Rivera Villavicencio Oswaldo

(1930)

Nació en Ambato, el 11 de julio de 1930.

Licenciado en Ciencias de la Educación. Profesor de Literatura en los Colegios Vicente León y “Simón Rodríguez”, Rector del Colegio “Victoria Vásconez Cuvi”, Vicepresidente del Núcleo de Cotopaxi de la Casa de la Cultura. Segundo premio de ensayo en el Cuarto Concurso Provincial organizado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Cotopaxi. Director del grupo Literario “Galaxia”.

Obras publicadas: “Cantos Terruñales” (Poesía), 1965; “Presencia” (poesía), 1968; “Homenaje al niño” (prosa), 1969; “La Moral en las actividades humanas (Etica profesional)”, 1969; “Simón Rodríguez: pensador y maestro”, 1970; “Juventud y angustia” (ensayo), 1971.

Hombre sencillo, sin petulancias, consagrado a su tarea de enseñar en el aula del colegio secundario. Toca con destreza la guitarra; compositor de música nacional.

¡Maestro Miguel Angel! Tu desvelo

es la entrega total de lo mas puro;

está de pie y un código maduro,

se yergue ilulminando nuestro anhelo.

Los hielos de tu huesa – llaga umbría –

despertarán a aquella gran ternura

del amigo de ayer, y en la negrura,

concluirás su dulce “Biografía”.

Porque no hiciste ruido entre las cosas

¡oh joven combatiente de la idea!

ningún peligro urdió, a tu modestia.

Y al ristre de jornadas silenciosas

el hombre es cumbre, espíritu, es alta tea

aún cuando su materia no amanezca.

(De “Cincuenta y seis endecasílabos.-

Para Miguel Angel Zambrano”).

Augusto Arias, prologando “Cantos terruñales”, expresa: “Si el elogio de las ciudades se hace por los visitantes, a veces con el descubrimiento de nuevos caracteres que no acertaron a ver los huéspedes habituales, el de mayor compenetración con los motivos íntimos, el que sabe a los sentimientos originales y respira un aire que pudiera llamarse intransferible, es el que se debe a las filiales preferencias. Entre los elogios de esta guisa, señalamos los de “Cantos Terruñales” de Oswaldo Rivera V., consagrados a la ciudad de Latacunga.

El ejercicio de la versificación en el que se adiestró el buen estudiante de la Facultad Universitaria de Letras y en el que persevera el competente profesor de ahora, le sirve para buscar medidas y melodías en las que se desarrollan estos cantos cuya espontaneidad arranca de encariñadas visiones y hasta de ese intuitivo conocimiento con el que, antes de la palabra, el hijo sonríe a la madre”.

Subdirector del Núcleo de Cotopaxi de la Casa de la Cultura. Trabaja en INACAPED, Quito y ha publicado también una obra sobre tradiciones y cuentos de Cotopaxi, “relatistas” de la misma Provincia y “Vibraciones del tiempo”.