MONCAYO Y ESPARZA PEDRO

REPUBLICO.- Nadó en Ibarra el 29 de Junio de 1807 día que el Santoral Romano celebra al apóstol San Pedro y fue bautizado a la mañana siguiente, en la iglesia matriz, con los nombres de Pedro María, como expósito a las puertas de (su abuela materna) Josefa Páez y Freile, viuda de José Esparza y Soto, quien fue su madrina de bautizo. Fueron sus padres el Dr. Tomás Moncayo Navarrete, médico latacungueño mujeriego, ilustrado, simpático pero de una terrible irresponsabilidad pues al mismo tiempo que formaba familia con María Esparza Páez, huérfana de padre y por lo tanto desprotegida, que murió muy joven; el Dr. Moncayo procreaba dos familias más y ya era padre ilegítimo de los menores Moncayo Endara y Moncayo Plasencia.

Junto a su hermana menor Felipa Moncayo Esparza vivió los primeros años en casa de su abuela materna, quien gozaba de las rentas provenientes de unas capellanías; estudió las primeras letras en Ibarra y llegado a la pubertad su padre lo envió al Colegio Seminario de San Luis de Quito y en Agosto de 1825 se lució bajo la dirección del célebre profesor de filosofía, padre José de Jesús Clavijo, durante el Certamen que sostuvo con sus compañeros Roberto Ascázubi, Carlos Tamayo y Joaquín Tobar.

Luego siguió la carrera de Jurisprudencia en la Universidad y el 5 de Agosto de 1 829 recibió el grado de Bachiller en Derecho. Venía asistiendo a la Academia de Derecho Práctico “en cuyo tiempo desempeñó las funciones de Clase, dando pruebas nada equívocas de su talento, juicio y aprovechamiento”, fue discípulo en Economía Política del Coronel Víctor Félix de San Miguel y Cacho, practicó en el estudio del Dr. José María Lasso, profesor de Derecho Canónico trabajando numerosos estractos, memoriales y ensayos forenses y también con el Dr. Mariano Regalado. El 28 de Abril de 1832 obtuvo el grado de Doctor en Leyes, el 19 de Mayo rindió examen práctico ante la Academia de Abogado, fue aprobado y el 1 de Junio se incorporó al foro.

Era un joven vigoroso, saludable y viril, de temperamento sensitivo, activo y apasionado, aunque quizá algo retraído en sociedad pues su mayor anhelo era alcanzar el bien público a través de la acción abnegada y estoica y por ello se conservó dedicado al ejercicio de su profesión en la capital, en franca oposición a los abusos que cometía el presidente Juan José Flores y sus generales extranjeros.

En Abril de 1833 se estableció la célebre sociedad “Amigos del Quiteño Libre” cuyos fundadores fueron el General José María Sáenz del Campo que actuaba en la presidencia y José Miguel Murgueitio, secretario, en cuya casa se reunían a leer todo tipo de obras de filosofía e historia. “Allí se hojeaba a Plutarco, Cicerón y Tácito y conocían las teorías de Roger Cotlard sobre la soberanía de la razón muy en boga en aquellos días, que entusiasmaba a los jóvenes.” Dirigía esas reuniones el Coronel Francisco Hall, militar de la independencia que llegó a Colombia con cartas de presentación dirigidas por el filósofo Jeremías Bentham a Bolívar y cuya misión consistía en dirigir el vocero de la sociedad; Pedro Moncayo aparecería como redactor, el General Manuel Matheu y Herrera, Ignacio Zaldumbide Izquierdo, Manuel y Roberto Ascázubi Matheu, Vicente Sáenz, Manuel Ontaneda, el Coronel Ricardo Wright y el Comandante Pablo Barrera formaban el núcleo central de colaboradores y todos ellos el llamado Partido Nacional.

El primer número de “El Quiteño Libre” apareció el 12 de Mayo destinado a defender las leyes, derechos y durante su viaje a Guayaquil, puesto en contacto en Quito con Manuel Ascázubi le ofreció sus servicios, repitiendo las visitas con otros Cabos y Sargentos entre los que iba Segundo Medina, que en lo sucesivo fue el encargado de entenderse con los conspiradores hasta conducirlos una noche al palacio presidencial, donde los esperaban los sicarios de Flores para asesinarlos a mansalva. Así murieron Hall, Conde, Albán, Echanique, etc., en tanto Flores bajaba a Guayaquil y compraba a Mena en Julio de 1834 para poder entrar al puerto y con su complicidad logró el apresamiento de Rocafuerte y tras varios días en prisión le condujo a bordo de la corbeta yanqui “Fairfield” donde Rocafuerte tranzó con Flores, discutiéndose las condiciones entre Moncayo y el delegado floreano y acordaron un cese de hostilidades. Redactada el pacto, el Coronel Agustín Franco llevó la Minuta a Puná para que la leyeran los Chihuahuas. Moncayo la revisó como representante de Rocafuerte y protestó airadamente porque en lugar de decir tregua, se mencionaba una paz definitiva. “Esto no fue lo que acordamos”, tampoco se habla de un Congreso Constituyente, solo se dice que será convocado un Congreso extraordinario, formado por los mismos diputados que concedieron a Flores las facultades extraordinarias., provocando todo los males y trastornos que han acaecido a la República”.

De regreso a la fragata Colombia en la isla Puná Rocafuerte llevó a un lado a Moncayo para confiarle que “para obligar a Flores a dejar el poder sería necesaria una gran batalla. Soy por desgracia prisionero y no puedo disponer de mi libertad”. Moncayo le contestó “siento decirle que Flores no le dejará salir de la República y que lo tendrá siempre encadenado. Lo mejor sería no volver a Guayaquil, escribir una carta de despedida a Flores y embarcarse en el primer buque que se presente para Paita o el Callao. Ud. no es prisionero de guerra, ha sido vendido y entregado, ni el vendedor ni el comprador tienen derecho para coartar su libertad.”

La entrevista terminó en enfrentamiento, con exaltación de parte y parte. Rocafuerte le ordenó salir del país dentro de las siguientes veinte y cuatro horas pero el Dr. Luis Fernando Vivero aconsejó a Moncayo asilarse en la corbeta de guerra norteamericana “La Vicennes” y le entregó además una carta de recomendación para el Comodoro Wandwortd, quien le acogió con la más grande benevolencia, donde permaneció algún tiempo hastaembarcarse en compañía de Toribio Robles en una goleta granadina con destino a Pasto, donde figuró con otros cien antifloreanos, pero en vista de la inercia de las circunstancias, pasó al vecino puerto colombiano de Tumaco en las costas del Chocó, con la finalidad de seguir al Perú, mas a la altura del cabo San Francisco fueron abordados por el Cap. Williams de la fragata “Gracia del Guayas” que los entregó prisioneros al Comandante venezolano Zamora, quien los remitió con escolta a Esmeraldas; y como el Coronel Agustín Franco lo tenía cercado, Zamora huyó al norte de Manabí, despreocupándose de los prisioneros, que se dirigieron finalmente a Esmeraldas.

Dos días después llegó un expreso trayendo comunicaciones para Zamora. Entre ellas venía la orden de fusilamiento de los presos firmada por el Coronel José Antonio González Alminate, un oscuro militar chileno que servía de esbirro incondicional de Flores, tal el odio que Moncayo despertaba por haber despreciado la alianza de Flores y Rocafuerte y comprendiendo Moncayo que su vida corría inminente peligro, se embarcó en una goleta peruana del Capitán Acuña y partió presurosamente a Paita. De todas estas aventuras se desprendió el error en que incurrió Rocafuerte cuando afirmó que Moncayo y el ex Ministro Torres se habían unido en Pasto a José Félix Valdivieso para tramar una invasión por Manabí, invasión que efectivamente se realizó y fracasó, pero sin jamás contar con la presencia de Moncayo ni el conocimiento de Valdivieso.

Es necesario aclarar que el ala más liberal de los Chihuahuas jamás aceptó el pacto de Rocafuerte y Flores pues permitió el final de la revolución de los Chihuahuas, la continuación del floreanismo y el ascenso de Rocafuerte al solio presidencial; eso si, siguieron admiradores de Rocafuerte y luego aplaudieron la convocatoria democrática a la Convención Nacional en Ambato, de la que se excluyó al clero y a los empleados públicos.

Producido el triunfo militar de Rocafuerte y Flores en los campos ensangrentados de Miñarica, cerca de Ambato, que acabó con la más salvaje carnicería de civiles ya vencidos y que imploraban clemencia, Rocafuerte ingresó a Quito y dio inicio a su gobierno, que fue espléndido en todo sentido y duró desde 1835 al 39, en que en virtud del pacto con Flores, éste ocupó nuevamente la presidencia hasta el 43, que sin ningun pudor se hizo reelegir por seis años.

Entre 1835 y el 45 Moncayo vivió en Plura dedicado a su profesión de abogado y enviando colaboraciones a los periódicos peruanos “El Genio del Rímac” y “El Patriota Convencional”, En Agosto del 39 el Ministro Benigno Malo le concedió el honroso cargo de Cónsul ad-honorem del Ecuador en el puerto de Paita y desde esas funciones protegió las relaciones mercantiles de sus conciudadanos y atendió las necesidades de los ecuatorianos que pasaban desterrados por dicho puerto, Existe una carta muy comedida de Moncayo dirigida al Presidente Flores, agradeciendo dicho encargo, que bajo ningún concepto le reportó ventajas económicas pero muy por el contrario le acarreó un cúmulo de trabajos y gastos que asumió con la alegría de quien siente que ayudando a sus compatriotas en desgracia, obra bien,

En 1841 fue electo Diputado pero no pudo concurrir por quebrantos económicos, En 1842, estando próximas las elecciones presidenciales del Ecuador, publicó el primer número de un nuevo periódico que llamó “La Linterna Mágica” con un solo artículo firmado bajo el pseudónimo de Diógenes y titulado Candidatos para la próxima elección de presidente de la República, haciendo gala de un humor serio y de conocimientos profundos sobre los rasgos de carácter y concepciones políticas de los candidatos, El periódico causó sensación en Quito no solo por las biografías casi caricaturescas que contiene sino también por las constantes menciones al presidente Flores, genio del mal que estaba preparando en las sombras su reelección y que, ni corto ni perezoso, investigó quien era el autor del periódico, Moncayo comprendió que no podía seguir en su cargo consular y renunció enseguida, continuando su labor de periodista ya con entera libertad.

En el tercer número atacó a “La Concordia” publicación de Antonio José de irisarri y Alonso, notable escritor guatemalteco al servicio de Flores y fue respondido con causticidad, Hernán Rodríguez Castelo ha opinado que Moncayo abrió en el Ecuador la costumbre de dar retratos de alta calidad periodística, es decir, con intención, chispa, agudeza y voluntad, que solo se repetirán en “Hombres de la revuelta”, genial creación de Manuel J, Calle,

Entre el 43 y el 45, a raíz de la Constitución llamada Carta de Esclavitud impuesta por Flores a los ecuatorianos, Moncayo le retiró su amistad, Entonces editó “El Viejo Chihuahua” donde escribió bajo el seudónimo de “El Proscrito”, De esta época también es el rompimiento de la amistad con Manuela Sáenz, gran floreana, pues ella había estado espiando sus pasos y los de los demás exilados y comunicándose con Flores,

Al producirse la revolución del 6 de Marzo de 1845 regresó al país “lleno de prestigio, respeto y consideraciones”, fue electo Diputado, concurrió a la Convención Nacional y formó parte del bando olmedista que lideraba Rocafuerte, con quien volvió a amistar y fueron las figuras mayores del lado liberal y sus intervenciones las más directas y duras contra el fenecido régimen floreano y en materia religiosa tuvo de contrincante al Obispo de Botrén, José Miguel Carrión y Valdivieso, Efectivamente, en la sesión del día 12 de Noviembre manifestó: Que no debiendo cerrarse a nuestra juventud la carrera de las ciencias, porque eso sería impedir el desarrollo de la civilización en un país llamado a ocupar un lugar distinguido entre los pueblos ilustrados de la tierra por el genio y el talento de sus habitantes, sería conveniente a aplicarlos a objetos más útiles e importantes a la sociedad, de manera que las rentas que actualmente se hallan destinadas a la enseñanza de la teología y de la jurisprudencia se destinen a la enseñanza de la química, la mineralogía, botánica y que de este modo se podrían descubrir los tesoros ocultos que encierran nuestras montañas, que habiendo colegios en la mayor parte de las provincias, podía destinarse sus rentas a los establecimientos de escuelas primarias y secundarias en cada parroquia para generalizar más la ilustración y difundir las luces en la clase más ignorante y menesterosa; que así adelantarían las ciencias, prosperarían las artes y el comer cio, y la industria y la agricultura recibirán el influjo benéfico de la civilización.

Julio Tobar Donoso le reconocerá al impetuoso y eléctrico tribuno, su apasionada elocuencia, que tenía toda la exuberancia, el brío y la altivez propias de su carácter, Abelardo Moncayo indicará que solo es corazón y todo él fuego, aun cuando simplemente razona, rara vez habla, su voz es prolongado rugido, Moncayo salta, rómpese, bufa, vuelve a estrellarse de súbito y truena con el grito de todos los oprimidos, con los ayes de la libertad agonizante o ya aherrojada y con todas las imprecaciones de la víctima contra el tirano y los inicuos que lo sostienen,

Cuando triunfó la candidatura

de Vicente Ramón Roca pasó a la oposición calificando de pillos a los diputados roquistas y sostuvo el desconocimiento de los tratados de la Elvira por los cuales el estado se había comprometido a pasar una renta anual al odiado Flores, Entre los proyectos de ley que presentó estuvo uno muy curioso por el cual ningún diputado podía recibir nombramiento alguno del ejecutivo por cuatro años.

Nuevamente Diputado en los Congresos de 1846 y el 47 por las provincias del Guayas y de imbabura respectivamente, con el apoyo de Pedro Carbo propuso que se devuelvan los bienes de la familia Flores confiscados en 1845 pues desconocía posiblemente la forma fraudulenta en que habían sido habidos, al tiempo que hacía periodismo político usando los pseudónimos de El Viejo Chihuahua, Diógenes, Demócrito, Rugier, etc, Al fallecimiento de Rocafuerte le dedicó un emocionado Elogio,

También hizo cabeza de la oposición y cuando a fines del 48 y hallándose en Piura, Diego Noboa Arteta comenzó a atacar por la prensa al gobierno de Roca, Moncayo fundó el periódico “El Progresista”,

Nuevamente Diputado en 1849, lanzó un panfleto titulado “Libro de Racán” contra el Presidente Roca, y otro titulado “Ultimo Día” contra los adversarios de la Sociedad Democráticas,

Mientras más se aproximaba la fecha de la inauguración del Congreso, la lucha de los partidos fue haciéndose encarnizada y al llegar el 9 de Agosto no pudo inaugurarse por falta de quórum pero al día siguiente, a eso de las dos de la tarde, arribó Moncayo desde Piura, considerado la cabeza de los periodistas oposicionistas,

Como a pesar de las múltiples elecciones ninguno de los candidatos (Antonio Elizalde y Diego Noboa) obtuviera las dos terceras partes de los votos que se requería para ser electo, fue encargado el poder al Vicepresidente Manuel Ascázubi, su íntimo amigo desde los tiempos de El Quiteño Libre, sobre quien Moncayo ejerció una poderosa influencia obteniendo la designación de Ministro General para Benigno Malo, elemento moderado aunque antiguo floreano. Caído el gobierno de Ascázubi y producida la lucha de partidos, unos con Noboa y otros con Elizalde; se llegó a un Tratado en la Florida, fruto del cual fue la convocatoria a una Convención Nacional para el 8 de Diciembre; Moncayo, Diputado por Pichincha, presentó una Exposición fundamentada contra la oligarquía militar, otrora extranjera y ahora nacional.

En 1850 y avizorando el sesgo que tomarían los acontecimientos ante las maniobras de los jóvenes militares José María Urbina y Francisco Robles, que Moncayo vio como un nuevo peligro – el del militarismo nacional – rompió con Noboa, renunció a su condición de Diputado y decidió pasar a Guayaquil con destino a Piura. En mitad del camino Urbina le hizo perseguir del Comandante Juan Manuel Uraga, pero Moncayo pudo arribar a su destino sano y salvo y hasta recibió un banquete de sus partidarios y admiradores. En febrero de 1850 el General Urbina daba un golpe de estado, Noboa fue designado Jefe Supremo y Ascázubi depuesto.

Participó ese año en la campaña presidencial por el bando de Noboa aceptado en Guayaquil mientras en Cuenca lo era el General Elizalde, fundó “Fray Francisco o el Padre Tarugo” y escribió con el seudónimo de “Tarugo”. Moncayo era un civilista empedernido y consideraba al General Antonio Elizalde Lamar, por el hecho de ser militar y a pesar de su brillante actuación en los feroces combates de la Elvira de 1845, como un peligro público en ciernes.

En Febrero de 1851 Noboa fue electo Presidente por cuatro años y se rodeó de inmediato de elementos tradicionalistas, en cambio Moncayo era un demócrata en el extenso sentido de la palabra y destacaba por ser uno de los publicistas que con más ahínco se había consagrado al estudio del difícil tema de la cuestión de límites, rama en la que tenía la mayor versación y un conocimiento profundo. También era el máximo exponente de las doctrinas liberales del país por el entusiasmo con que trataba de expandirlas, el ímpetu y la fuerza con que combatía por la imprenta a los que abusaban del poder, la fe y la esperanza de sus luchas, su incorruptibilidad, su moderación en todo, su talento incuestionable, la perseverancia verdaderamente apostólica que desplegaba en lo concerniente a la defensa de esas doctrinas.

El 8 de Diciembre siguiente se reunió en Quito la Convención Nacional, Moncayo se excusó de asistir como Diputado por Pichincha y envió su Juan Pedro y de su muerte y la de su madre ocurridos el mismo día 16 de noviembre. Ella por hemorragia en el parto y él por insuficiencia respiratoria a las dos horas de nacido. Su esposa debía ser linda si no sufriera constantemente del hígado lo cual la mantenía sumamente delgada. Había estado tratándose tres años en Lima sin resultados visibles. Entonces Moncayo devolvió las joyas y demás bienes de su esposa a los familiares de ella y cuando en el futuro tuvo que intervenir como abogado en asuntos familiares, no cobró.

Manuela Sáenz desde 1844 anunciaba el noviazgo de Moncayo, que duró ocho años por la pobreza de él. “No he visto una pasión más ardiente”. Ella era enfermiza, vivía en la hacienda “La Capilla” de propiedad de su madre, tenía buen trato, era orgullosa como nadie y estaba contenta con su novio. Aquellos que la conocían la llamaban cariñosamente “la marquesa”.

En Lima se dedicó a reclamar a ese gobierno las satisfacciones y reparaciones que debía al Ecuador por la protección y auxilios prestados a la invasión criminal de Flores, consiguiendo el ofrecimiento solemne de no darle asilo, que se aplazara la solución de la cuestión limítrofe, así como el pago de la deuda a Colombia por los auxilios prestados en la Guerra de la Independencia. El 53 protestó por la circulación de un mapa mentiroso en que aparecía el territorio ecuatoriano horriblemente reducido a las regiones de la costa y sierra y poco después lo hizo ante los agentes diplomáticos de los Estados Unidos, Inglaterra y Francia. El 26 de Junio de 1854 suscribió una magnífica Memoria, conjuntamente con los Ministros de Colombia y Venezuela, por un intento de colonización peruana en la amazonía. Al concluir su misión publicó un brillante ensayo sobre los derechos ecuatorianos en esas regiones y proponía la mancomunidad con los gobiernos de Colombia y Venezuela, ante el problema limítrofe con Perú.

Ese mismo año fue acreditado con igual calidad ante los gobiernos de Inglaterra y Francia con sede en Paris, para allanar las dificultades promovidas por el Ministro de esa última nación en Quito, quien no solamente hacía cargos injustos por indemnización de daños sufridos por varios súbditos franceses en la provincia de Manabí, sino que expresaba su reclamación en términos ofensivos. En 1857 suscribió en Paris un Convenio de Pagos sobre capital e intereses por la Deuda colombiana yse dedicó a cultivar amistades valiosas como la del sabio Boussingault, en cuya casa conoció a los principales hombres de letras, ciencias y artes franceses de aquella época. Demás está indicar que Moncayo hablaba fluidamente el inglés y el francés, idiomas que había aprendido con Diccionarios.

En 1858 pidió las Letras de Retiro y volvió a su Patria. Ese año concurrió como Senador al Congreso, atacó e interpeló al gobierno del General Francisco Robles. “El país está estacionario porque no hay iniciativa ni espíritu de progreso en los miembros de la administración pública, causante del desaliento nacional. Defendió el derecho de las Logias masónicas a existir en el territorio nacional que habían sido prohibidas por el Congreso del año anterior. Ley que había sido objetada con toda razón por el ejecutivo.

Con motivo de la grosera conducta del Ministro Plenipotenciario peruano Celestino Cabero, se tornaron tensas y peligrosas las relaciones entre ambos países por los afanes imperialistas del Presidente del Perú Ramón Castilla.

Robles trasladó la capital al puerto principal para afrontar su defensa y la municipalidad de Quito protestó por este hecho. Dos regidores – actualmente serían concejales – fueron apresados con Vicente Valencia, regente de la imprenta donde se había trabajado la protesta. Los regidores pudieron escapar, no así Valencia, que fue fusilado sin fórmula de juicio cuando le llevaban al destierro. Moncayo publicó una hoja titulada “Un nuevo crimen, una nueva víctima”, denunciando el asesinato cometido contra un ciudadano ejemplar y el atropello a la libertad de imprenta, de manera que fue detenido y lanzado al destierro pero al arribar a Guayaquil le fue ofrecida la Jefatura Suprema de una revolución por los Generales Secundino Darquea y Francisco Javier Salazar, propuesta que por supuesto no aceptó. De haberlo hecho, quizá nos hubiéramos librado de la terrible guerra civil de 1859 – 60 y del inicio de la larga y tenebrosa tiranía garciana.

En Lima se le unió García Moreno, que se había alzado en armas contra el gobierno legítimamente constituido y acababa de ser derrotado por el General Urbina en la batalla de Tumbuco. García Moreno empezó a entrevistarse secretamente con el presidente Ramón Castilla. Una noche convidó a Moncayo y ambos fueron introducidos a Palacio por un edecán, tomando una de las escaleras reservadas que llevaba hacia un gabinete oscuro sobre la calle de los Desamparados. En la entrevista se descubrió Castilla, ofreció su alianza a García Moreno y le dio todas las seguridades posibles, prometiéndole llegar a una paz honrosa que sería benéfica para ambos países. García Moreno se dejó alucinar y aceptó todo. Cuando volvieron a sus alojamientos los dos amigos, Moncayo dijo: Siento que Ud. haya dado este giro a la cuestión actual. Nosotros no necesitamos de la alianza con Castilla y aún cuando la necesitásemos, no debiéramos solicitarla del enemigo de la Patria. Ese paso se parece mucho al del Conde don Julián, introduciendo a los moros en España. Nosotros vamos a llevar a los enemigos del Ecuador al seno de nuestra Patria, para que la humillen, ultrajen y pisoteen como intentaron hacerlo en 1828. Castilla quiere borrar las derrotas vergonzosas de Saraguro y Tarqui, anular los tratados de 1829 y apropiarse del rico e inmenso territorio amazónico que nos pertenece. No mi amigo, yo no aceptaré una liga semejante. Busquemos el apoyo de un gobierno más leal y desinteresado que el gobierno cartaginés del Perú.

I concluyó: ¡No cuente Ud conmigo] García Moreno contestó: ¿Ud. tiene miedo? y se retiró precipitadamente cuando fue respondido por Moncayo con estas cáusticas palabras: Tengo miedo, miedo de manchar mi oscuro nombre con el tinte de una traición abominable… Desde entonces no volvieron a hablarse, transformándose una vieja amistad en odiosidad entre ambos.

El 26 de Octubre de 1858 el Presidente Castilla dispuso el bloqueo del golfo de Guayaquil y el 21 de Noviembre se presentó en la rada del puerto principal acompañado de García Moreno, quien lanzó una Proclama declarando que los peruanos venían como amigos del Ecuador. Poco después el General Guillermo Franco Herrera asumía la Jefatura Suprema de Guayaquil desconociendo al presidente Robles, quien se embarcó para el sur. Franco le mandó a ofrecer a Moncayo la secretaría de su gobierno que este no aceptó. Entonces Franco, para evitar que los peruanos bombardeen Guayaquil y la incendien totalmente, aceptó que éstos bajaran a la Atarazana y fraternizaran con los guayaquileños, medida diplomática que sin embargo ha sido muy criticada, sin considerar que el perverso de todo esto fue García Moreno, responsable de la traída a Guayaquil del enemigo de su Patria.

Ese año publicó “Cuestión de Límites”, cuya segunda edición apareció en 1905. Notable trabajo histórico y jurídico, el primero escrito en nuestro país sobre tan importante problema.

Entre 1859 y el 60 cundió el desgobierno en el Ecuador. Quito proclamó un Triunvirato que presidió García Moreno, Loja la Federación con Manuel Carrión y Pinzano y Guayaquil permaneció en la Jefatura Suprema del General Franco. Finalmente las fuerzas combinadas de Flores y García Moreno tomaron Guayaquil el 24 de Septiembre de 1860 y se unificó el país. Durante todo este tiempo Moncayo se situó al margen de estos vergonzosos acontecimientos.

En 1862 se trasladó a Chile pues su estadía en el Perú estaba en contra de sus principios de nacionalismo ecuatoriano y establecido en Santiago publicó “Análisis del titulo 27 del Libro IV del Código Civil, la impugnación de los Censos” después pasaría a Valparaíso escribiendo para el decano de la prensa sudamericana “El Mercurio”.

Entre 1862 y el 63 empezó a reunir documentos e impresos para escribir una Historia del Ecuador. Pedro Fermín Cevallos le facilitó varios de propiedad del común amigo Pedro José Cevallos, que Moncayo necesitaba para su obra.

En 1866 el Concejo Cantonal de Ibarra, su tierra natal, aceptó su generoso donativo de mil volúmenes de su propiedad para fundar la Biblioteca Pública de esa ciudad. Mas, al arribar tan precioso cargamento por manos de su amigo Pedro Fermín Cevallos, intervino la Curia y separó numerosos volúmenes que fueron puestos aparte por ridiculas sospechas de contener herejías contra la ortodoxia del dogma católico y años después una mano absurda los quemó o hizo desparecer para evitar todo contagio mental, considerado por esos días como altamente peligroso. Al triunfo del liberalismo en 1895, asustados los autores de tal crimen intelectual, destruyeron los índices bibliográficos para que no se pudiera comprobar el delito y todo quedó bajo un velo de misterio.

Posteriormente ocupó Moncayo la presidencia de la sociedad “La Unión Americana” que prestó grandes servicios durante el conflicto de los aliados Chile y Perú contra España en 1867, fue miembro honorario de la Sociedad de Bellas Letras de Santiago y de la Facultad de Leyes y Ciencias Sociales de la Universidad de Chile.

Entre sus publicaciones de esa época se recuerdan “Estudios referente al camino de Ibarra al Pailón” y “Las colonias agrícolas en la costa de Esmeraldas”. El 70 dio a la prensa el folleto escrito dos años atrás “El 10 de Agosto y el ciudadano Vicente Rocafuerte”. El 72, otro expatriado célebre Miguel Riofrío, escribió desde Lima una biografía sintética de Moncayo, que el 11 de Octubre del 76 redactó su testamento. Un año antes, al conocer la muerte del dictador García Moreno en Quito, había publicado “El Tiranicidio”.

En Chile vivía vinculado a los más importantes personajes del pensamiento y la ilustración y era frecuentemente invitado a la sala de tertulias de los Lastarria, Matta, Santa María, Vicuña Mackenna, Bilbao, Gallo, Errázuris, hombres que representaban la doctrina liberal que él venía sirviendo y gozó además de ciertas especiales consideraciones y aprecio. El eminente publicista Benjamín Vicuña Mackenna le hizo padrino de bautizo de su hija primogénita llamada Blanca y fue tutor de los sobrinos Ortúzar del presidente Montt. El día en que el pueblo chileno inauguró el monumento del patriota José Miguel Carrera pronunció un Discurso.

También escribía para diarios y revistas defendiendo la causa americana, combatiendo a la invasión francesa a México, aplaudiendo el triunfo de la Federación en la guerra de Secesión norteamericana y la liberación de los esclavos del sur. Por eso se ha dicho que el tiempo de la dictadura garciana no fue desaprovechado enteramente por Moncayo.

Luego escribió contra los Presidentes Borrero y Veintemilla. A éste último satirizó bajo el seudónimo de “Ignacio de Majaguilla” y al subir Caamaño al poder trató de ayudar por todos los medios a Alfaro y demás exilados en Lima.

El 15 de Enero de 1881 vivía en la calle de la Planchada No. 79, hoy Serrano, en Valparaíso, cuando un violentísimo incendio intencional hizo que los dos ancianos que habitaban en él, abandonaran sus equipajes, papeles y libros, pues apenas tuvo tiempo para salvar la vida y perdió todo, sus libros, documentos y hasta los originales manuscritos de una Historia del Ecuador que tenía finalizada. Se dijo entonces que el Incendio había sido provocado justamente para evitar que dichos documentos salieran a la luz pública porque contenían pasajes vergonzosos y hasta denigrantes de sin tener a nuestra disposición los archivos públicos, hemos tropezado con infinitud de dificultades; pero el amor al país y a la verdad nos ha dado aliento para seguir adelante en nuestro propósito que es el de fijar bien los hechos y el carácter de los hombres que nos han hecho tanto mal. He aquí la Narración documentada que entregamos al criterio imparcial de nuestros lectores”.

En 1887 escribió a los jóvenes redactores de “El Imbabureño”. Mucho celebro que hayan consagrado Uds. a establecer un periódico en nuestra provincia. Les aconsejo que den vida a su periódico ocupándose únicamente en el progreso de la Provincia… procuren Uds. popularizar la biblioteca y asistir con frecuencia a su salón, donde encontrarán Uds. un vasto material para instruirse con variados conocimientos. Adiós hijos míos, los abrazo de todo corazón y aprieto la mano de cada uno de Uds.

Roberto Andrade ha descrito sus últimos días: “Habitaba en casa de una señora francesa y tiempo hacía ya que no podía andar más espacio que el comprendido entre un sillón y la cama. Levantábase muy temprano y al sillón. La señora le repetía a menudo: Señor Don Pedro, debe Ud. acostarse, mire que ya Ud. no debe salir de entre las sábanas. – Cuando me vaya a morir – contestaba el anciano, como si tuviera seguridad de conocer por el presentimiento la aproximación de su último instante. Un día llamó a la señora a eso de las cinco de la tarde. – Venga Ud. présteme apoyo para acercarme a la cama, voy a morir – Se acostó, dio sus postreras disposiciones en corto espacio de tiempo y expiró tranquilamente, con la misma dignidad que había caracterizado todas sus acciones y pasiones”

Sus últimos años habían sido de absoluta paz y serenidad, ceguera y casi abandono. Superó su soledad al sucumbir sin reproches ni sobresaltos. Fue extremadamente arrogante, animoso, atrayente y gallardo. Su rostro blanco pálido, la frente espaciosa y despejada, la calvicie pronunciada, los labios finos y siempre contraídos como si tuviera la expresión desdeñosa o adusta. El bigote largo, poblado y cuidado, se curvaba en alas lustrosas que imprimían cierta marcialidad al semblante.

Las estrecheces de sus primeros años, su aislamiento fecundo, su vida de sobriedad – casi de austeridad completa – de renunciación al gozomundano por preocupaciones de índole espiritual, debían florecer en la altura de la piedad para el desvalimiento humano…por eso tuvo la vida del combatiente ardoroso, acaso malentendido, signada por el numen del sacrificio.

Una vida llena de acciones dirigidas únicamente hacia el ideal de Patria, vida alta, agitada, señera, combativa, que asimiló las más sutiles esencias del idealismo, de romanticismo y de anhelos de democracia y libertad. Para él la Patria nunca fue un triunfo sino agonía y deber. Su palabra hecha para resonar en la tribuna fluía con naturalidad y limpidez, viva, persuasiva, interesante. Su estatura alta y bien proporcionada, su andar majestuoso y solemne, como quien resguarda su decoro de las acechanzas de la envidia o de la familiaridad. Parecía un gentleman¡ aseguró un cándido admirador y en ideas fue siempre un americano liberal “lleno de virtudes cívicas sin esperanza de retribuciones ni asomo de quebranto”.

Despertaba simpatías respetuosas porque guardaba las distancias, aunque su intensidad afectiva y honradamente cariñosa para cuantos se le acercaban en demanda de consejo o en defensa de sus intereses, le hacía acoger a los desvalidos, desprotegidos y débiles.

Tuvo pasiones intensas, encendidas, violentas, pero sabía dominarlas y su prosa corre – sobre todo en su historia – según opinión de Hernán Rodríguez Castelo, en bien construidos y armoniosos períodos o párrafos, pero insuflandoles brío, vida, fuerza y gracia. Fue uno de los escritores ecuatorianos más representativos de la primera mitad del siglo XIX y lo es en amplio registro de maneras, tonos y usos retóricos, que dependen, en buena parte, de la evolución de su espíritu. A lo uno y a lo otro se ha de atender para una valoración justa de su ejercicio de prosista, que se extendió ininterrumpido, importante, combativo y combatiente, luminoso, por más de medio siglo. Fue apasionado y combativo en El Quiteño Libre y La Linterna Mágica, orador como diputado y senador en los Congresos Nacionales, pues conocía la historia y la aprovechaba con oportunidad, intelectualizado y docto en sus textos y ensayos, finalmente doctor y con alta pasión patriótica en su Historia (El Ecuador de 1825 a 1875 sus hombres, sus instituciones y sus leyes)

“Como orador fue discípulo de Rocafuerte. Usó de un tono subterráneo y amargo, que se iría haciendo más breve con el correr de los años hasta dar en la visión tremendamente apasionada de su historia” y sin embargo la más veraz de todas.

Fue hombre de una sola idea que se alzó solitario en medio de sus contemporáneos y sobre la pequeñez de nuestra política nacional, donde casi siempre el triunfo es de los bribones, justamente por eso.

En 1905 apareció en la Imprenta Nacional, Quito, su estudio “Cuestión de límites entre el Ecuador y el Perú según el Uti Posidetis de 1810 y los Tratados de 1829.” En 1908 se publicaron sus obras: “Colombia y el Brasil. Colombia y el Perú” y “Ojeada sobre las repúblicas Americanas”.

Pedro Moncayo comparte con Eloy Alfaro el glorioso título de los más grandes revolucionarios ecuatorianos del siglo XIX pues fue Patriota del Quiteño Libre como revolucionario Chihuahua exilado, y sujeto de prestancia internacional como exilado liberal hasta su muerte. I a pesar de los años que han transcurrido todavía existen espíritus pequeños que gozan al tratar de denigrarle pasando por encima del pensamiento de Abelardo Moncayo, quien le definió así: Pedro Moncayo solo es corazón y todo él fuego, aun cuando simplemente razona, rara vez habla, su voz es prolongado rugido. Formidable turbión de nuestra cordillera, Moncayo salta, rómpese, bufa, vuelve a estrellarse de súbito y ruge y truena con el grito de todos los oprimidos, con los ayes de la libertad agonizante o ya aherrojada, y con todas las imprecaciones de la víctima contra el tirano y los inicuos que lo sostienen.

Hernán Rodríguez Castelo en el volumen IV de su Historia de la Literatura Ecuatoriana al hablar del estilo de Moncayo indica: Es uno de los escritores más notables y representativos de una primera y larga mitad de nuestro siglo XIX y lo es en amplio registro de maneras, tonos y usos retóricos, que dependen, en buena parte, de la evolución de su espíritu.

Carlos Paladines Escudero en “Sentido y trayectoria del pensamiento ecuatoriano” indica que las limitaciones de la crónica histórica y la crítica documental que no iban más aya del establecimiento de los hechos fueron superadas por Moncayo para pasar a un nivel interpretativo. Obra la de Moncayo escrita para combatir el tradicionalismo y para difundir los nuevos planteamientos, privilegiando de este modo la lucha a favor del liberalismo, en cuya fase de ascenso y conquista del poder Moncayo jugó un papel importante.