RIOFRIO SANCHEZ MIGUEL

REPUBLICO.- Nació en el caserío de Las Tres Leguas, vecino a Landaguí, anejo de Malacatos, Provincia de Loja, el 21 de Junio de 1819. Hijo natural de José Joaquín Riofrío y Piedra, propietario en el valle de Malacatos, Alcalde Segundo y luego Corregidor accidental de Loja y de Custodia Sánchez, de raza mulata, perteneciente al estado llano, posiblemente oriunda de Landaguí, que años más tarde casó con Manuel Pedreros, natural del mismo valle, tuvo descendientes, se dedicó al comercio, hizo algo de dinero y pasó a Loja donde fue vecina del barrio de San Sebastián. Marcia Stacey de Valdivieso en su obra “Miguel Riofrío Sánchez, entre la Patria y la pluma” menciona la posibilidad de que Custodia Sánchez fuera descendiente natural de algunos de los poderosos señores Sánchez de Orellana que habitaban en Loja en el siglo XVIII, propietarios del valle de Malacatos, donde solo moraban indios y esclavos. Esto explicaría la raza pues Miguel Riofrío tenía de indio, de negro y de blanco.
Poco se conoce de sus primeros años aunque debió ser protegido por sus parientes paternos los Riofrío, gente rica que tenía casas y almacenes en Loja y Piura, ciudades que se comunicaban a través del desierto de Suyana. El ir y venir de las recuas de sus mulas era incesante y los negocios marchaban bien. Uno de ellos, José María Riofrío y Valdivieso se graduó de Abogado, entró al sacerdocio, llegó a Administrador Apostólico de Loja y a Arzobispo de Quito. La familia gozaba de una posición política, social y económica expectante tanto en Loja como en Quito.
El joven Miguel estudió las primeras letras en la escuelita que Bernardo y Miguel Valdivieso mantenían en Loja, luego ingresó al Colegio San Bernardo donde recibió una educación superior para su época, aprendió latín y hasta lenguas extranjeras, visitaba las bibliotecas privadas de algunos de sus parientes pero no gozó de la compañía de su madre porque desde muy pequeño lo alejaron de ella, simplemente por prejuicios sociales.
En 1838 viajó con otros jóvenes amigos suyos a proseguir sus estudios en el Colegio San Fernando de Quito, hizo gran amistad con su profesor Francisco Montalvo Fiallos y fue compañero de Gabriel García Moreno y de Antonio Borrero Cortázar, participando en algunos Certámenes.
Graduado de Bachiller, ingresó en 1840 a la Facultad de Leyes con García Moreno, pero no realizó estudios regulares pues dedicó buena parte de su tiempo al comercio y a la literatura. En la Universidad estrechó una gran amistad con su profesor Pedro Fermín Cevallos, que como buen intelectual y farrista, ejercía mucho ascendiente sobre sus alumnos. Cevallos era por entonces liberal y no sería nada raro que iniciara al joven Riofrío en el amor a la buena doctrina. Por otra parte, el Dr. Fernando Jurado Noboa en un valioso estudio sobre Riofrío anota que desde 1843 éste mantuvo excelentes relaciones con el liberal y masón Juan Borja Lizarzaburo quien le llevó a presentar a la familia de su novia Leonor Pérez Pareja, en cuya casa terminó viviendo algún tiempo por su condición de estudiante afuereño en la capital.
En 1846 conoció en casa del Dr. Francisco Montalvo Fiallos a su hermano menor llamado Juan y escribió “La Emancipada”, considerada cronológicamente la novela ecuatoriana más antigua, ambientada en los años 1840 que fueron los últimos del gobierno floreano, “de corta extensión, aire romántico y presencia de tierra, con tipos y costumbres e intención de denuncia de las aberraciones sociales y del fanatismo religioso. Riofrío defendió a la mujer, utilizó un estilo enérgico, fluido y hasta declamatorio.” Apareció en folletín como era lo usual en la Europa de esa época sobre todo en Francia y hasta la presente existen seis ediciones: 1) La original en folletín. 2) La del Consejo Provincial de Loja de 1974 con prólogo de Alejandro Carrión donde se dice que el Dr. Miguel Riofrío fue hijo del Arzobispo de Quito lo cual no es verdad. 3.- La de 1983 de la Universidad de Cuenca en folleto simple. 4.- La de Quito de 1984 por la editorial El Conejo. 5.- La de la Universidad de Guayaquil idéntica a la tercera y 6.- La de la editorial Libresa de Quito en la Colección Antares.
Su argumento no puede ser más simple. Rosaura es una señorita de dieciocho años, hermosa, respetuosa de la memoria de su madre muerta años atrás y novia de un joven de la localidad. Su padre es aconsejado por el Cura, que desea que contraiga matrimonio con don Anselmo, sujeto muy mayor, a quien ella ni siquiera conoce. El padre ordena a Rosaura que rompa su noviazgo y se case con don Anselmo. Tras muchas discusiones Rosaura acepta solamente para impedir que su padre siga atormentando al servicio doméstico para coaccionarla y después de la ceremonia escapa del pueblo ayudada por los amigos del novio dejando a su padre y al flamante marido con un palmo de narices.
Viviendo en otra población alejada del lugar de los sucesos es abandonada por su novio, cae en la degradación moral y a la postre en el libertinaje como único modo de subsistencia. Finalmente el injusto novio regresa, le reprocha su conducta y la aconseja – en el colmo de la tontería – que ingrese a un convento, como única vía de expiación de sus “pecados carnales”. El ya está profesando como simple hermano lego o como sacerdote pues el asunto no se aclara debidamente; pero Rosaura no ha nacido para perder su tiempo en la vida contemplativa porque ama la libertad por sobre todas las cosas y sin otra aparente salida escoge el atajo del suicidio. Esta historia es relatada por un joven estudiante de medicina llamado a practicar la autopsia.
“La Emancipada”, dada la escasa circulación del folletín, no tuvo mayor trascendencia, aunque sirve para revelar el ideario liberal de su joven autor y su preocupación por la triste condición de las mujeres en esos tiempos.
En 1846, durante la anunciada invasión del general Juan José Flores, viajó a Cariamanga a preparar la contraofensiva, pues se pensaba que por allí podrían ingresar las fuerzas enemigas, pero al saberse que Flores ya no recibiría ayuda del exterior, volvió a Quito.
En 1847 fundó el periódico “La Razón” que defendió al gobierno del presidente Vicente Ramón Roca y egresó de la Universidad formando parte de una excelente promoción.
El 48 escribió su leyenda quichua en verso titulada “Nina,” un poema romanceado que trata de los tumultuosos pensamientos que agitaron a los indígenas durante los primeros enfrentamientos de la conquista española en el siglo XVI.
Nina es una virgen del Sol que vive en Quito pero tiene que huir ante la tiranía de Rumiñahuy. Con su padre Chaloya se convierten en fuentes al perderse entre los riscos y Rumiñahuy se transforma en el monte que lleva su nombre. Bellas metamorfosis dignas del pensamiento indígena, sumiso a la naturaleza con sus poderes ocultos. Esta leyenda indiana sirvió para que otros autores más jóvenes que Riofrío le imitaran en La Virgen del Sol de Juan León Mera, La hija de Shiry de Quintiliano Sánchez y Nankyjukima del padre Enrique Vacas Galindo, escritas muy al estilo del romanticismo imperante en la mayor parte del siglo XIX que produjó en Francia “Atale” de chateanbriand.
Entonces inició su pasantía como abogado, el 49 fue designado Regente de Estudios del Colegio de San Fernando, así como redactor del periódico “La Unión”. El 50 el gobierno de Manuel de Ascázubi le persiguió por cuestiones políticas y tuvo que esconderse, pero aprovechó el tiempo para preparar su incorporación, meses más tarde, el 51, a la Corte Suprema de Justicia.
Desde 1852 fue miembro importante del partido oficialista o ministerial adicto al presidente José Maria Urbina, ese año asistió a la Asamblea Nacional Constituyente reunida en Guayaquil como diputado por Loja y le designaron redactor oficial del periódico “Seis de Marzo” obteniendo de Urbina la expedición de la Ley de Libertad de Estudios, dirigió la sociedad cultural y literaria “La Ilustración”, ejerciendo un verdadero apostolado liberal, pues aconsejaba a los estudiantes, auxiliaba a los necesitados de ayuda para la publicación de sus obras en los periódicos de la época o exaltaba a los valores jóvenes con la autoridad de sus conocimientos y la influencia de su posición política. Ese año figuró entre los socios fundadores de la “Escuela Democrática Miguel de Santiago” que celebró una velada en honor a las musas. En ella triunfó el joven Julio Zaldumbide con su poesía “A la Música” y fue coronado con hojas de laurel. El discurso de orden corrió a cargo de Riofrío y en el periódico “La Democracia” de Francisco Montalvo, del que Riofrío era redactor, se estimuló el trabajo “Cuadro sinóptico de la República del Ecuador” de su maestro Pedro Fermín Cevallos, que apareció en varias entregas. Las observaciones de Riofrío motivaron a Cevallos a revisarlo, ampliando y mejorando sus conclusiones. A la muerte de su maestro el Dr. Francisco Montalvo pronunció la Elegía Fúnebre.
En 1855 fue Oficial Mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores. En Enero del 56 fue designado Secretario de la Legación ante la Nueva Granada y publicó su poesía “La Partida”. En Abril le ascendieron a Encargado de Negocios. En Bogotá fue incorporado como miembro del Liceo Granadino y actuó tinosamente en la defunción por suicidio del literato Andrade y Ponte, al que se negaba una sepultura decente. De regreso, en Junio del 57, fue electo Diputado a la Convención Nacional reunida en Loja y se esforzó por implantar los principios liberales en nuestras instituciones republicanas pero “encontró la oposición de la mayoría de la Cámara dominada por la rutina de la vieja escuela”. De la Nueva Granada, azotada por las guerras civiles trajo a tres distinguidos maestros proscritos (Belisario Peña Gómez, Francisco Ortiz Barrera y Benjamín Pereira Gamba) que el 1 de Enero de 1860 fundaron el Colegio La Unión en Loja.
En el Colegio La Unión se dictaba Matemáticas, Teneduría de libros, idioma Castellano, Latín y Francés, Literatura, Geografía, Ciencias Intelectuales, Ciencias Políticas, Derecho Romano, Canónigo y Civil, Religión, Moral, Urbanidad y Caligrafía. En l.859 Pereira fomentó el sentimiento regional lojano y mantuvo al gobierno seccional de Manuel Carrión y Pinzano con el periódico “La Federación”, ese año casó allí con María de Jesús Riofrío y Valdivieso viuda de Fernando Lequerica y Carrión y media hermana de Miguel Riofrío y tuvieron cuatro hijos. En 1860 sus compañeros Barrera y Ortiz viajaron a Quito donde fundaron otro Colegio con el mismo nombre, fusionado hasta l.863 con el Colegio Nacional, que entregó el Presidente García Moreno a los padres jesuitas. A principios del 61 Pereira había arribado a Quito y el 20 de Junio fundó la revista “El Iris”, publicación científica, literaria y noticiosa donde colaboraron notables literatos y entre ellos Peña. El 63 ocurrió el fallecimiento de Ortiz Barrera, recordado por Peña en una bella elegía. Pereira volvió a la Nueva Granada. Peña quedó en Quito casado el 61 con Carmen Bueno Landázuri, con hijos. Considerado poeta religioso y hasta elegíaco, su descendencia radica en Quito y la de Pereira en Loja, Guayaquil y Machala.
A fines del 58, al tenerse noticias de la proximidad de una invasión peruana al golfo de Guayaquil, Riofrío se trasladó con otros funcionarios del gobierno al puerto principal. En Enero del 59 ocurrió la protesta de los concejales de Quito que fueron arrestados y al tratar de huir se produjo el fusilamiento del editor Valencia. Pedro Moncayo escribió una hoja volante titulada “Un nuevo crimen, una nueva víctima”, execrando el hecho y fue desterrado por orden de las autoridades. Riofrío manifestó su indignación en el periódico “El Industrial” bajo el título de “El esclarecido Dr. Pedro Moncayo en poder de los verdugos” y tuvo que esconderse dos meses hasta obtener sentencia favorable en el inicuo juicio de imprenta que le iniciaron.
Poco después se instauró un Triunvirato revolucionario en Quito formado por su ex condiscípulo Gabriel García Moreno, José Maria Pareja y Pacífico Chiriboga. En Febrero de l.860 un grupo de urbinistas quisieron tomar el poder en Quito pero fracasaron y cuando el 11 de Abril volvieron a las andadas García Moreno dispuso la prisión del General Fernando Ayarza, anciano prócer de color, sobreviviente de la independencia sudamericana. El día 21 se realizó su inicua flagelación dentro de un cuartel, como era usual con los esclavos durante la colonia. La opinión nacional se asombró de tan incalificable ruindad, los militares suscribieron una protesta, Riofrío publicó la biografía del General Ayarza.
En Abril del 61, ya de presidente, García Moreno realizó una batida de políticos urbinistas. Cayeron presos los Dres. Marco Espinel Cornejo, Miguel Riofrío, Modesto Rivadeneira y Javier Endara, los sacerdotes Pablo Guevara y Antonio Martínez, el ciudadano español Manuel Reaño y otros más. Al Canónigo Ibáñez, que había murmurado contra el gobierno acusándole de tiránico hízole pasar por el tormento de la mordaza y el cepo de campaña toda una noche. Joaquín Sono y el Dr. Marco Espinel, redactores de “El Progreso” y “El Industrial” respectivamente, fueron enjuiciados pero el fallo les vino a ser favorables y el dictador se disgustó muchísimo, bajó a la costa y les quiso hacer apresar nuevamente, lo que no consiguió porque ambos se había asilado en una legación extranjera y finalmente tuvieron que salir del país. Juan Pablo Sanz, dueño de la única imprenta liberal de Guayaquil, cayó en la cárcel con todos sus cajistas y allí estuvo algún tiempo hasta que logró exiliarse y los cajistas regresaron mohinos a sus casas porque habían quedado sin empleo, bien es verdad que ser cajista de imprenta era una profesión altamente riesgosa por entonces. Se vivía un ambiente negativo. Los bienes del Dr. Espinel fueron confiscados en Quito. El Congreso de la República cometió la avilantes de declarar a Riofrío fuera de la ley y por caminos escondidos de la selva esmeraldeña tuvo que ausentarse a finales del mes de Julio a la Nueva Granada. Llegó extenuado a Tumaco, donde fue auxiliado por varios amigos, allí cambió de planes y tomó un buque a Guayaquil pero como viajaba con nombre supuesto fue denunciado por un hijo del General Flores. Felizmente las autoridades del puerto le dejaron seguir al pequeño puerto de Paita, situado en una zona desértica y poco comercial, donde publicó el artículo “La República en un día” dividido en siete capítulos, contando varios episodios del gobierno del presidente Francisco Robles y otros del triunvirato de García Moreno. Pasó a Piura y fue recibido amablemente por Pedro Moncayo, entonces escribió un diario de viaje titulado “Apuntes de viaje de un proscrito ecuatoriano” que apareció en l.863 y trabajó como redactor del periódico “El Comercio” de El Callao.
El 64 fue lanzada su candidatura a la Vicepresidencia de la República del Ecuador tras la renuncia del titular Mariano Cueva, que fracasó al no tener el apoyo del ejecutivo. El 65 aún seguía en Lima dedicado a las cátedras y a sus alumnos. El magisterio y las bellas letras fueron su pasión de siempre y tan feliz le hacían que llegó a escribir el siguiente verso. Fragmento // Pienso que ningún proscrito, / tanto su asilo amaría / ni cual yo decir podría: / Fui proscrito en un Eden. //
El 68 su amigo en letras Juan León Mera al publicar su Ojeada histórico crítica de la literatura ecuatoriana se escandaliza por los riesgos que toma Riofrío al escribir sobre el vacío pues “lo infinito no está vacío cuando el espíritu se remonta a él por medio de las creencias cristianas…y termina indicando que el procedimiento de Riofrío como poeta, le viene de la influencia de la escuela sentimental y llorona tan a la moda en el día y no de convicciones propias y arraigadas….lo que incluye el peligro de que a la postre surja y prevalezca el materialismo, ahogando esa misma materialidad traída como por la fuerza a modificar lo corpóreo….En otras palabras, le reprocha sus ideas liberales y las licencias literarias que asume, posiblemente tomadas a la filosofía alemana.
Lima siempre ha sido una capital culta y civilizada y le ofrecía mayores oportunidades que la atrasada y fanatizada Quito de entonces, hundida en la más negra e ignominiosa de las teocracias. García Moreno había finalizado su mandato en un baño de sangre y gobernaba en paz Jerónimo Carrión y Palacio, un presidente títere. Pedro Moncayo escribió a Manuel Bustamante del Mazo, yerno de Carrión y Ministro del Interior, solicitando un salvoconducto para Riofrío, no sabemos si se lo concedieron pero nunca hizo uso de él.
En 1866 fundó el periódico “La Alianza”. En 1870 y de cincuenta y un años de edad, contrajo matrimonio en Lima con Josefa Correa y Santiago y tendrán tres hijos. El escritor Miguel M. Luna conoció a la viuda de Riofrío, quien acostumbraba visitar en su vejez y en compañía de su hija Carmela la casa que poseía en Lima el filántropo lojano David Larreátegui. Era una dama cultísima. Su hija Carmela había casado con Emilio Godoy Agostini de nacionalidad peruana y tuvieron cinco hijos.
El 72 escribió una biografía de Pedro Moncayo, enfocando su luminosa trayectoria política, ensayo que recién vio la luz pública en 1933 en el Boletín del Instituto Mejía de Quito merced al interés que puso en ello Hugo Moncayo.
El 74 fue contratado por el gobierno peruano para traducir dos textos del francés, viajó a Europa y a su regreso apareció en Lima el “Primer libro de la adolescencia” de M. Delapalme, traducción calificada de exacta, correcta y clara, así como “Correcciones y defectos del lenguaje”, pequeño Diccionario manual para uso de las escuelas primarias del Perú, Imprenta de Carlos Prince, obra de mérito que ha inmortalizado su nombre en las letras hispanoamericanas y trata sobre la unidad del idioma español en América y la forma de evitar los defectos (barbarismos, solecismos, arcaísmos, neologismos) Este Diccionario manual apareció el mismo año en que Rufino Cuervo comenzaba a publicar sus Notas en Bogotá.
Como buen discípulo de Andrés Bello, quería Riofrío preservar la sustancia y la pureza del lenguaje, por ser parte importante de la cultura hispanoamericana.
De allí en adelante, con la aureola de proscrito insobornable, de republico liberal de doctrina y por sus obras, continuó viviendo en Lima en unión de su esposa e hijos, así como también con sus sobrinos nietos los Marchena y Bentín, a los cuales protegía. Una de ellas era la hermosa Enriqueta Marchena Bentín, primera esposa del gran poeta Numa Pompilio Llona y Echeverri.
El 75 ocurrió el asesinato de García Moreno en Quito. Riofrío escribió “La Voz de la emigración.” El nuevo Presidente de la República Antonio Borrero y Cortázar, le designó Encargado de Negocios en el Perú. En 1877 el siguiente Presidente Ignacio de Veintemilla le elevó a la categoría de Ministro Plenipotenciario para los problemas de límites y el 78 quedó en propiedad.
Luis Robalino Dávila, que ha estudiado esta gestión diplomática en Lima, ha dicho de Riofrío que fue ordenado y laborioso pues se ocupó con esmero de los intereses de los numerosos ecuatorianos que pasaban por el Perú a trabajar en las minas de Pasco, cumplió con exactitud y diligencia las instrucciones que se le impartían desde Quito, concurrió con excepcional asiduidad al Congreso Internacional de Juristas reunido en Lima, trató al Nuncio Mario Mocenni con tino no exento de firmeza y escribió varios ensayos que tituló “Cuestiones religiosas”, ayudó eficazmente a la formación de la Sociedad de Beneficencia ecuatoriana durante los aciagos sucesos de la ocupación militar chilena y se interesó vivamente en la pronta solución del conflicto armado peruano – chileno.
El 11 de Octubre de 1881, tras almorzar con su familia, se retiró a descansar, pero casi al llegar a su lecho le sobrevino un dolor muy fuerte al pecho y cayó al suelo. Le levantaron y fue acostado, pero cuando llegó el médico solo pudo constatar que había fallecido. Tenía solo cincuenta y nueve años de edad. Un fulminante infarto había acabado con tan provechosa existencia.
Por su patriótica posición en defensa de la democracia ecuatoriana está considerado un Republico pues no transigió jamás con el despotismo, prefiriendo el exilio y la pobreza a la abyección. Ejerció la cátedra del ejemplo y del diario enseñar.
Su estatura mediana, tez blanca, ojos hundidos, profundos y de mirar tristísimo, nariz grande y aguileña. Unos enormes bigotes negros cubrían buena parte de su rostro y armonizaban la amplia frente con su pelo negro, crespo y peinado hacia atrás. En 1882 su sobrino nieto político Llona editó varias de sus poesías bajo el título de “De la penumbra a la luz”. Una de sus composiciones dice así: Fragmento // No rinde al proscrito cobarde tristeza / al ir peregrino de hogar en hogar / pues mira extenderse de Dios la grandeza / por montes y valles, el cielo y el mar.
Otras composiciones suyas son: “Delirio de Bolívar”, “Las ruinas de Palmira” y “El Conde de Bholme.” Manuel J. Calle le llamó buen abogado, buen ciudadano, buen hombre público, buen escritor y mal poeta. La historia le tiene por excelente maestro de varias generaciones literarias y ejemplo de dignidad republicana frente a los crímenes de un tirano.
En su juventud tuvo en Loja un hijo natural que llamó Amador Bejarano a quien protegió y ayudó en su casa de Lima. Amador, a su vez, era hermano de madre de Ulpiano Bejarano, que ha originado una extensa familia en Guayaquil.