.
El 36 dio a luz un título menor “Bolívar y la Gran Colombia” en 64 págs. Entre el 37 y el 38 fue Ministro Juez de la Corte Superior de Justicia de Ambato. El 39 salió “Jesucristo”, poema épico prologado por el Padre Aurelio Espinosa Pólit, que si bien recibió alguna acogida en los medios católicos y fue recomendado por Julio Tobar Donoso, resultó ignorado por la crítica literaria.
El 40 trabajó por la candidatura presidencial del Dr. Arroyo del Río y le escribió un folleto panegírico titulado “El nuevo Presidente Constitucional de la República” en 24 págs. e ilustraciones. El 42 volvió a Cuenca tras un cuarto de siglo de ausencia motivado por la muerte de su padre y recibió una gran bienvenida. Entre el 42 y el 43 editó tres folletos menores auspiciados por el gobierno, a saber “Romancero del hijo del pueblo”, “Cancionero patriótico de la nacionalidad ecuatoriana” y “Colombia y Bolívar” con cantos a las naciones bolivarianas. El 43 ocupó la secretaría del Correo Nacional y compuso un “Romancero de Alfaro”. Tras la revolución del 28 de Mayo de 1944 fue perseguido por su simpatía hacia el fenecido régimen.
Quizá por eso decidió el 46 ausentarse a Colombia y trabajó un año en “El Tiempo” de Bogotá pero volvió para ver a los suyos, estuvo sin trabajo unas semanas hasta Enero del 47, que aceptó ser Juez Cantonal en Pelileo con S/. 570 mensuales de sueldo y en Noviembre pasó con iguales funciones a Pangua. Cargos ínfimos que le evitaron morir por desnutrición. El 48 desempeñó la secretaría de la Dirección General de Correos de Quito con S/ 600. Su enemistad con Benjamín Carrión le cerraba las puertas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Su antiguo compañero Jorge Icaza le satirizó en “El Chulla Romero y Flores” que causó sensación pues el personaje central tenía su primer apellido y hasta se le parecía. Ello fue la comidilla de muchos días para los viejos de la Plaza de la Independencia.
Ese año apareció su “Vida, pasión y muerte de la beata Mariana de Jesús Paredes y Flores, Azucena de Quito” en 256 págs. biografía calificada de muy modesto éxito de librería. “Entonces se puso amargo” y con razón digo yo, sabiéndose como se sabía poeta grande, poeta de verdad, aunque enfermo pues tenía periodos de hasta ocho días de beber continuo. El Dr. Fernando Jurado Noboa, con la genialidad que le distingue y psiquiatra de profesión, ha dicho: Era un hombre pobre y sufrido, enorme en muchos sentidos, no aceptaba competidores en nada y cuando se enteraba que alguien hablaba en su contra decía: Déjeles que muerdan el mármol.
En Enero del 50 para salir de la pobreza que le atormentaba programó una serie de trescientos sesenta artículos en “El Comercio” de Quito con biografías de ecuatorianos ilustres en la primera mitad del siglo XX que pensó titular “Ideas y hombres para la Historia”. El Plan ha quedado bosquejado en un cuadernillo de apuntes que poseen sus hijas porque jamás llegó a ponerlo en práctica debido a la falta de apoyo e interés de los propietarios del diario.
En Febrero del 51 fue Mantenedor de los Juegos Florales de Ambato y salió “Ambato y sus Romances” en 215 págs. para inaugurar la primera Fiesta de las Frutas y las Flores bajo el auspicio de esa Municipalidad. Igualmente dio a la luz “La Quiteida” en honor a Quito, en 474 págs. que a pesar de contener pasajes maravillosos como el Capítulo XI donde revive a Atahualpa, fracasó estruendosamente. El 52 la CCE Núcleo del Azuay dio a la luz una Selección de sus poesías con prólogo de su sobrino segundo el también poeta Rigoberto Cordero y León. En Agosto fue Jefe de Prensa y Publicaciones de la Cámara del Senado con S/. 2.000 de sueldo, pero el 57 tuvo que aceptar las funciones de Revisor de Actas de dicha Cámara solamente con S/ 600 pues estaba sin trabajo y en situación de apremio. Alquilaba un departamentito en la Bolivia y América. Esos años fueron de una gran religiosidad interior y numerosos poemas fueron saliendo de su estro con mucho de autobiográfico. // Las noches que estoy solo conmigo mismo, /pienso en todas las mujeres que amé cuando podía / Mas tienen los recuerdos un modo tan intenso / que es como si a cada una la amara todavía. //
“El Grito a la Dolorosa del Colegio” Fragmento // Señora, desde el monte de soledad que habito, / triste de ser humano y enfermo de infinito; / desde los pozos negros de mis cosas internas /- veneno que yo mismo diluyo en mis cisternas; / desde el fondo del alma – la pobre enloquecida / que tiene tanto miedo del valle de la vida; / desde mi yo, tan hondo, tan lírico – tan pulcro / sediento de quietud, hambreado de sepulcro, / desde el último vértice de mi dolor sin nombre, / Voy a gritar señora, mi grito inmenso de hombre; / y puede que tu vibres, de maternal anhelo / sintiendo que mi grito pasó a través del cielo…/ Mas, el mundo estaba ocupado en otras cosas y el grito solo tuvo eco en ciertos círculos ortodoxos que no pesaban en la crítica literaria, interesada en la redención del hombre y no en efluvios personales o en escarceos literarios con figuras abstractas (láminas impresas en Europa, tenidas por seudo prodigiosas) pero Alfonso Rumazo González indicó que frente al caudal ululante de poesía, el grito se distingue por su belleza, porque expresa una aspiración constante de renunciamiento, un dolor, dolor, dolor, en vibración y transparencia de alma.
El 55 lució su gran dominio de la lengua castellana en una traducción de toda la obra de Horacio titulada “Odas, Epodos y el canto Secular” en 247 págs. en metro castellano. Sus traducciones de Horacio habían triunfado treinta años atrás en un Concurso Internacional organizado en España. El segundo puesto correspondió al jesuita Eduardo Vásquez Dodero y el tercero a Ramiro de Maeztu. Obra tan hermosa y digna de todo encomio, inédita tanto tiempo, fue rescatada del olvido por la editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.
El 57 vivió en Guayaquil escribiendo para el diario “La Prensa” de su amigo Pompilio Ulloa pero dicha publicación vespertina casi ni se vendía. El 58 intentó nuevamente ganarse la vida publicando en “El Comercio” una serie de Apellidos Heráldicos en el Ecuador, tomada del Diccionario de Julio de Atienza y Navajas, Barón de Cobos de Belchite, que acababa de sacar la Editorial Aguilar de Madrid, pero tampoco tuvo una favorable acogida de parte de los directivos que jamás supieron valorar debidamente el talento de este gran ecuatoriano. El 59 fue Auditor de Guerra en reemplazo del Dr. Reinaldo Cueva. El 63 dio a la luz un “Romancero de Jesús del Gran Poder” pedido por sus amigos los franciscanos, para quienes escribía anualmente el Sermón de las Siete Palabras o de las Tres Horas que se hacía el Viernes Santo. El 64 la Revista de la Universidad de Cuenca le dedicó un número extraordinario.
El 65 la revista “Letras del Azuay” trataría largamente de su vida y obra con el estudio de Agustín Cueva Tamariz sobre el Genio y Figura de R. R. y C. Calificado de hombre en permanente conflicto por su derecho a la vida, a la satisfacción y a la seguridad y por la implacable pasión creadora que lo obliga a destrozar sus propios sueños. Todo en uno, vivir y proyectarse, cuan difícil es en la modernidad para el creador o el artista.
Se le reconocía méritos, José Alfredo Llerena decía que era un lírico sumamente delicado, épico que había puesto en elocuente expresión el viaje más famoso de la historia y como conocedor de la historia tomaba con facilidad elementos para sus excelentes composiciones.
La estrechez de la vida le habían ido transformando en un ser introvertido, apacible y triste, muy dado a las meditaciones religiosas, pues siempre había sido ese su verdadero temperamento, a pesar de los iniciales arrebatos de sana alegría y hasta sus excesos de agresividad verbal y vida disipada. Ensimismado casi de continuo, para si y los suyos, en una especie de reclusión doméstica, que disipaba con esporádicas salidas a sitios baratos para tratar amigotes y escanciar alcohol puro. Uno de ellos era el célebre sótano llamado “El Murcielagario” en el barrio de la Ronda. Allí – en la penumbra – pontificaba ante jóvenes aedas que le admiraban apasionadamente, pues hasta el final de sus días fue un poeta de indiscutible y espectacular calidad, capaz de hacer vibrar de entusiasmo a cualquiera que tuviere dos dedos de frente, ardiente imaginación y vida en el corazón.
El 66 concluyó su libro de poemas titulado “Mallo” por el nombre del potro alazán sobre el que trata. El 67 vivía con los suyos alquilando una villa del Dr. Ernesto Caviedes en la Selva Alegre No. 615. Ciudadela Belisario Quevedo. Estaba en grave pobreza y el Congreso Nacional le asignó una modesta pensión vitalicia dada su altísima condición de lírida, pero como no habían fondos disponibles jamás la llegó a recibir y a las pocas semanas falleció de un fulminante infarto, a las cinco de la madrugada del lunes 7 de Agosto, de setenta y dos años de edad, aunque aparentaba más por su delgadez, calvicie pronunciada, gruesos lentes y palidez blanco mate.
Fue enterrado en el cementerio del Tejar y años después en 1977, sus restos apoteósicamente fueron trasladaron procesionalmente a Cuenca y desde entonces ocupan lugar preferente en el sitial de los hombres ilustres del Cementerio de esa ciudad. Esto del infarto en horas de la madrugaba casi siempre se debe a las cargas de adrenalina que envía el cerebro al resto del organismo, para forzarlo a despertar en las mañanas, lo que ocasiona la elevación brusca de la presión arterial y por ende mayor trabajo cardiaco. Nota erudita y gratuita del autor.
Dejó muchas páginas frescas de sus comienzos, calificadas de hermoso final de todo un capítulo de la poesía ecuatoriana, la eglógica cuencana, y quedan otras páginas como altivas representantes de un modo poético que pasó – que había pasado ya cuando se escribieron – pero que pertenecen a la historia de la sensibilidad estética en el Ecuador, según autorizada opinión de Hernán Rodríguez Castelo, el mayor crítico de la modernidad.
Tuvo exquisita sensibilidad y en sus comienzos fue dionisiaco, indómito y rebelde a toda realidad, por eso se negaba a aceptar las exigentes normas de la vida que frenaban las nativas fuerzas de su libertad interior y en su madurez cayó hacia abismos insondables de depresión, de los que salía con licores baratos, para volver a caer.
Tuvo voz clara y delicada para la égloga y voz altiva y de resonancias para la épica, pero siempre su voz fue abundante. Como hombre de espiritualidad y aristocracia intelectiva gozó además de una varonilidad armoniosa, pero lastimosamente todo ello sucumbió frente al ambiente pequeño y hostil. Su nobleza de sentimientos le hizo cantar a la tierra, a su comarca y al país, jamás renegó de su suerte y en los años otoñales su mundo fue de unos pocos amigos íntimos, que lo admiraban por la grandeza de su verso y la bondad de su corazón.
El 68 salió su “Libro de Riobamba” con cantos dedicados a esa ciudad. El 75 la CCE Núcleo del Azuay reeditó “Mallo” su célebre poema que tanto quería. Han quedado los siguientes trabajos inéditos: 1) Virgilio, versión castellana en metro de las Bucólicas, Las Georgicas y la Eneida. Quito. – 1940. 2) Silvestre Cañizar, memorias de un Campesino, novelina en prosa en 72 págs. Quito, 1942.- 3) Romancero de llanto por Manolete, Quito, 1953.- 4) Un drama en verso y cinco actos titulado “La máquina de coser”, Quito, Noviembre de 1954.- 5) La Gran Feria Exposición Agropecuaria e Industrial.- Latacunga, 1958.- 6) Mujeres y Mujeres, archivo de Don Juan, en 120 págs. con poesías, quizá autográficas y posiblemente de Juventud, y 7) Al pie del Cotopaxi, folleto en prosa, Quito, 1958. En realidad nada notable, pero queda su obra primera y la bellísima Romería de las Caravelas para orgullo de las letras americanas de todos los tiempos pues se trata de una obra antológica.