MONCAYO JIJON ABELARDO

REPUBLICO.- Nació en Pasto y allí fue bautizado el 6 de Junio de 1847. Hijo legítimo del Dr. Andrés Moncayo Sierra, abogado de origen riobambeño y de Mercedes Jijón Andrade, natural de Atuntaqui quien abandonó a su esposo estando encinta para viajar a Pasto.

Huérfano de padre a los dos años, aprendió las primeras letras, gramática, aritmética e historia con sus tías paternas Angela, Lucía y Catalina Moncayo Sierra, que vivían en la Plaza del teatro en Quito, en grave pobreza. Su madre vivía en Pasto y formaba una nueva familia con el comerciante Joaquín Pérez Delgado.

En 1859 inició la secundaria con el célebre latinista Buenaventura Proaño. En 1860 entró al Colegio de San Luís y fueron sus profesores los doctores Miguel Egas, Manuel Páez, Manuel Almeida y Carlos Casares, de filosofía y matemáticas.

En 1862 el Colegio de San Luís fué entregado a los jesuítas y con su compañero Federico González Suárez, eran los dos alumnos más pobres de la clase y había días que concurrían sin desayunar, arregló y clasificó los libros de la Biblioteca Nacional revueltos a consecuencia del terremoto de 1859. “Este incidente determinó en su espíritu el ansia del saber y la pasión por la lectura, que tan sólida instrucción habría de darle por el bien de la Patria”

En 1863, interrumpiendo sus estudios regulares, ingresó de novicio a la Compañía de Jesús. Al año siguiente ayudó en el San Luís como profesor sustituto de latín y castellano. En 1865 leía a Montalvo, estudiaba a los enciclopedistas franceses y se tornó racionalista; sobretodo le gustó el Contrato Social de Rousseau, a la par que destacaba por sus bien hilvanados y hermosos sermones. En 1867 pasó a enseñar al Colegio San Vicente del Guayas regentado por la Compañía en Guayaquil. En 1868 dirigió en Riobamba las clases de “media latinidad” y de francés, sustituyó al profesor de Filosofía y pronunció un discurso panegírico sobre Mariana de Jesús.

Entonces García Moreno depuso en Enero de 1869 al presidente de la República Javier Espinosa e inauguró su dictadura, “culminando la traición de la República,   sancionada   en la Constitución de ese año, que desnaturalizó el derecho del hombre a Ia libertad de conciencia”.

Moncayo se encargó en Cuenca a finales de ese año de la clase “suprema de latinidad”, dictó literatura, aprendió raíces griegas y leyó a Condillac, Loocke, Coussin.

El padre Borda, S.J., le dió lecciones de física y química y dijo de él: “Como religioso es prudente, ilustrado, piadoso, por lo común de buen criterio, moral en sus costumbres y fiel cumplidor de sus obligaciones en el magisterio.”

Eran tiempos de grandes transformaciones sociales y políticas, en 1870 se entusiasmó con la caída de Napoleón III y la unificación de Italia, admiraba a Giuseppi Garibaldi, creía en la libertad y el progreso de los pueblos y discutía dentro del claustro, así pues, decidió separarse de la Orden y el 15 de Diciembre del 69 escribió al director Francisco Javier Hernáez y tras reiteradas objeciones (27 de Julio y 23 de Noviembre) alcanzó su libertad en enero de 1871. Luego declaró: “Francamente que anduvieron – los jesuitas – muy generosos conmigo, que dada la sans facon con que yo procedía, de una oreja debieron haberme puesto en la calle”. Tenía veinte y cuatro años de edad y ocho de noviciado, era considerado un gran orador, conocía las doctrinas materialistas y el positivismo de Spencer y se había separado temporalmente de los textos jesuítas. Como latinista gozaba de fama en Quito y hasta daba clases a los sacerdotes y como poeta había publicado algunas composiciones, ciertamente hermosas aunque resentidas de clasicismo.

Inmediatamente viajó a Ipiales a conocer a Montalvo de quien era “fanático admirador, hambriento de la más leve hoja suelta que venía publicando desde 1865”. De nuevo en Quito en Octubre de 1871 fue profesor de Gramática Castellana con ocho pesos mensuales de sueldo, en la escuela superior de niñas de la profesora Josefa Salazar en la calle del Comercio Bajo y allí trabajó hasta 1875. Mientras tanto García Moreno le había ofrecido la dirección de la escuela Santa Prisca o la de Guangacalle con veinte pesos mensuales, que Moncayo rechazó indignado, pues jamás aceptó ser de los espíritus que se venden por una dádiva.

El Dr. Aparicio Ortega comentaría después que Moncayo declaró: Esto es una burla a mi miseria decorosa, refiriéndose al ofrecimiento presidencial, debiendo entenderse este rechazo al hecho de que Moncayo era un idólatra de la libertad que predicaba Montalvo en sus escritos.

Por eso días colaboraba en diversos periódicos liberales de Guayaquil, Quito y Cuenca y se enredó con la joven Juana Terrazas de Pazmiño, de solo veinte años, separada de su esposo, seductora y de grandes ojos negros que atraían, alta y atractiva, huérfana, criada por su tío el sacerdote Miguel Terrazas Andrade, que pasaba por “rojo” y había formado el criterio liberal de su sobrina

El 73 ingresó a la conspiración contra el dictador. Luego dirá: “Había que escoger entre la Patria o el déspota”. Tenía solo veinte y seis años y “no obstante su juventud era ya un filósofo que había ahondado en el enredo aparatoso de la historia e hilvanada con fechas, batallas y revoluciones, su sentido esotérico”.

“De barba colorada, pecoso, de cara fina, amigo de la literatura y la poesía, sociable y apóstol de las concepciones liberales en política. Era un joven de talento ilustrado y de intachable conducta”. Moncayo vivía en la Plaza del Teatro donde reunía todas las noches a los comprometidos, de suerte que puede afirmarse que fue el alma del grupo y le solicitó a Juanita que se entendíera con el Comandante Francisco Sánchez, que terminó comprometido con los conspiradores pero jugaba a dos aguas porque al mismo tiempo servía de agente del Ministro del Interior, General Francisco Javier Salazar.

El 6 de Agosto concurrió armado al pretil del Palacio y cuando apareció el dictador acompañado de su edecán José Martínez Pallares, sujetó de los brazos a este último para que no se interponga entre el asesino Faustino Rayo y su víctima, luego hizo varios disparos, no atinó ninguno y al ver la caída de García Moreno, del pretil del Palacio al empedrado de la calle, aprovechó la confusión y se alejó por San Agustín del brazo de Roberto Andrade. “Iba muy pálido y permaneció oculto hasta el 2 de Octubre en casa de su amigo Ramón Gortaire.

En Febrero de 1876 contrajo matrimonio con Dolores Andrade Rodríguez en el predio “La Quinta”, cercano a Otavalo, propiedad de su suegro y allí permanecerá protegido por numerosos amigos y cuantas veces iban a cogerle, lograba ocultarse, hasta que pasaba el peligro. A fines de año se entrevistó con Montalvo en la hacienda Peguche. Alfaro quiso llevarlo a Quito, al posesionarse Antonio Borrero de la presidencia de las República, pero Moncayo tuvo recelos.

En 1877 fue electo Diputado por Esmeraldas aunque no pudo concurrir al Congreso. En 1878 compuso la silva “A Montalvo” y poco a poco se dio a conocer. Escribía mucho y bien contra la dictadura de Veintemilla en los periódicos “La Candela” y “El Combate” y por ello fué perseguido y declarado fuera de la ley en 1882. Posteriormente, si lo permitía la situación del juicio criminal que le seguían pues tenía automotivado desde 1883, dictaba clases, intervenía en polémicas doctrinarias, disertaciones históricas, sin descuidar tampoco el apostolado laico. Examinó la cuestión limítrofe con el Perú y para su defensa personal escribió “Alegato sobre la prescripción” y todo esto a la sombra bienhechora de los árboles de “La Quinta” que no pudo abandonar durante los diecinueve años que van de 1876 a 1895, en que ascendió al poder el liberalismo. “Años de infortunio, crisol a mi constancia en el sufrimiento”.

Durante todo ese tiempo se dedicó a enseñar a sus jóvenes cuñados e hijos, tornándose metódico en extremo. Leía en voz alta a los clásicos, a Calderón de la Barca, Víctor Hugo, Shakespeare. En 1885 escribió una carta al ciudadano Presidente de Colombia Dr. Rafael Núnez, el 87 alabó los méritos de la joven poeta Mercedes González Tola, el 89 refutó a Honorato Vasquez defendiendo la memoria del Mariscal Lamar, el 90 publicó una crítica a la novela Cumandá de Juan León Mera conteniendo numerosas observaciones a la sicología de los personajes, pero mereció la respuesta de Vicente Pallares Peñafiel, el 94 desagravió a su compañero Felicísimo López, escribió la biografía del Dr. Mariano Acosta y en el bisemanario “El Iris” de Guayaquil mantuvo la columna titulada “Haya Luz”.

Altriunfar el liberalismo en 1895, pidió en un folleto la “Abolición del concertaje de indios” y fué designado Bibliotecario de la Universidad Central pero al mes pasó de Rector del Colegio Nacional de Ibarra. En 1896 fué designado Gobernador de Imbabura. Casi enseguida fué electo diputado por el Carchi y Vicepresidente de la Asamblea Nacional Constituyente de Guayaquil. Con los diputados gumerciendo Yepes y Felicísimo López redactó el proyecto de Ley de Educación que fué aprobado y entró en vigencia, ley que se considera el comienzo del laicismo en el Ecuador.

Instalado el Congreso en Quito en enero del 97, por impedimento de Manuel Benigno Cueva lo designaron Presidente e impuso la banda a Alfaro. Igualmente obtuvo la creación del Colegio Nacional “Mejía” y para organizar el ramo educativo trabajó en la aprobación de la ley de Instrucción Pública que finalmente entró en vigencia el 29 de Mayo, derogándose la anterior de 1892 y sus decretos complementarios.

Suscribió el contrato de terminación del ferrocarril Guayaquil – Quito, en Octubre ocupó el Ministerio del Interior y Policía y con el Doctor Manuel Benigno Cueva dirigió las conversaciones secretas con Monseñor Guidi y luego con Gaspari en Santa Elena. En septiembre de 1898 renunció al ministerio por diferencias con Flavio Alfaro, celoso de la influencia que ejercía Moncayo sobre su tío el Presidente. Entonces pasó a ocupar la gobernación de Imbabura aunque por corto tiempo y nuevamente fué llamado al Ministerio del Interior donde permaneció hasta la expiración del mandato constitucional de Alfaro en 1901, habiendo contribuído a la fundación de los colegios Manuela Cañizares, Juan Montalvo, Colegio Militar, Escuela de Bellas Artes y Conservatorio de Música. Igualmente importante fué su labor conjunta con González Suárez a fin de obtener la pacificación de la República y el final de las rencillas religiosas.

A principios de 1901 influyó con José Peralta y Juan Benigno Vela para que Alfaro designe sucesor a Leonidas Plaza Gutiérrez.

En 1902 polemizó con Luís Cordero sobre límites y en defensa del alfarismo. Entre 1902 y el 5 ocupó la Senaduría por Imbabura desde 1903 desempeñó el rectorado del “Mejía” siendo un adelantado de los principios liberales y del laicismo. Por eso se ha dicho que “renovó el ambiente nacional y liberó a las conciencias”. Entonces defendió en el Senado y por la prensa el proyectado ferrocarril del sur. En 1904 fué atacado por Manuel J. Calle por la prensa pero replicó con un opúsculo titulado “El Monstruo de Calle”.

En 1905 comenzó a colaborar en “El Tiempo” con artículos titulados “Porrazos a porrillos” acusando al régimen de Lizardo García de ser participe en el negociado con el fondo de participación de los bonos del ferrocarril. El Gobierno contratacó haciendo aprobar una ley que exigía el título de Bachiller para desempeñar los rectorados de los Colegios y Moncayo renunció al del Mejía.

Triunfante la revolución y vuelto Alfaro al Poder en Enero de 1906 fué miembro del grupo político “La Fronda” que presidía José de Lapiere cuya finalidad consistía en lograr la expulsión de los jesuitas del país, pero éstos se defendieron con el “milagro” de la vírgen del Parpadeo, hoy llamada la Dolorosa del Colegio San Gabriel, se alborotó el cotarro y la Fronda no pudo llevar a cabo su propósito. Fue electo Senador por Imbabura y Vicepresidente de la Asamblea Nacional Constituyente.   En   1907   intentó la construcción del ferrocarril al Oriente. En 1908 ocupó nuevamente el rectorado del Mejía y la presidencia de la Cámara del Senado y al enfermar el Presidente Alfaro y viajar a Guayaquil, lo reemplazó varias meses como Encargado del Poder Ejecutivo; mas, por falsas acusaciones de ambicionar el poder para entregarlo a su cuñado el General Julio Andrade, perdió el favor de Alfaro que de regreso a Quito le esperó en la estación de Chimbacalle y díjole “Aquí estoy, he llegado antes que su cuñado” y no le permitió que lo abrazara. Moncayo tuvo que publicar el folleto “Aclaraciones”. Un mes después mandó a un piquete de soldados a que gritaran al Congreso “Abajo Moncayo” y éste volvió a defenderse con “Exposición obligada” y se retiró de la política acogiéndose a los beneficios de la jubilación con ciento ochenta sucres mensuales; sin embargo fue rehabilitado y designado Ministro Plenipotenciario en Washington pero no se posesionó a causa de la revolución de 1910.

En 1912, después del   asesinato de su cuñado el General Andrade, fué obligado a salir del país por el Presidente Plaza, compartiendo el exilio con José Peralta y José de Lapierre. En la capital peruana hizo amistad con Ricardo Palma, Manuel González Prada y otros intelectuales de nota. De Lima volvió en 1915 a una finca de su propiedad en Cumbayá pues se encontraba mal de salud.

En 1916 se instaló a vivir en Quito, tenía solo sesenta y nueve años, “extenuado, enfermo, pero siempre valeroso” y el 29 de junio de 1917 falleció a los setenta años recién cumplidos “desligado de prejuicios y fanatismos, creyendo en Dios aunque totalmente alejado de la religión católica” y fue enterrado en el cementerio de San Diego desechando los auxilios religiosos “que constituyen el sojuzgamiento de las conciencias libres al dogma opresor”.

En 1923 los Talleres Nacionales publicaron “catorce ensayos magistrales salidos de su pluma” en

387 páginas, con el sugestivo título de “Añoranzas” e introducción del doctor Pío Jaramillo Alvarado, el resto de su producción sigue dispersa en periódicos y revistas de la época. Dejó escrita una autobiografía aún inédita. En 1956 aparecieron sus “Cantos de Libertad.”

Nervioso, austero y de mirada franca, estudioso, talentoso, rebelde, independiente de criterio, vehemente y de excelente memoria. Su ostracismo le convirtió en mártir, su actuación en la constituyente del 96 en uno de los fundadores de laicismo en el Ecuador, sus posteriores funciones en sostenedor y mantenedor de las conquistas liberales en el Ecuador, por eso esta considerado un repúblico.