203. Las Soberbias Ferruzolas

Hacia 1.870 vivía en Guayaquil un apreciado joven y caballeroso colombiano llamado Rafael Gómez (a) Maravilla, por ser propietario del almacén de ropa confeccionada de hombre así llamado. Gómez era un gran pie para el baile, alegre, dicharachero y gracioso como acostumbran ser los «paisas» del norte, pero muy dado a los resentimientos por extremadamente susceptible. Y sucedió que en esos días el Gobernador de la Provincia ofrecía un baile por cumplirse un aniversario más de la Independencia octubrina y la persona encargada de elaborar las listas, por involuntario descuido olvidó poner el nombre de Gómez, que no fue invitado. La noche de la fiesta éste se ocultó en las penumbras del portal de entrada del edificio y apuntó a los invitados en una libretita componiendo a continuación en uno de los salones del Club de la Unión y en junta con algunos amigotes, unos saladísimos versos que llamó «La Ensaladilla» y que arrojaron a la calle envueltos y amarrados a una piedra.

El primer cristiano que pasó, al ver esta piedra y papeles, los recogió y a poco circularon en gran profusión de copias causando asombro, indignación, risas y hasta lágrimas. Pero como todo se sabe, cuando la gente se enteró que el autor de esta trafasía era el colombiano Maravilla, no faltaron los que quisieron tomar venganza, pero el autor había fugado de la ciudad donde jamás volvió y al decir de algún crítico literario, hasta sin esperar la benevolente crítica de sus víctimas. Eran los tiempos en que las ofensas se lavaban con sangre y cualquier mal entendido hacía que  los caballeros se desafiaran a primera herida o a muerte, usando sables, espadas o pistolas, bajo las inflexibles reglas de algún Código anterior al del Marqués de Cabriñana.

Muchos de los afectados lo recordaron de por vida pues los remoquetes y chistes agrios que recibieron en La Ensaladilla les duraron hasta el fin de sus días. Por ejemplo, a las bellas y nobles señoras Ferruzola Paredes,  Gómez Maravilla las llamó  soberbias y algo más; y las acusó de pretensiosas, muy creídas de su prosapia y linaje, y así efectivamente eran porque descendían de Rosa Paredes Iturralde y Juan Barnó de Ferruzola, español de la Villa de Olot, en Cataluña, que vino a la Real Audiencia de Quito desde Luisiana, en 1797 como secretario del ilustrado Luis Francisco Héctor de Chislain y Bosoist, V Barón de Carón De Let, el más inteligente gobernante que tuvo la colonia, a decir de muchos autores.

Pero Barno de Ferruzola no fue famoso en la historia por haber ocupado tan alta posición política y social sino también por su magistral actuación durante la invasión del Almirante Guillermo Brown contra Guayaquil.

PIRATA A LA FUERZA, AUNQUE ERA PATRIOTA

Brown fue hijo de inmigrantes irlandeses a Estados Unidos y desde joven amó el mar. Huérfano a temprana edad, embarcó en una goleta mercante y surcó las aguas de los siete mares del mundo. En 1805, de veintiocho años de edad, fue apresado y conducido a Francia, escapó y viajó a Buenos Aires; allí adquirió la goleta »Industria», hizo fortuna en sucesivas travesías a Montevideo. En 1811 la Junta Revolucionaria le confirió el grado de Teniente Coronel utilizando sus servicios y experiencias. Brown dispersó a la armada española cerca de la isla de Martín García, rescató Montevideo del bloqueo naval, regresó a Buenos Aires, fue ascendido a Coronel y designado Comandante General de la Marina, recibiendo la orden de extender el ideal de la independencia a través de las costas del Pacífico.

El Virrey de Lima supo de su presencia, notificó a los puertos del peligro que corrían y lo calificó de pirata para despertar odiosidades en su contra. De esto nada sabíamos en Guayaquil, pero el 9 de febrero de 1816 en circunstancias en que José de Villamil comandaba la goleta «Alcance» en la desembocadura del Guayas, divisó a lo lejos dos corbetas, un bergantín y una goleta que componían la escuadra invasora y regresó al puerto a comunicar la alarmante nueva.

Brown comprendió que debía perseguir a Villamil, pero no logró capturarlo porque la goleta «Alcance» era velera, de muy buen andar y le llevaba distancia.

PRIMEROS FUEGOS EN PUNTA DE PIEDRA

Villamil llegó al Fortín de Punta de Piedra que estaba al mando del Sargento Canales y le ordenó que cruce fuego con Brown para demorarlo mientras mandaba una posta avisando del peligro al Gobernador Juan Vasco y Pascual; luego continuó su marcha al puerto. Brown, a poco, tomó el fortín y nuevamente emprendió la persecución, aunque había perdido un tiempo precioso que fue aprovechado por los nuestros para situar algunos cañones en el Malecón y formar al Batallón Real de Lima con cuarenta hombres armados donde hoy es la avenida Olmedo.

Los paisanos se armaron con el coronel Jacinto Bejarano y Lavayen y el Teniente Coronel José Carbo Unzueta a la cabeza, bajo el nombre de «Milicias Disciplinadas de Guayaquil”.

Al día siguiente 10 de febrero de 1816, a las diez de la mañana Brown se presentó con un bergantín y una goleta y le recibieron con cerradas descargas desde la orilla. Los primeros que le hicieron fuego fueron los oficiales del Fortín de las Cruces situado en los actuales terrenos de la Empresa Eléctrica, cuyo jefe Juan Barno de Ferruzola primeramente dejó pasar el Bergantín y cuando la Goleta intentaba hacer lo mismo, con una puntería finísima la destrozó de un solo tiro de cañón, impidiendo que el bergantín de Brown retrocediera, porque lo hubiera cañoneado con idénticos resultados.

Ferruzola fue el héroe de la defensa de Guayaquil de 1816, porque desde ese instante podía considerarse perdido el invasor. Brown era valiente hasta la temeridad y solo, sin la ayuda de sus otras naves continuó avanzando hasta situarse frente a la antigua aguardientería, conocida con el nombre de la Vieja Tahona, en Malecón y Avenida Olmedo, donde ordenó al práctico que maniobre para acercar el bergantín a tierra, a pesar que por la fuerte ventolina esta operación náutica encerraba el peligro de encallar, pues la marea estaba cambiando de llenante a vaciante.

MUCHACHOS: NO MANCHEIS LA VICTORIA

Efectivamente el bergantín encalló y se varó quedando expuesto al graneado tiro de los soldados del batallón de las Milicias que bien parapetados en esquinas y portales disparaban a discreción.

Bejarano y Carbo ordenaron el abordaje y los nuestros se lanzaron al agua con machetes en boca subiendo a la nave por todos lados. Manuel de Jado que era todo un hombre, viendo que los noveles milicianos del puerto estaban masacrando a los asustados argentinos, tomó una chata y subió en lo más difícil de la contienda gritando; «Muchachos: No manchéis nuestro triunfo, cuartel para los vencidos». Y allí acabó, la batalla.

DE OFICIAL A SECRETARIO

Ferruzola había sido en sus primeros años en Cataluña, Oficial de Real Cuerpo de Artilleros y por aquellos avatares del destino fue destinado primeramente a la plaza amurallada de La Habana, de donde partió con dirección a Nueva Orleans, siempre en servicio, conociendo en 1792 al Barón de Caron De Let, designado por Carlos IV, Gobernador de Luisiana y Florida Occidental.                     

Largos años de compañerismo militar unían a Ferruzola y a su jefe y cuando éste llegó en 1797 de Presidente de la Audiencia de Quito le acompañó como secretario y confidente. Tres años después Ferruzola pasó a Guayaquil y contrajo matrimonio con Rosita Paredes Iturralde, la mayor de las hijas del español José Antonio de Paredes y de la guayaquileña Mariana de Iturralde y Larrabeytia.

Sus buenos veinte años de diferencia llevaba Ferruzola a su cónyuge, pero en esos tranquilos tiempos coloniales solo importaba la condición social y económica de los contrayentes, pues el romanticismo fue inventado después; con todo, parece que fueron muy felices, porque con el correr de los años les nacieron trece hijos. Ferruzola también progresó materialmente y fue recompensado por sus sacrificios iniciales en la Luisiana con el cargo de Administrador de la Real Renta de Aguardientes en la Gobernación de Guayaquil, cargo pingüe desde todo punto de vista por los gruesos emolumentos que rendía. De allí se originó que las Ferruzola Paredes hayan sido tan soberbias, porque unían a la nobleza de sus progenitores, riqueza, distinción, belleza, elegancia y señorío.

LAS SOBERBIAS FERRUZOLAS

1) La mayor se llamó Teresa y casó con Manuel Moreno y Moran, tío de García Moreno. De este hogar procede la familia Baquerizo Moreno, únicos nietos de Teresa.

2) Luego viene Petra que casó con el General Juan de Dios Arauzo, militar comprometido en el golpe realista de 1821 y no tuvo hijos.

3) José, Manuela, Juan murieron solteros.

4) Rosa falleció muy niña.

5) Josefa casó dos veces. Primero con el Coronel Antonio Pío de Ponte y Ascanio, venezolano de nacimiento y pariente del Libertador Bolívar, que llegó a Guayaquil después de 1.822 y quedó tan impresionado de la belleza de Josefa que dicen que exclamó: «Aquí me quedo» y efectivamente ancló el destino de su vida y se casó en nuestro puerto,  figuró entre las fuerzas floreanos durante la revolución de los Chihuahuas y le correspondió apresar a Rocafuerte en la Isla Puná y traerlo a Guayaquil pero murió a poco y de tuberculosis, dejando familia. Su viuda contrae nuevas nupcias con el General Francisco Boloña y Roca, que llegó con el andar de los años a Gobernador del Guayas, y de quien también existen descendientes. Como cosa graciosa vale la pena contar que ya viuda Josefa Ferruzola tenía en la sala de su casa los retratos al óleo tamaño natural de sus dos esposos, mirándose el uno al otro. De Josefa Ferruzola bien se puede afirmar que solo ponía sus bellos ojos en militares, al revés de su hermana Carmen, la más famosa de todas, que solo se casaba con Cónsules y siempre que fueran ingleses, porque era muy exigente hasta en esto.

6) Carmen casó primero con Enrique Renckie, después con Francisco Mocatta y por fin con Horacio Cox ¿Qué cosas no? Este es un caso digno de Ripley porque en cuarenta años Su Majestad la Reina Victoria de Inglaterra estuvo aquí representada por tres cónsules diferentes, sucesivamente casados con la misma dama que era inteligente, bella, sin hijos, hablaba inglés a la perfección y hacía las veces de secretaria en las oficinas del consulado. Este raro caso creo que no volverá a repetirse.

7) Ana casó con José Franco y  Darquea, con hijos.

8) Dolores, cónyuge que fue de Juan Aguirre Abad, con hijos.

9) Francisco, casado con Manuela Benítes Marín, con sucesión.

LEGENDARIO ORIGEN DEL APELLIDO

Un descendiente de esta familia – Raúl Suarez Bquerizo –  escribió en cierta ocasión que los Ferruzola provienen de un noble caballero que vivía en el norte de Italia en tiempo de las cruzadas, dueño de una bien cimentada fortuna personal. Pero sucedió que este señor movido por su espíritu altruista y caritativo, miraba con ojos compasivos a los pobres soldados cristianos que en sucesivas oleadas pasaban con dirección a Jerusalén y queriendo beneficiarlos siquiera en algo, empezó a obsequiar cueros para la confección de zapatos y pedazos de metal para herraduras por lo que fue conocido con el nombre de Ferrumsuelum» que traducido al español dio en Ferruzola.

Esta versión es difícil de aceptar por legendaria; pero como nada se pierde conociéndola, ya la escribí y aquí queda como simple cuento, con lo que pongo punto final a esta Crónica que me ha salido soberbia, porque he tratado en ella de damas muy señoriales, por lo que fumo y toso contando también que el escudo familiar de los Ferruzola es Cortado y en la mitad superior una herradura, teniendo en la inferior un zapato puesto en punta. Ambos en color negro sobre fondo de oro.